¿Es colapso el silencio?

El Proceso Catalán es, primero, un movimiento ciudadano rupturista, forma­liza­do en 2009 a través de la con­vocatoria de múltiples refe­réndums municipales en Cata­lunya. Y también es, snif, segundo, la apropiación de ese movimiento por el Govern de la Generalitat. Desde que se lo apropió, la cosa ha adquirido una coreografía muy complicada. En ese sentido, cuando lo miras sucede un poco como cuando miras a Pamela Ander­son, ese otro mamífero que ha abusado del barroquismo: cues­ta, en fin, creer que Pa­mela Anderson esté ahí dentro.

, Periodista
11/03/14 · 18:56
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El Proceso Catalán es, primero, un movimiento ciudadano rupturista, forma­liza­do en 2009 a través de la con­vocatoria de múltiples refe­réndums municipales en Cata­lunya. Y también es, snif, segundo, la apropiación de ese movimiento por el Govern de la Generalitat. Desde que se lo apropió, la cosa ha adquirido una coreografía muy complicada. En ese sentido, cuando lo miras sucede un poco como cuando miras a Pamela Ander­son, ese otro mamífero que ha abusado del barroquismo: cues­ta, en fin, creer que Pa­mela Anderson esté ahí dentro. Si miráramos, no obstante, el Procés con gafas de rayos X –o a Pamela, con gafas XL– veríamos algo más sencillo y menos mixed emotions de lo que aparentaba en su superficie. Vería­mos a alguien que está suplicando por un pacto desesperadamente. Hablo del Govern, no de Pamela. Humm. Bueno, Pa­mela quizás también, como todo el mundo.

Todas las emisiones del Go­vern –y su jabibi ERC– están orientadas a que, por el amor de Dios, se pacte algo. En todos los escritos oficiales, por ejemplo, se evita el palabro independencia, y se veta que los objetos escritos más programáticos adquieran rango de ley, es decir, de cacharro sensible de que vengan los del Tribunal Constitucional y te pongan una cabeza de caballo –de picador– en la cama. La pregunta del –sumamente– hipotético referéndum –denostada por los chicos y chicas de Quebec, que llevan años depurando la figura de un referéndum independentista justo–, no es un objeto que pueda merecer respeto internacional, por lo que cabe deducir que su función es local: esa pregunta existe para pactarla por cualquier otra, a cambio de que exista un referéndum y el Govern salga del atolladero. Atolladero: el Govern sólo tiene dos actividades, hablar del referéndum y construir la contrarreforma democrática, que es lo que hay, sin tener que hablar mucho de ella. En lo que es una bella imagen del concepto me-estoy-pactando-encima, recientemente Mas ha pedido al Gobierno central que le remita una propuesta de Esta­do. Es decir, que se pacte, incluso, su significado. Un Estado, en un país en el que se ha legislado que los guardias jurados son Estado, puede ser, incluso, un kilo de patatas. Y Mas lo aceptaría.
 

El colapso del Gobierno

El Govern ha hecho sus deberes. Y los ha hecho muy bien. Ha recogido la demanda de un movimiento ciudadano, lo ha paralizado, lo ha reformulado y lo ha rediseñado de manera que, esta mañana a primera hora, no lo reconoce ni su madre. Ha librado al Régimen del 78 de una amenaza ciudadana, consistente en ampliar la democracia directa, ese objeto que es el único que puede acabar con el Régimen del 78. Y lo único que pide a cambio es un pacto. Que se pacte una pregunta, una fecha, un resultado. Que se pacte, en las alturas, algo a lo que luego ya pondrán nombre, éxito, épica. El Go­vern es fiel, al extremo, por tanto, con la cultura y el funcionamiento del Régimen. Le está salvando la vida, lo está prolongando, al menos, en Catalunya. Y, en contrapartida, quiere lo de siempre. La pregunta es, entonces, ¿por qué no lo obtiene? 
¿Por qué la otra parte, que en los últimos 35 años siempre se prestaba al juego, no quiere jugar? Porque, en efecto, el Gobierno de Rajoy no emite respuesta. De hecho, no emite. A secas. Sería interesante saber cuál es la razón del silencio absoluto del PP ante este y cualquier otro tema. ¿Está colapsado? ¿Carece de discurso? ¿Es incapaz de reconocer a la Cultura de la Transición (CT) en cuanto se viste de la Anderson? Cualquiera de esas posibilidades indicaría que el Gobierno, el PP, ya no juega en la CT. Habría dado un paso hacia otro modo, aún más autoritario, de gestionar los conflictos.
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