Un intérprete para Mandela en el circo

Dicen que el intérprete del lenguaje para sordos del funeral de Nelson Mandela era un falso intérprete, que no sabía interpretar lo que se decía en ese estadio anegado por la lluvia; dicen, él mismo lo dijo luego, que tuvo un brote esquizoide. Mentira, aunque él ya no se acuerde –eso es lo de menos, como es igual que haya estado implicado en dos asesinatos, pues ¿quién no es un asesino en los tiempos que corren?– aunque no lo recuerde fue un magnífico intérprete/payaso para una magnífica función de circo universal.

, Filólogo, ensayista crítico, poeta y narrador
24/12/13 · 8:00

Dicen que el intérprete del lenguaje para sordos del funeral de Nelson Mandela era un falso intérprete, que no sabía interpretar lo que se decía en ese estadio anegado por la lluvia; dicen, él mismo lo dijo luego, que tuvo un brote esquizoide. Mentira, aunque él ya no se acuerde –eso es lo de menos, como es igual que haya estado implicado en dos asesinatos, pues ¿quién no es un asesino en los tiempos que corren?– aunque no lo recuerde fue un magnífico intérprete/payaso para una magnífica función de circo universal.

En realidad, fue el único que entendió aquella función en el famoso Soccer City de Johannesburgo; el único que tomó el pulso a aquel espectáculo tan grotesco y triste, como sólo puede serlo el circo para algunos niños –extraños y melancólicos–, sin saberlo. En realidad, fue el único que supo traducir fielmente, y aclararle, de paso, a Madiba, todo aquel escarnio y sinsentido: los cantos y los bailes zumbones del pueblo; aquel montón de criminales y corruptos ladrones de Estado saludándose, haciéndose carantoñas y fotografías, y riendo las gracias de los pobres empapados, que cantaban y bailaban por su héroe/santo muerto, maldiciéndolos en secreto –sin saberlo tampoco–.

Yo lo entendí todo, de hecho, sólo entendía lo que se decía cuando lo miraba a él interpretando lo que allí pasaba y se decía… Sólo al mirarle a él comprendía de verdad la lluvia que caía, como si el cielo quisiese anegar y limpiar toda la porquería amontonada en las gradas y tribunas de ese estadio; y las encantadoras risotadas de Obama ligando con la presidenta de Dinamarca –ante el gesto taciturno y de pocos amigos de su esposa, todo hay que decirlo–; o la sádica satisfacción de Obiang por verse agasajado y admitido en el star system universal de criminales y de ladrones de Estado. O la alegría de Rajoy tan contento porque allí mismo 'la roja' ganó el mundial, pero un poco molesto porque no repitieron la jugada del gol de Iniesta en su honor. Sólo mirando a ese falso intérprete –que dicen ahora que era falso, pero que algunos entendimos perfectamente– comprendí la presencia de Zuma presidiendo entre abucheos y silbidos ese triste circo; o el beso de Winnie y Graça Machel, las viudas del héroe/santo, cuya muerte y desaparición, al fin, festejaban.

Pero sólo mirando a ese falso/verdadero intérprete comprendí el auténtico significado de la vida y de la obra de Madiba. Aquel tipo, con su reluciente acreditación y su traje impecable –de asesino, dicen ahora–, se lo estaba explicando a él, al propio Mandela –por eso miraba al cielo de vez en cuando–; porque, cuando parecía inventarse los signos, el falso/verdadero intérprete estaba hablando, en realidad, con el propio Mandela, que con paciencia de santo/héroe los miraba a todos desde la gloria, haciendo lo que mejor sabía hacer, contemporizar.

Y es que el falso/verdadero intérprete estaba usando los signos del cielo, no los de la tierra; y los que supimos verlo escuchamos atónitos aquello que le estaba diciendo:
"Mira, padre Madiba; mira a esta jauría que ha venido a aprovecharse de ti por última vez. Tú, padre Madiba, tú lo sabes bien, ya no te puedes engañar, ellos son la demostración definitiva y palpable constatación de tu derrota.
Padre Madiba, tú lo sabes bien, ya no te puedes engañar, ellos son la demostración definitiva y la palpable constatación de tu derrota
La demostración de que, en realidad, te vencieron y te doblegaron en Robben Island, aunque les hicieses creer que no… Mira, padre Madiba, ellos creen, los pobres que se están empapando al descubierto, mientras estos otros, tan cómodamente resguardados de las inclemencias del tiempo y de la vida, charlan tan campantes y se ríen de todos, y se lo pasan pipa a nuestra costa, como siempre…

Ellos creen, los pobres de siempre, que tú los venciste, pero tú, padre Madiba, sabes que no, que ellos te vencieron y doblaron tu espíritu… Los dos sabemos que nada o muy poco ha cambiado, que unos siguen a la intemperie y otros viven a resguardo; los dos sabemos que lo único que ha cambiado es que, de vez en cuando, podemos pasear por sus calles; que podemos mirar sus escaparates; y que algunos de nosotros nos hemos convertido en ellos, que nos hemos hecho tan blancos como ellos... Madiba, yo lo comprendo, algunos comprendemos perfectamente tu cansancio, porque es el nuestro; comprendemos que transigieses, que apalabrases la reconciliación y el perdón, y que quisieses disfrutar de la vida un poco antes de morir… Es bueno el respeto y la fama, ¿verdad?; yo mismo me he rendido a sus pies… Yo también estoy saliendo en la tele y me haré famoso y seré respetado por unos pocos que sí me entenderán, y eso me basta; eso te bastó a ti también. Tú, padre Madiba, sabías que un hombre solo no puede hacerlo, por muy héroe/santo que sea, que si quieren ser libres de verdad tendrán que arrebatársela, su libertad, a estos que ríen y charlan y se hacen fotos a tu costa…

Tú sabías que si queremos ser libres de verdad tendremos que ponernos a ello nosotros por nosotros mismos, sin padres/héroes/santos, sin excusas, sin miedo a tomar lo que es nuestro por derecho; tú sabías todo esto, pero no nos lo dijiste porque estabas cansado y porque veintisiete años son muchos años y querías vivir un poco antes de morir. No te lo reprocho, querido Madiba; ya nos avisaste de que no eras un santo y no te escuchamos, no comprendimos lo que nos querías decir al recordárnoslo tantas veces; ahora, viendo a toda esta jauría, aprovechándose de ti, ya lo sabemos…"

Y dicho esto, se calló; en realidad, comenzó, esta vez sí, a jugar con sus manos y con sus brazos al tuntún, ya le daba igual todo lo que allí se dijese. Y a mí también, pues inmediatamente apagué el televisor y me puse a pensar en todo aquello que el falso/verdadero intérprete le había dicho a Madiba.

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