Los liderazgos en América Latina

Parte de las apuestas políticas y candidaturas de 'ruptura' con el bipartidismo apuestan hoy por modelos nucleados en torno a liderazgos carismáticos: Equo con I. Sabanés, Podemos con P. Iglesias, Procés Constituent con T. Forcades y A. Olive­res... ¿Se asienta así una forma de hacer política ‘tradicional’, cuá­les son los límites, la valencia, el potencial para alterar los campos políticos del liderazgo fuerte?

Texto Inés Nercesian. Doctora en Ciencias Sociales, docente UBA, investigadora de CONICET (Argentina)

10/03/14 · 1:15

Defendidos por algunos y cuestionados por otros, los liderazgos políticos han sido siempre objeto de debate. Si se mira la historia de América Latina en trazos gruesos, hay algo que resulta innegable: muchos de los grandes momentos históricos estuvieron protagonizados por líderes importantes. Lázaro Cárdenas en México, Getúlio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina son un claro ejemplo en la saga de los populismos de los '40. Cárdenas (1934-1940) sintetizó un ciclo de transformaciones que se había iniciado con la revolución de 1910. Él, no hizo cualquier reforma agraria. Repartió más y mejor; distribuyó las tierras por comunidades valorizando la propiedad colectiva por sobre la individual. Nacionalizó recursos como el petróleo, PEMEX, todavía hoy en manos del Estado.

Vargas (1930-1945/1951-1954) fue el hombre de la revolución de 1930 que terminó con la República Velha brasileña. Durante su gobierno se ampliaron derechos para los trabajadores y se dio impulso a la soberanía económica, se nacionalizó la petrolera PETROBRAS, entre otras empresas. Se ampliaron derechos para los trabajadores y se dio impulso a la soberanía económica, y se ensanchó la ciudadanía política, al aprobarse el sufragio femenino y el voto secreto Se ensanchó la ciudadanía política, al aprobarse el sufragio femenino y el voto secreto. Con el gobierno de Perón (1946-1955) se ampliaron derechos para el trabajador urbano y rural, y se nacionalizaron empresas en las áreas de servicios públicos y fuentes de energía. Empezaron a votar las mujeres y los habitantes de los territorios nacionales. Vargas, con trágico final, y Perón, mediante un franco golpe de Estado, fueron destituidos. Cárdenas terminó su gobierno sin dejar un sucesor y el partido tomó un nuevo giro en sentido más conservador. Con todo, en los tres casos esos derechos sociales y políticos adquiridos no pudieron volverse atrás.

Durante los '60, luego de la Revolución Cubana, la política tomó un nuevo dinamismo. Hubo organizaciones revolucionarias que intentaron cambiar el estado de cosas pero también experiencias políticas que aun sin optar por las armas impulsaron proyectos de transformación. João Goulart (1961-1964), un viejo cuadro del varguismo brasileño, intentó poner en marcha una reforma agraria y otorgar el derecho al voto para los analfabetos, entre otras medidas económicas importantes para la soberanía nacional. Pero fue destituido por un golpe de Estado en 1964. En Perú el militar Velasco Alvarado (1968-1975), hizo una reforma agraria que transformó el país. Recién entonces pudo hablarse de una democracia plena, porque el clientelismo y el fraude que existía en las haciendas del campo impedían todo ejercicio democrático. Con Alvarado se nacionalizaron empresas como el petróleo, la minería, el hierro y la siderúrgica.

En Bolivia, retomando un legado histórico que provenía del nacionalismo y de la Revolución de 1952, el militar Juan José Torres (1970-1971) puso en marcha políticas como la nacionalización del petróleo y la minería y la creación del Banco de Estado. Durante su gobierno, tuvo lugar la asamblea popular liderada por sectores de izquierda y parte del movimiento obrero que si bien marcaba diferencias con el gobierno funcionó en diálogo con él. Eran los años de la doctrina de la seguridad nacional y la instauración del cerco represivo que forjó un modelo económico neoliberal Salvador Allende en Chile fue también un líder relevante. Aun en un país donde predominaron los partidos por sobre los liderazgos, Allende se convirtió en un hombre clave en el proceso de unidad de la izquierda ya desde los tempranos '50. De hecho, antes de llegar al gobierno en 1970, el líder socialista se había medido en tres elecciones anteriores, siempre representando el espacio de la izquierda. Goulart, Alvarado, Torres y Allende fueron destituidos por sendos golpes de Estado. Eran los años de la doctrina de la seguridad nacional y la instauración del cerco represivo que forjó, más tarde o más temprano, un modelo económico neoliberal.

A partir de 1999, con la llegada de Hugo Chávez Frías al gobierno de Venezuela se abrió un nuevo ciclo en América Latina. El neoliberalismo comenzó a entrar en crisis y muchos líderes políticos se colocaron en el centro de la escena. A su tiempo y a su modo, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador fueron avanzando en políticas económicas y sociales que horadaron la arquitectura del orden neoliberal. Se ampliaron derechos y el Estado se robusteció poniéndose en el centro de la política y economía. En la medida en que la correlación de fuerzas lo permitió, y gracias al acompañamiento de movimientos sociales y políticos, estos gobiernos configuraron con mayor o menor éxito un nuevo bloque de poder En la medida en que la correlación de fuerzas lo permitió, y gracias al acompañamiento de movimientos sociales y políticos, estos gobiernos configuraron con mayor o menor éxito un nuevo bloque de poder. En Venezuela, Bolivia y Ecuador, incluso, se consagraron nuevas constituciones que cristalizaron estas transformaciones. El debate por los liderazgos ha ocupado un lugar central en las ciencias sociales y la política. Y está muy bien que así sea. Pero también interesa poner el foco en la potencia de estos liderazgos a la hora de poner en marcha procesos de transformación.

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comentarios

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    Sáb, 05/10/2014 - 20:28
    Ines, ciertamente en América Latina parece que padecemos del "lideralismo" o "caudillismo", parece que necesitamos un líder (Wells 1984, tremenda película) y no es que sea malo es que a veces y bajo muy determinadas circunstancias es totalmente necesario. Solo que un lider debe ser positivo y no se debe dedicar a insultar, dividir, odiar, expropiar, etc. Aunque no conozco la historia de Europa, probablemente lo que le dio origen, bajo la fuerza, a los estados-naciones fue un líder llamado Rey que en nuestros tiempos se han transformado en representantes de la "nación". Por lo tanto, los líderes latinoamericanos se ven obligados a buscar su origen mesíanico y es ahí en donde veo el fallo. Cuando un líder habla de "lucha de clases", acabar con la oligarquia, poder popular, libertad del proletariado, cae en populismos, genera odio, produce divisiones. Lideres positivos es lo que necesitamos, sumar, unir, llegar al entendimiento que no significa claudicar ni arreglarse los bigotes. Siempre habrán extremos, pero de esos, en la historia, ya tenemos muchos. 
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