¿ESTUDIOS RIGUROSOS? // A TRAVÉS DE COMPLEMENTOS ALIMENTICIOS Y UNA DIETA QUE PRUEBA DIRECTAMENTE SOBRE PERSON
La controvertida dieta de Meléndez-Hevia

Reconocido especialmente
en Estados Unidos,
pero perseguido judicialmente
en Canarias, este
doctor investiga cómo a
través de la alimentación
se puede curar.

18/11/09 · 0:00
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¿CUÁL ES LA FRONTERA? Si un determinado alimento puede curar enfermedades, ¿debe ser tratado como medicamento?

Conocedor como pocos de
los entresijos del metabolismo
humano, Enrique
Meléndez-Hevia ha desarrollado
gran parte de su labor científica
sobre el estudio de los sistemas
de optimización aplicados a la vida y
a la evolución. Suyas son teorías sobre
el metabolismo de las pentosas y
la dinámica de acumulación del glucógeno
en el organismo. Este tipo de
investigaciones ha hecho que sea reconocido
mundialmente dentro del
entorno científico.

Meléndez-Hevia parte de la premisa
de que los alimentos, a diferencia
de los medicamentos, curan desde
el punto de vista de la supresión
de la enfermedad, pues está más que
constatado que la ausencia de determinados
nutrientes producen patologías
severas. Por ejemplo, la ausencia
de vitamina C puede producir
escorbuto o el no consumo de cobalamina,
anemia perniciosa, por mentar
algunos nutrientes.

Para esta labor utiliza dos tipos
de aminoácidos, la glicina y el aspartato
(cuyo deber es diferente a la
hora de tratar una enfermedad y
que han sido denominados factor 1
y factor 2 respectivamente), cuyo
consumo contrarresta el ya de por
sí efecto nocivo de determinadas
enfermedades degenerativas como
pueden ser la obesidad, la osteoporosis,
la artrosis, la diabetes, etc.

¿Y la comunidad científica?

Pero gran parte de la comunidad
científica se le echó encima por ensayar
directamente con personas sin
seguir el rigor protocolario que se
presupone debe darse en la ciencia.
El consumo de dichos nutrientes va
acompañado de una dieta estricta,
donde el consumo de hidratos de
carbono debe ser nulo, ya que el almidón
es muy difícil de digerir. Además,
parte de ese almidón es capaz
de incapacitar una enzima estomacal
llamada pepsina que se encarga
de digerir parte de las proteínas que
ingerimos y, por ende, favorecer dicha
digestión para que otras enzimas
del intestino hagan lo mismo y
así ser absorbidos los nutrientes en
el duodeno. Por otra parte, el consumo
excesivo de carbohidratos estimula
la producción de insulina, lo
que provoca que parte de esos azúcares,
mediante un proceso conocido
como lipogénesis, se transformen
en grasas que acaban acumulándose
en el tejido adiposo.

Esta dieta tan estricta donde se elimina
considerablemente la ingesta
de almidón, glucosa, fructosa, etc.,
nos hace recordar a aquella que se
puso de moda en los años ‘80, la dieta
del doctor Atkins, en la que se podía
comer de todo salvo los pertinentes
azúcares. Lo cierto es que fue un
método revolucionario, pues al no
consumir hidratos, el organismo tenía
que recurrir a las reservas de grasas
y así se lograba reducir la talla
corporal. El principal inconveniente
se encontraba en que la ausencia de
mono y polisacáridos provocaba la
formación de los llamados cuerpos
cetónicos, pues nuestro sistema nervioso
usa como principal combustible
la glucosa, y al carecer de ella,
usa dichos componentes cetónicos.

Esto conllevaba un arriesgado
problema que el doctor Meléndez ha
solventado, pues aunque provoque
un aumento de la acidez en sangre,
también son determinantes a la hora
de producir cetoacidodis diabética
en enfermos con diabetes de tipo I.
Para ello se usa el aspartato, cuya
principal tarea es la obtención de
energía, de modo que se puede ‘prescindir’
de la glucólisis, cuyo balance
energético es bastante pobre. También
es importante la función neurotransmisora
del aspartato implicada
en procesos de aprendizaje y en enfermedades
como la epilepsia.

Por otro lado, la glicina, uno de
los aminoácidos más sencillos estructuralmente
hablando, se ha
convertido en la otra piedra angular
de los descubrimientos de Meléndez-
Hevia. Está envuelta en multitud
de procesos tales como la síntesis
del colágeno, necesario para la
barrera mecánica de nuestros órganos,
contribuyendo fielmente a la
reconstrucción histológica de tejidos
dañados. Esta capacidad hace
que se refuercen tejidos como el
óseo o el cartilaginoso, haciendo
que enfermedades como la artrosis
o la osteoporosis se puedan reducir.

Sólo se han citado algunas de las
mejorías que pueden provocar el
consumo de dichos factores. Mejorías
que han sido avaladas por más
de 30.000 personas (se estima que
ése es el número de ‘pacientes’).
En este camino también ha tenido
que lidiar con la justicia ordinaria, al
considerar la Consejería de Sanidad
de Canarias una infracción grave de
la ley del medicamento, por prescripción,
dispensación y suministro
de ambos productos, al considerarlos
un riesgo para la salud. Hasta
tal punto ha llegado dicha situación
que la Consejería decidió clausurar
de manera provisional los centros
donde se dispensan dichos “polvos”
(es así como se denominan puerilmente
ambos productos).

Ante esta situación surge una duda:
si un nutriente tiene propiedades
terapéuticas, ¿necesariamente
tiene que ser un medicamento? De
ser así, existen multitud de alimentos
que se consideran beneficiosos
para la salud y sin embargo no se
retiran del mercado. ¿Existirá algún
interés económico por parte de
empresas alimentarias y farmacéuticas
en el caso de que dicho descubrimiento
sea reconocido y patentado?
Esto se está intentando en
EE UU porque allí, al contrario que
en Europa, se puede registrar
aquello que ya ha sido descubierto,
pero que puede presentar nuevos
intereses terapéuticos.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    08/06/2012 - 11:41am
    La barrera entre lo que se puede usar para "tratar, combatir o currar enfermedades" está en la ley del medicamento, que es igual en España que en Alemania o en USA, y es la columna vertebral de la industria farmacéutica. Un producto únicamente puede tener propiedades terapéuticas si previamente se hace un ensayo clínico mediado por un laboratorio farmacéutico y un centro médico; y en tal caso sólo se podrá distribuir en farmacias y centros hospitalarios. Pero la ley permite la libre comercialización de complementos alimentarios sin propiedades terapéuticas, así como todo científico es libre de hablar de ciencia y salud. Pero lo que está prohibido es poner indicaciones terapéuticas a los complementos. Es la ley del medicamento. Así, está prohibido que el mercado la bolsa de 1 Kg de limones diga que previene y cura el escorbuto, así como que por su alto contenido en vitamina C ayuda a prevenir catarros y enfermedades cardiovasculares. Por eso, la glicina se puede comercializar siempre y cuando no tenga indicaciones, o como han hecho ahora con los sobres del citricdiet, que más que un medicamento parece un refresco. La ciencia que hay detrás y todo lo bueno que te hagan para la salud no se pueden decir por escrito en los productos, porque está prohibido.
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