Periodismo: no vale con existir

El debate sobre el periodismo no es un debate entre periodistas. Si los que trabajamos con la información somos los únicos implicados e interesados en la defensa de las normas éticas y metodológicas del periodismo como servicio público, estaremos cada vez más arrinconados y forzados: o la autoprecarización o el poder.

, Cofundador de eldiario.es y Periodismo Humano
27/01/14 · 8:00
Edición impresa

El debate sobre el periodismo no es un debate entre periodistas. Si los que trabajamos con la información somos los únicos implicados e interesados en la defensa de las normas éticas y metodológicas del periodismo como servicio público, estaremos cada vez más arrinconados y forzados: o la autoprecarización o el poder.

Y ni la autoprecarización puede ser reivindicada como única fórmula para crear hegemonía –un mundo periodístico de héroes aguerridos, no, por favor– ni Internet en sí misma es una salvación de los ancestrales vicios del poder.
 
La información de servicio público es también un bien común, no ­importa quién lo gestione o administre. Y en la protección de ese bien tienen que estar implicada la sociedad y sus movimientos políticos o sociales. Pero no para reclamar que siempre le den la razón: el único periodismo del que te puedes fiar es el que de vez en cuando te dice algo que no quieres oír.
 
Nuestro trabajo está en plena redefinición: gracias a la redes, a la desmonopolización de la palabra, a la mayor accesibilidad de los medios digitales necesarios para ejercer la libertad de expresión, es mucho más factible un periodismo desde la sociedad civil que se desarrolle y se proteja en comunidades. Y las comunidades son complejas. Como ­dice DIAGONAL en su definición, se trata de “unir agendas” con esa comunidad, acompañarla en su viaje, pero siempre sabiendo que “la mejor manera de contribuir a ellos es ofrecer un periodismo riguroso y veraz”, con la concepción de éste que queramos pero desde un principio inquebrantable: hay que servir a la gente con la que se comparten unos valores o una comunidad, no al poder que los pone en práctica o la dinamiza; incluso aunque sea un ­poder con el que nos sintamos identificados.
 
En los últimos años han surgido varios proyectos que, eso nos gusta pensar, representan una depuración crítica del periodismo. He participado en la fundación y coordinación de dos –Periodismo Huma­no y eldiario.es– y conocemos otras propuestas además de Diagonal –La Directa, Cuarto Poder, La Marea, Materia Ciencia, InfoLibre, radios libres, televisiones online...–, cada una con sus características. Estos medios tienen siempre el mismo ‘problema’: quieren crear hegemonía, generar agenda e influencia; no se trata de páginas que busquen ser simplemente consumidas sino que pretenden crear un marco interpretativo, aportar valor, explicar la vida. Forma parte de lo mejor de la vocación periodística. Y es un problema porque para eso no basta con cuadrar las cuentas: ser sostenible no es lo mismo que ser influyente y un medio crítico, casi por definición, quiere serlo. 

Profesionalización

¿Y cómo competir con la hegemonía cultural de los grandes medios y sus recursos? La organización, la estructura, la profesionalización es imprescindible y para conseguirlas no parece factible hoy otro instrumento que no sea la financiación. Sin personas que puedan dedicar muchas horas del día a contrastar, jerarquizar, remezclar, investigar, escribir, capturar lo que sucede en una comunidad o en la sociedad, pretender que las cotas de rigor o calidad del periodismo que podamos ejercer sean las mismas que las que potencialmente tiene un medio tradicional es un brindis al sol y una presión injusta para quienes participan en esos proyectos. La consecuencia puede ser –aparte de una vida en precario dedicada al trabajo productivo e incompatible con la vida, con los cuidados, con la retaguardia, con la conciliación– que las publicaciones y las comunidades se vayan enrocando y solidificando, ensimismadas entre ellas y cada vez más lejos de su capacidad de influencia.
 
Hay que encontrar la manera de que el periodismo crítico y autocrítico no sea un reducto moral sino una referencia compleja. Entre los compañeros que dedicamos horas a sacar adelante esos proyectos sustentados sobre comunidades, aunque son muy diferentes entre sí, toda esta teoría está clara. Sólo necesitamos que más gente, más capas de la sociedad, nos ayuden a ponerla en práctica. Es nuestra responsabilidad convencerles y es su responsabilidad ser conscientes de que el mundo de la relación pasiva entre ciudadanos y periodistas ha terminado.
 
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

1

  • | |
    Jue, 01/30/2014 - 12:54
    Muy buen planteamiento, que ofrece un nuevo elemento: el de detectar a otros actores que tienen que ver en este debate, y no solo a los y las periodistas. El nuevo actor que mencionas es la audiencia, la gente. Comparto tu idea: este no es un debate solo entre periodistas. Creemos que una de las funciones de los medios es ejercer influencia, y eso por mucho que lo intenten, no se puede forzar, porque pertenece al área de decisión de la gente, de los seres humanos, lectora, lector, audiencia. Esto tendría que ser parte del debate: ¿queremos forzar las decisiones de la gente? Por mucho que lo intenten no se puede. Como ya mencioné en otro comentario (artículo de June Fernández, sobre el mismo tema, aquí). La audiencia, la gente, ha sido (hemos sido) educadas para atender a un cierto sistema cultural periodístico que incluye a muchos actores, además de los antes mencionados, también están las agencias de publicidad y su propio hacer, los clientes de estos (que han creído que número de ejemplares equivale a número de potenciales compradores), entre otros. Esa gente tiene que entrar al debate también. Y sí creo que el periodismo está en crisis, en su apartado de noticiabilidad o criterios noticiosos para seleccionar lo que es importante, desde hace años y ahora con la desmonopolización de los "porteros de la información" (gatekeepers) se revela todavía más.
  • Tienda El Salto