CANTABRIA /EL 14 DE SEPTIEMBRE LOS INMIGRANTES VOLVIERON A SUS PAÍSES
Tres meses varados en el puerto de Santander
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Los tripulantes del Meugang 1, el día de la entrega de los salarios atrasados, antes de ser repatriados

“Tener dinero no quiere decir tener
las llaves del mundo”. Jean Dti Fuller
Mbappe, de origen camerunés, era el
contramaestre del Meugang 1, un

04/10/07 · 0:00
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Los tripulantes del Meugang 1, el día de la entrega de los salarios atrasados, antes de ser repatriados

“Tener dinero no quiere decir tener
las llaves del mundo”. Jean Dti Fuller
Mbappe, de origen camerunés, era el
contramaestre del Meugang 1, un
buque cargado de semillas de algodón
que llegó el pasado 13 de junio a
las costas de Santander. Dirige esta
frase al señor Foyou, antiguo armador
del buque y empresario de Camerún,
que dejó literalmente abandonados
a Jean y los otros 24 hombres
que componían la tripulación
del Meugang 1. Estos 25 hombres-
ocho ghaneses y 17 cameruneses-
vivieron durante tres meses en el interior
del barco, parado en el puerto
de la capital cántabra, a la espera de
que su armador les pagara el salario
que les debía desde octubre de 2006.
El señor Foyou sabía que abandonar
a su tripulación era la mejor manera
de deshacerse de los problemas de
maquinaria que arrastraba el buque
desde hacía meses, pero también sabía
que abandonar a estos 25 marineros
era abandonar a 25 familias de
Ghana y Camerún que dependen del
salario de estos hombres.

El pasado 2 de marzo partieron del
puerto de Abidjan, Costa de Marfil,
con un cargamento de 14.000 toneladas
de semilla de algodón que tenían
como destino Santander. Una semana
después de su partida estuvieron
detenidos nueve días en alta mar a
causa de una avería importante en
uno de los generadores del barco.
Tuvieron que enviar un aviso de
mayday a las Palmas de Gran Canarias
para que desde Madrid se pusieran
en contacto con el Gobierno
de Senegal y les remolcaran hasta
Dakar, donde estuvieron parados
dos meses y medio. El viaje había comenzado
con turbulencias.

El 2 de junio lograron echarse de
nuevo a la mar rumbo a Santander,
en donde atracaron el día 13 del mismo
mes, en unas condiciones que dejaban
mucho que desear: plagas de
insectos en el buque, una incipiente
carencia de alimentos, el mal estado
de salud de algunos de los tripulantes
y la falta de salario desde hacía
muchos meses. El día 29 de junio
consiguieron acabar la entrega de la
carga que llevaban en las bodegas, al
mismo tiempo que fueron bloqueados
en el puerto por las condiciones
del barco -tenía importantes averías
y toda la zona de máquinas impregnada
de aceites y gasolina con lo cual
corría el riesgo de incendiarse en alta
mar- y fueron abandonados por
su armador, para el que era más fácil
deshacerse del problema que intentar
solucionarlo.

La tripulación no tenía comida ni
salario. Varios sindicatos (Comisiones
Obreras y la Federación Internacional
de Trabajadores del Transporte)
y organizaciones e instituciones
(Cáritas, el Banco de Alimentos
de Cantabria y la Cocina Económica)
les ayudaron a afrontar ambas cosas.
Sin embargo, la Delegación de
Gobierno, las embajadas correspondientes,
la autoridad portuaria e inspección
marítima no se pusieron en
contacto con el barco y no ofrecieron
ayuda para solventar la situación de
la tripulación. Lo único que hizo la
Delegación de Gobierno fue desinfectar
el barco.

A mediados de julio el señor
Foyou comenzó la negociación de
una posible venta del buque a un armador
afincado en Reino Unido y
originario de Europa del Este,
George Kirov. Dentro de la venta se
incluían diversas condiciones como
pagar el salario a la tripulación y
asumir los costes del atraque del buque
en el puerto de Santander.
Finalmente, el pasado 14 de septiembre
las negociaciones llegaron
a buen puerto -gracias también a la
mediación de los sindicatos- y la tripulación
recibía el sueldo al mismo
tiempo que era repatriada.

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