Oportunidades para la efervescencia

El modelo autonómico del “café para todos”, marco territorial del régimen del 78, parece definitivamente agotado. Lo que la lucha armada no pudo invalidar lo está apuntillando la movilización social por la independencia de Catalunya. Así, desde el establishment ya se habla claramente de reforma constitucional. Los escenarios que se abren ¿van a frenar la imposición de las políticas neoliberales?, ¿cómo van a impactar en los intereses y necesidades de las clases medias y bajas?, ¿qué impactos tendrían en el resto de la península y en Europa? Abrimos el debate.

, Es activista, hoy en movimientos antirrepresivos y de lucha por la memoria
15/10/13 · 18:06
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Reivindicar la secesión del Estado español no es, en sí mismo, un objetivo ‘de izquierdas’. Ni es tampoco revolucionario el amplísimo movimiento popular que promueve esta opción. Y ciertamente --faltaría--, la burguesía catalana y las élites del país piensan sacar la máxima tajada posible de todo el embrollo. Resumien­do: nos encontramos ante todas las contradicciones que como militantes nos afligen desde hace décadas, obligados a bregar día sí y otro también con luchas de fuerte componente ciudadanista, reformista, interclasista; luchas de objetivos limitados, que sólo con un gran esfuerzo --de imaginación sobre todo-- nos harían dar un pasito más en el camino de la lucha anticapitalista.

Por supuesto que ha habido y hay planteamientos de clase, de subversión radical del sistema en el ecologismo, el feminismo, el antimilitarismo, el antifascismo y unos cuantos neo-ismos más. Pero seamos sinceros: no han sido, ni son, los que han triunfado. Es probable que en Cata­luña acabe pasando lo mismo y que un capitalismo transnacional con gestión catalana se imponga al final del proceso. O que lo haga el español. Y que en el posible nuevo Es­tado, no haya una transformación social de calado, con redistribución de las riquezas, transformación del modelo de participación política, etc., como no la habrá en el viejo.

Es probable que en
Cata­luña acabe pasando lo mismo y que un capitalismo transnacional con gestión catalana se imponga al final del proceso. O que lo haga el español

Y, sin embargo, fiel al lema gramsciano del “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”, creo que estamos ante un ‘algo’ que brinda muchas oportunidades de cambios, y de cambios radicales. Vaya por delante que no puede obviarse su naturaleza de demanda masiva de un derecho: la autodeterminación. Quien niegue su existencia deberá utilizar los mismos argumentos de quienes niegan el derecho a casarse a personas del mismo sexo, o a la libertad religiosa.

Además, el escenario que propicia es de crisis de un Estado continuista con el régimen franquista, en sus instituciones y marco legal, así como en la cultura política de sus élites. De rebote suscita preguntas sobre la Unión Europea entre una ciudadanía que hasta ahora se había acomodado sin problemas al cuento de hadas del continente sin fronteras. Y estimula el destape de la derecha neonazi, de nuevo utilizada como perro guardián contra disidencias y diferencias. Estamos ante un ‘algo’ que produce fenómenos como la ANC [Asamblea Nacional de Catalunya] o las consultas autogestionadas, expresiones
limitadas pero reales y masivas de ­entrenamiento a la democracia participativa. Y, detalle políticamente irrelevante pero sociológicamente significativo, está decantando hacia la ­izquierda los votos de la mayoría --de los que votan--.

Pero hay bastante más: por primera vez en muchos años, propuestas de articulación del poder popular salen de guetos y laboratorios para confrontarse con una amplia realidad social. Procés Constituent, Parla­ments ciutadans, CUP, iniciativas municipalistas, sacan a la palestra del debate público contenidos de una agenda política radicalmente alternativa: en lo político, lo económico, lo social, lo ambiental. Y todo ello al lado o acompañando mareas por la sanidad y la educación --en Baleares se está demostrando la fuerza que puede liberar la confluencia de planteamientos sociales y anticentralistas--, luchas en defensa de derechos que vuelven a peligrar --como el aborto-- o reivindicaciones como la creación de bancos públicos, la Renta Mínima Universal, la auditoría de la deuda; o bien movimientos de solidaridad con las migrantes, de oposición a las infraestructuras, etc. Una efervescencia social plural, magmática, con experiencias como la de la PAH. Ésta es la realidad de la sociedad catalana hoy, no la de un pueblo aletargado en un ensueño nacionalista.

Y es lógico que así sea, sólo un injustificado desprecio elitista nos podría hacer pensar que los cientos de miles de personas que se movilizan por el derecho a decidir confían ciegamente su futuro en manos de unos políticos títeres de los mercados. Es un proceso, cargado de tensiones y surcado por conflictos transversales, en el que el modelo de nuevo país está todo por discutir, imaginar y construir. No hay garantías sobre lo que pasará. Nunca las hay. Como en toda lucha, dependerá también de los aciertos y las fuerzas que se movilicen para contrastar las estrategias de dominio, y hacer que este proceso sirva para abrir grietas –aquí, en España y en Europa– en la lápida neoliberal que nos aplasta.

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comentarios

1

  • |
    Fenix
    |
    Mar, 10/15/2013 - 18:59
    Buenas! Soy catalán, y creo que hay un problema importante que no quiere verse y es que no se llegará a ningún cambio real de la mano de CiU. Desde mi punto de vista, fue un error unir la "Encerclem la Caixa" a la "Via Catalana", una pide una independencia desde el punto de vista social, y la otra simplemente quiere un nuevo estado. A día de hoy, Cataluña, digan lo que digan no es mayoritariamente de izquierdas, y muchas izquierdas catalanas no quieren un cambio de sistema, ¿dónde están sus críticas al capitalismo y su alternativa? Las dan PSC o ICV? Sólo CUP explica un sistema alternativo, y las CUP a día de hoy no son mayoritarias ni tienen la simpatía de la mayoría de la sociedad catalana. Se puede ver con el siguiente ejemplo; VIA Catalana 400.000 personas, como mínimo apuntadas, cualquier manifestación a favor de los derechos sociales, no llega ni a una cuarta parte. Mientras no haya una base mayoritaria que pida un cambio social real, la independencia no aportará nada muy diferente a lo actual. Es mi punto de vista, y no es ninguna crítica a todo lo que están haciendo las verdaderas izquierdas catalanas, los cuales están luchando como David contra Goliat
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