¿Periodistas críticos?

Parece evidente –por lo menos en el tipo de sociedad en que vivimos– que para cambiar el actual estado de las cosas, es decir, para resistir con cierta efectividad la ofensiva neoliberal y neoconservadora, necesitamos medios de comunicación propios. Medios desde los que contrarrestar la cotidiana sesión de hipnosis colectiva de los medios estrechamente ligados al poder eco­nó­­mico/político. La misma que hace que millones de personas repitan como monos sus mensajes.

, Escritor y periodista
10/01/14 · 8:00
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Parece evidente –por lo menos en el tipo de sociedad en que vivimos– que para cambiar el actual estado de las cosas, es decir, para resistir con cierta efectividad la ofensiva neoliberal y neoconservadora, necesitamos medios de comunicación propios. Medios desde los que contrarrestar la cotidiana sesión de hipnosis colectiva de los medios estrechamente ligados al poder eco­nó­­mico/político. La misma que hace que millones de personas repitan como monos sus mensajes.

Quienes nos aprestamos a resistir de un modo u otro los desafueros de los poderosos, tampoco estamos por la labor de sustituir sus letanías inducidas por otras. Nuestro objetivo es activar personas críticas para romper el hechizo: “Uno, dos, tres, ahora usted despertará y hará la revolución”. Por eso, necesitamos medios de comunicación críticos con el poder. Pero, ¿es posible en la actual tesitura crear medios críticos estables? O dicho de una manera más cruda, ¿de qué van a vivir los periodistas de esos medios? Porque los periodistas críticos tendrán que vivir de algo… digo yo.

No parece que los promotores y anunciantes: instituciones, empresarios, financieros… estén por la labor de fomentar medios críticos. En cuanto a los ‘usuarios’… es difícil convencer a alguien para comprar información cuando se las ve y se las desea para llegar a fin de mes. Entonces, ¿es posible crear medios estables sin profesionales pagados, aunque sea mal pagados? Desde luego, la idea de los medios de comunicación alternativos se basa en el ‘voluntariado’ a veces combinado con algo de trabajo ‘liberado’. Pero, si bien han logrado cierta repercusión en momentos concretos, estos medios no han conseguido –por lo menos hasta ahora– superar ciertos límites, francamente modestos, en cuanto influencia política sobre las ‘mayorías’ sociales no concienciadas.

Ahora bien, no podemos olvidar que el mundo de los medios de comunicación está sufriendo grandes cambios. Es evidente que los viejos formatos pierden fuelle, mientras que sus sustitutos, sobre todo los ligados a internet, no acaban de consolidarse. En todo caso, ni la digitalización, ni la distribución a través de internet resuelven nuestra pregunta, ahora formulada así: ¿son viables los medios críticos estables, en formato digital? La aparición de medios de este tipo es aún demasiado reciente como para contestarla con seguridad. Por otra parte, la idea entusiasta de democracia digital, basada en la horizontalidad de las redes sociales, no acaba tampoco de hacerse realidad, pues las redes sociales –salvo casos puntuales que no debemos despreciar– terminan reproduciendo los mensajes que lanzan los grandes grupos de comunicación.

En cuanto a la tan cacareada crisis de algunos grandes medios, no debemos olvidar que la prensa –y también la TV– ha sido desde siempre un mal negocio, que sólo los suficientemente ricos como para perder dinero y ganar así influencia política pueden permitirse. Sin embargo, es innegable que han existido y existen medios críticos, que han perdurado y perduran en el tiempo con notable influencia social. ¿Cómo lo logran? No hay una receta mágica, pero yo destacaría que, normalmente, son medios ligados a comunidades altamente articuladas. Lo mismo los periódicos obreros del siglo pasado, que los ligados a comunidades nacionales en lucha, o a movimientos sociales emergentes… Tienen una visión global y propia de las cosas –su propia manera de ver el mundo– pero sus raíces y su fuerza están en lo local, en la comunidad de usuarios y periodistas en lucha.

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