Desobedecer la deuda

Partimos de la idea de que es necesario un análisis feminista para desobedecer la trampa de la deuda y cómo hemos entrado en ella de forma cómplice. Esto supone dos cosas: sacar a la luz ámbitos invisibilizados donde se resuelve la vida ante la ‘crisis’ y abordar los aspectos materiales –macro– y subjetivos –micro– que conforman la deuda.

, Grupo del 15M de Madrid
09/09/13 · 8:09
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Isa

Partimos de la idea de que es necesario un análisis feminista para desobedecer la trampa de la deuda y cómo hemos entrado en ella de forma cómplice. Esto supone dos cosas: sacar a la luz ámbitos invisibilizados donde se resuelve la vida ante la ‘crisis’ y abordar los aspectos materiales –macro– y subjetivos –micro– que conforman la deuda.

Podemos empezar a analizar la trampa de la deuda desde las dimensiones monetarias de la economía: el Estado responde a la quiebra de los mercados readaptándose para protegerlos. Se asumen sus deudas y activan políticas de austeridad y recorte. La actividad económica ‘real’ cae; bajan sueldos, se consume menos y se pagan menos impuestos. Para seguir pagando, el Estado necesita pedir prestado, pero, para que le presten, debe dar muestras de buena voluntad –recortando– o pagar un alto precio –altos tipos de interés–. Mientras se recortan presupuestos sociales y salarios, los flujos de capital se acumulan en las manos de los acreedores privados, animando la financiarización de la economía.

Sin embargo, esta mirada sobre la trampa de la deuda no explica dos cuestiones fundamentales. Por un lado, ¿cómo se resuelve la vida más allá de los mercados? Y, por otro, ¿por qué hemos entrado en el engranaje de la deuda y no se ha producido una movilización masiva?

¿Cómo se resuelve la vida más allá de los mercados? Si nos detenemos un momento, observamos que, pese al colapso financiero y el empobrecimiento generalizado, la vida continúa. ¿Cómo es posible? Los ho­gares, entendiéndolos de manera no normativa –desde su diversidad– absorben los shocks del sistema socioeconómico. En ellos, se desarrollan estrategias que permiten mantenerse a flote:

Economía ‘del rebusque’, en la que se buscan ingresos en sectores abandonados –trabajo doméstico, trabajo agrícola, trabajo sexual, etc.– y en la que se insertan en el mercado laboral sujetos que estaban fuera;

Economía ‘gratis’, en la que se reducen niveles de consumo y/o sustituyen con trabajo gratis, lo que redunda en un aumento de la carga laboral de ciertos segmentos sociales feminizados, contribuyendo a la desigualdad;

Economía de ‘retales’, en la que los miembros de los hogares ponen en común todos los recursos disponibles –sobrevivir con la pensión de los/as abuelos/as, por ejemplo–, evidenciando que la realidad económica es interdependiente;

O economía ‘del trueque’, en la que se ponen en marcha mecanismos de donación, segunda mano o intercambio.

Todas estas estrategias son clave para comprender los procesos económicos en la crisis. Modifican hábitos de consumo y recuperan prácticas de cooperación social, pero no podemos olvidar que: 1) están privatizadas, al estar relegadas a los hogares o a redes informales; 2) son globales porque la gente está migrando y proyectando migrar; 3) son principalmente familiaristas, reforzando la estructura familiar; y 4) están feminizadas pues el ajuste es sexuado: los sujetos feminizados son los últimos responsables de sostener la vida.

¿Por qué hemos entrado en el engranaje de la deuda? Para responder a esta pregunta, debemos atender a la conexión entre dimensiones subjetivas y materiales. Si una mirada excesivamente subjetiva puede psicologizar la situación social, una mirada excesivamente materialista puede obviar la responsabilidad individual.

Ambas dimensiones están sujetas por el discurso del éxito social que articula exigencias diferentes para los sujetos según su identidad de género. Orienta a la feminidad a ser el objeto de deseo masculino, con la carga de tareas que le impone la división sexual del trabajo. Y desarrolla una ética reaccionaria del cuidado que sitúa las necesidades de la familia por encima de las propias, aceptando servir de colchón ante la crisis. La masculinidad es emplazada al logro de un estatus social –posesiones, poder, reconocimiento público– a través de los preceptos de la ética del derecho individual y la autosuficiencia.

Consumo: familia nuclear

El amor romántico, basado en un ideal de fusión entre ambos sujetos concebidos como complementarios, es el mecanismo que ha convertido en normatividad a la familia nuclear. El capitalismo ha ido ampliando las exigencias de su perfección –el coche familiar y el single, las múltiples actividades extraescolares, las obras de la casa, el último modelo de móvil, una segunda casa en la sierra, etc.– para convertirla en la unidad de consumo por excelencia.

