¿Federalismo? No, gracias

Este filósofo reflexiona sobre la utilización del término federalismo, tanto por el PSOE como por Podemos o IU.

28/07/14 · 20:25
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De un tiempo a esta parte se oye mucho la palabra federalismo. No es que yo tenga nada contra ella. Antes de que la adoptara el PSOE la vengo oyendo en IU como propuesta política para su electorado. Clarifica su posición y eso incluso es una novedad sobre posiciones anteriores, estrictamente compartidas con la derecha post-franquista.

Pero ya me asusta oírsela en Podemos a Juan Carlos Mone­dero. No sólo porque es vacía y pudiera anticipar cambalaches finales a la hora de precisarla –desde luego en el caso del PSOE–. Es que Pode­mos supongo que ha surgido para dar la palabra a la gente, y en la gente hay mucha y rica discusión sobre los posibles contenidos y oportunidad de ese rumbo.

Desde una óptica vasca hay problemas específicos, porque le es muy difícil llegar a una posición común tanto federal como independentista, y no digamos unionista española. Se trata de siete provincias separadas por una frontera internacional, dos comunidades autónomas y divergencias sustanciales entre las tres provincias de Euskadi. Es preciso un proceso de construcción política que ETA bloqueaba, pues aumentaba las divergencias internas. Y habrá que ver a dónde lleva un proceso sin vanguardias, llevado por la gente. La injusta prisión de Otegi responde fundamentalmente al intento estatal de bloquear ese proceso, que Otegi inició y para el que resulta un líder nato: un acto más de violencia política, una barra más en la rueda de un posible –más bien necesario– proceso conjunto con España.

Precisamente la esperanza que, como vasco, tengo en Po­demos se debe a que ahora podría darse una situación análoga a la de 1975, cuando los que luchábamos por la libertad y la democracia contra Franco íbamos todos juntos. Esto era auténtica construcción nacional, como lo es ahora la enfática pretensión patriótica de Podemos. Todos juntos y diversos en el respeto mutuo. El tema de la independencia estaba ya ahí; pero había mimbres para discutirlo, como debería ser en todo caso, pues la autodeterminación ni es un derecho abstracto ni afecta sólo a quien se autodetermina. Y hay que hablarlo todos, no sólo las cúpulas políticas. Y se trata de procesos a los que hay que dar tiempo a base de ir dando juntos pasos concretos.

El enemigo interior

El primer precio de la Transición fue dejar sola a la punta de lanza contra el Régimen, que había estado en el País Vasco. No se puede hacer la vista gorda a lo que ha pasado desde entonces. Han quedado heridas profundas y no se puede tratar de comenzar de cero, como si nada hubiera ocurrido. Tampoco esta ingenuidad se la puede permitir Podemos. La guerra entre ETA y el Estado español la han perdido ambos. Digamos que ahora ‘los vascos’ sabemos que, pese a ser víctimas, somos ‘malos’. ‘Los españoles’ ¿ya se han dado cuenta?

‘Federalismo’ es una palabra tan abstracta y vacía como ‘de­mocracia’. Hablemos de dispersión y de ficheros especiales para los presos acusados –a menudo abusivamente– de etarras, del Tribunal de la Sangre del duque de Alba y del Tribunal de Orden Público como dignos antecedentes de la Audiencia Nacional, del recurso a la Guar­dia Civil como mano izquierda de la política y de la administración de ‘justicia’, y nos encontraremos con rasgos coloniales que cierran el ‘diálogo’. En ellos veo síntomas decisivos de lo que cabe esperar de un Estado que declara un enemigo interior entre sus –supuestamente– ciudadanos. Pero ¿es que resulta ya plausible este escudo para una democracia deleznable?

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comentarios

1

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    Lun, 08/11/2014 - 16:02
    Menuda empanada de articulo
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