"PORTUGAL: LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS MAYORES, OLVIDADOS POR EL SECTOR PU&#769
“La caridad no vale para una vida digna tras la jubilación”

El Estado portugués se decanta por una visión asistencialista de las personas mayores, mientras asociaciones de pensionistas reclaman sus derechos.

29/03/11 · 14:20
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SIN ESPERANZAS. Las muertes de ancianos abandonados en Portugal ha puesto en entredicho las políticas sociales del Gobierno de José Sócrates.

La reciente aparición en Portugal de numerosos casos de ancianos que llevaban muertos en sus domicilios meses, cuando no años, ha conmocionado a la opinión pública del país y ha puesto en entredicho los mecanismos asistenciales del Gobierno de Lisboa.
La llamada a la reflexión particular “acerca de cómo tratamos a los ancianos”, hecha por Ana Jorge, ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, en declaraciones a la prensa local, no ha convencido por igual a los expertos portugueses en materia asistencial.
El presidente de la Federación de Instituciones de la Tercera Edad (FITI, por sus siglas en portugués), José Carlos Borges Batalha, coincide con la ministra en señalar que es necesario “repensar la relación con los mayores” y apuesta por “envolver a todos los sectores de la sociedad para apoyarlos”.
Al frente de una federación de origen católico que reúne instituciones de solidaridad social de todo el país, Borges Batalha cree que “el Estado es incapaz de hacer frente a este problema por sí
solo” y considera que “las muertes de los ancianos que viven en soledad son la prueba de ello”.
“La familia se ha desconfigurado y la fórmula más eficaz para acabar con los problemas de los ancianos es el apoyo del Estado a las instituciones de solidaridad”, defiende Borges Batalha.

Organización de jubilados

Frente a las tesis de la FITI, el Movimiento Unitario de Jubilados, Pensionistas y Ancianos (MURPI), que cuenta en sus filas
con antiguos líderes del movimiento sindical, defensores de la Reforma Agraria y miembros del Partido Comunista Portugués, defiende una lucha firme por los derechos de los mayores.
“Obviamente no estamos en contra de que los hijos apoyen a sus padres o de la labor de las instituciones asistenciales, pero el debate no es ése”, revela Casimiro Menezes, presidente del MURPI, en su sede del barrio lisboeta de Chelas.
“La caridad es un concepto antiguo y no es válido para ciudadanos que quieren llevar una vida digna tras alcanzar la jubilación”, sostiene Menezes, que asegura además que “hay quien pretende ocultar los derechos de los ancianos tras la simple beneficencia”.
“El discurso del Gobierno y del principal grupo de la oposición [el conservador Partido Socialdemócrata (PSD)] de que la sociedad civil debe organizarse para crear equipamientos para los mayores” esconde, en opinión de Menezes, “deseos de fomentar la iniciativa privada en un espacio absolutamente social”.
Para Menezes, este tipo de políticas redunda en el “enflaquecimiento de los servicios públicos asistenciales”, idea que también comparte M. C., educadora social que prefiere no dar a conocer su nombre.
“El número de puestos de trabajo en el sector se ha reducido mucho en los últimos años”, comenta M. C., “y en consecuencia los ancianos han asistido a una sistemática reducción de los apoyos con que contaban”.

Privatización vs derechos

Así, la privatización y el apoyo complementario de instituciones de solidaridad ganan terreno a los derechos de los ancianos que, como denuncia M.C., “en muchos casos desconocen incluso que pueden disponer de los mismos”.
Con escasa información sobre sus derechos, la situación de las personas ancianas en Portugal se agrava y su acceso a los recursos básicos se dificulta día a día, mientras el Estado marca distancias con la ciudadanía. La solidaridad vecinal que anteriormente existía en las zonas rurales ha desaparecido en un país que concentra la mayor parte de
su población en el litoral, en torno a los núcleos de Lisboa y Oporto, aunque “parece que el Gobierno no ha querido darse cuenta de ello”, sentencia Menezes.
La situación actual amenaza con que el lema del MURPI, “Solo el Portugal de Abril respetará el otoño de la vida”, se convierta en un simple recuerdo revolucionario. Según las estadísticas de la Unión Europea 883.350 son las personas mayores de 65 años que viven “en riesgo de pobreza” en Portugal. Eso supone, el 20.1% de esa franja de edad.

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