Movimientos políticos tras las europeas

Las elecciones han trastocado el panorama político español.

, Historiador
05/07/14 · 8:00
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Centro Social Can Vies, en el inicio de la reconstrucción. / Víctor Serri (La Directa)

No diré nada nuevo al afirmar que los resultados electorales son un diagnóstico social, el único que admite sin reservas el sistema político español. De ahí que el inmovilismo que aqueja al régimen –que se ha ido acentuando conforme la crisis se agravaba– sólo se tambalee ante la proximidad de una nueva cita electoral. De ahí también que toda posibilidad de atisbar un nuevo escenario político se produzca después de unos comicios. 

Desde las europeas del 25 de mayo se han producido varios movimientos. Unos para contrarrestar la debilidad de un bipartidismo convaleciente, que no herido de muerte. Y otros para asentar la noción de que se acerca un nuevo equilibrio entre partidos. Vamos a ver los tres más interesantes.
 
I. La Corona es una de las instituciones más afectadas por la crisis. En unos tiempos donde se han incrementado notablemente los controles hacia trabajadores, parados o personas con derechos a ayudas sociales, la falta de transparencia de la monarquía en cuanto a actividades e ingresos ha jugado fatalmente en su contra. 
Que la abdicación se haya producido finalmente tras las elecciones parece revelar que ha sido el producto de una complicada negociación
Que la renuncia se haya producido finalmente tras las elecciones parece revelar que ha sido el producto de una complicada negociación: el cuestionado rey se negaba a ceder su corona. Lo que ha venido después ha estado dominado por el espíritu de la improvisación, como lo pone de manifiesto el afora­miento de Juan Car­los I, que ha roto momentáneamente el consenso entre los dos grandes partidos. Le queda a la monarquía de Fe­lipe VI una larga campaña de imagen, donde las referencias a la preparación de su titular, cuando se están exportando licenciados universitarios al extranjero, resultan ofensivas para el resto de la población. 
 
II. Con posterioridad a las elecciones han surgido fenómenos tan interesantes como las irrupciones de coaliciones locales de izquierda de cara a las municipales. Es el caso de Guanyem Barcelona, una plataforma que reivindica un carácter apartidista y que cuenta con el apoyo de los movimientos sociales. En otros sitios se está planificando, con mejor o peor fortuna, un proyecto similar. Antes de que Podemos arrasara en las europeas, las entidades y movimientos a la izquierda del PSOE eran, para medios y políticos, figuras anecdóticas que como mucho daban colorido a las ­tertu­lias. Después, han pasado a convertirse en un riesgo real, con serias aspiraciones. Cada palabra y cada gesto son diseccionados. Si antes bastaba con poseer un verbo florido y un discurso que conectara con las aspiraciones de la calle, hoy toca medir los términos y promesas, pro­curando no levantar agu­jeros ni herir sensibilidades. La sobreexposición mediática, que era una baza hasta ahora, junto a las agendas de cada partido, son los principales escollos que se presentan para las izquierdas electoralistas.
La sobreexposición mediática, que era una baza hasta ahora, junto a las agendas de cada partido, son los principales escollos que se presentan para las izquierdas electoralistas.
 
III. La lucha vecinal. El fracaso de la operación Can Vies, mérito absoluto del vecindario de Sants, ha llevado al Ministerio del Interior –uno de los que más tics nacional-católicos presenta– a acusar al anarquismo, cuando no asistimos a un repunte del movimiento libertario, sino a la explosión del hartazgo vecinal. Un enfado que no cuenta con referentes políticos ni sindicales a quienes las instituciones puedan dirigirse como interlocutores. Tampoco se pueden establecer términos medios para la negociación: las movilizaciones sólo finalizan cuando se aceptan sus reivindicaciones.  

Con gran capacidad de contagio e influencia, la lucha vecinal es una de las principales amenazas para el sistema, pues puede poner a un barrio en pie de guerra cohesionándolo mediante demandas comunes. Es además uno de los principales focos de resistencia a la ­dictadura de las grandes corporaciones sobre las ciudades.

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