Si no cumplimos estas expectativas, nos sentimos culpables, y nos colocamos en deuda unas subjetividades con otras. Sin embargo, la lógica capitalista promete lograrlo, invitándonos al dispendio, una y otra vez, en amistades y amores vacíos de motivos en común, o de objetos sin reparar en el coste humano o ecológico de su elaboración. La insatisfacción que nos produce su rápido consumo nos introduce en una escalada que puede representarse con la metáfora del juego comecocos en continua marcha devoradora. Un insaciable intento de colmar el deseo del que se nutre el capital.

En este sentido, decimos que se produce un anudamiento entre las condiciones materiales de deuda –hipotecas, inversiones, bienes– y las subjetivas –búsqueda de un estado ideal de plenitud, con diferencias de género–. La imagen de una pajarita que se estrecha en el cuello, que asfixia, pero que también viste, representa su entrelazamiento.

¿Un análisis feminista?

En el contexto de crisis, una mirada feminista sobre la deuda permite abrir la pregunta de cómo sostener la vida colectiva, huyendo de fór­mulas individualistas. Asimis­mo, plantea cómo hacernos responsables de nuestra situación sin culpabilizarnos, teniendo en cuenta que no todas las personas hemos participado por igual en la deuda, que las responsabilidades son asimétricas.

También un análisis feminista ilumina los ámbitos feminizados invisibilizados por la economía. Desvela los diferentes mecanismos heteropatriarcales que sostienen la deuda, como el discurso del éxito y el amor romántico. Ayuda a no reconocernos como víctimas, sino como sujetos con capacidad de acción. Incita a no esperar que la deuda sea resuelta desde el exterior; y permite desprivatizar el ‘fracaso’, facilitando una autoconciencia sobre nuestros ritmos y estilos de vida eurocéntricos.

Entendemos que esta mirada feminista no es la única posible, y que está en construcción; a pesar de ello, muestra claves para iniciar la desobediencia desde lo personal. Al tiempo que nos hace conscientes de la necesidad de propiciar una transformación sistémica que ponga en el centro las condiciones de una vida vivible.

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comentarios

1

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    avallejos
    |
    Jue, 09/12/2013 - 13:40
    <div>Creo que, bajo la respetable intención que las anima, estas palabras están atravesadas de incoherencias que dificultan su comprensión. Y no sé si eso es fruto de un &#39;pensamiento colectivo&#39; quizá precipitado, salido de la urgencia, o son incoherencias insertas en las propias luchas (anticapitalistas, feministas) en las que se insertan, que son muy diversas. &nbsp;</div> <div>Se critica &#39;una ética del cuidado que sitúa las necesidades de la familia por encima de las propias&#39;, de las individuales, se entiende, &iquest;o cuando se habla de &#39;necesidades propias&#39; se hace referencia acaso a &#39;necesidades de género&#39; que nos obligan? [Yo, la verdad, entre ser hombre y ser hijo de mi madre, &#39;me quedo con mi madre&#39;.] &iquest;Y no cabe una ética del cuidado &#39;en la familia&#39; que no sea reaccionaria? [La &#39;norma familiar&#39; hace mucho que saltó por los aires (no hay &#39;familia normal&#39;): el propio &#39;desarrollo capitalista&#39; ha hecho estallar &#39;la familia&#39;, igual que hoy&nbsp;arrumba los Estados.] &nbsp;</div> <div>Se critica que se sitúen las necesidades de la familia por encima de &#39;las propias&#39; [&iquest;qué es &#39;lo nuestro&#39;?] y se apuesta por &quot;sostener la vida colectiva, huyendo de fórmulas individualistas&quot;. &iquest;Acaso la familiar no es &#39;vida colectiva&#39;? &iquest;Acaso la vida &#39;en familia&#39; no huye de &#39;fórmulas individualistas&#39;?&iquest;O la vida colectiva sólo se da en &#39;comunidades de libre asociación&#39;, en &#39;asociaciones liberales&#39;? &nbsp;</div> <div>Por otra parte, se habla del &#39;amor romántico&#39; como &#39;mecanismo heteropatriarcal&#39;, se entiende que &#39;mecanismo de dominación&nbsp;heteropatriarcal&#39;. &iquest;Pero no nos alertaba recientemente Marina Garcés sobre la &#39;crítica generalizada del amor romántico&#39; que desarrolla ese capitalismo íntimo y emocional, que &#39;se&#39; impone, en el que &#39;todo tiene que ser intercambiable y reversible&#39;? &nbsp;</div> <div>Se dice que &#39;el discurso del éxito&#39; &quot;orienta la feminidad a ser el objeto de deseo masculino&quot;. Pero, yo no sé si será por &#39;el discurso del éxito&#39;, pero cada vez se ven más hombres orientados a ser objeto de deseo, tanto &#39;femenino&#39; como &#39;masculino&#39;, y también más mujeres orientadas a ser objeto de deseo &#39;femenino&#39;... y muchas más mujeres orientadas a ser &#39;sujeto de deseo&#39;...</div> <div> Etc. Parece ineludible seguir pensando... y debatiendo.</div> <div>&nbsp;</div>
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