PEPERÍAS // ORIHUELA LA PIFIA EN UN LIBRO DE HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ
Terciopelo ajado

Hay algo cien mil veces peor que
el olvido y es que te hagan un homenaje.
De un tranquilo recuerdo
te rescatan mucho y a menudo
buenos y amantes lectores. ¿Necesita
Miguel Hernández ser recordado?
Los homenajes son un mal
trago innecesario.

07/01/10 · 14:49
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Consistorios, patronatos, familiares
y enemigos de la víctima tardaron
un poco en ponerse de acuerdo
sobre dónde, cuándo –y sobre todo
cuánto– hacer un homenaje a Miguel
Hernández. El Ayuntamiento
de Orihuela –su pueblo– decidió
romper el hielo patrocinando un supuesto
libro en el que un autor local
se dedicó a poner a bajar de un burro
a Zapatero, Carrillo y algún otro
–llamándoles ‘felones’ y ‘pillos’, que
son como insultos de otra época– y
a elogiar de manera oscura y empalagosa
a varios capitostes del
Partido Popular. Todo ello en verso.
En verso dudoso, por decirlo suave
como en la Cadena SER. Se dice
que han repartido los libros en dos
colegios, pero a estás horas deben
estar enterrados en sarcófagos de
plomo para salvar al resto de la población
de un ataque masivo de caspa.

El Ayuntamiento se ha desdicho
rápidamente y asegura que el libro
no ha costado nada a los contribuyentes.
Sólo hubiera faltado que hicieran
partícipes del papelón a todo
el vecindario.

Estarán pensando en el consistorio,
sin duda, lo bien que hubiese
quedado una ceremonia fría, vacua;
oficial. Sutilmente ofensiva, de
saqueo de tumbas, de apropiación
de muerto ajeno. La ocasión era
propicia. Un poeta de izquierdas,
un Ayuntamiento de derechas y
cien años que se cumplen y no se
puede evitar. La oportunidad era
perfecta para dárselas de ‘culturetas’,
demócratas e incluso para confesar
que se lee mucha poesía en la
intimidad. Un acto, a priori, fácil y
resultón. De los de hacerse fotos
sonriendo en la gaceta local. Todo
estaba preparado: lectura de poemas
–de los más líricos, por eso de
“no reabrir heridas”–, discursito sobre
lo malo de las guerras entre
hermanos en plan demócratas criptofascistas,
suelta de palomas, vino
español y misa castrense. Y, como
en una historieta de Martínez el
Facha, va alguien y la lía. Sin venir
a cuento.

Homenaje a sus amigos

Lo del libro debería haber sido un
trámite: una encuadernación bonita,
un objeto que regalar. Poco importa
que estuviera dentro Perito
en Lunas o El hombre acecha. Si
nadie va a leerlo. ¿Quién lee poesía
en estos días...? Ahora, por su
falta de interés por la lírica, un libro
que estaba condenado a parecerse
a los libros de cartón que hacen
bulto en las estanterías de los
salones de Ikea, se ha convertido
en un best seller de la antología del
disparate. Un objeto digno de figurar
en un tomo monográfico del
Celtiberia show de Carandell. Y lo
solemne se convierte en bufo, en
ridículo atroz y espantoso. Lo que
podía haber sido un evento tirando
a triste se ha convertido en un
pasacalles de la risión. Allá donde
vayan el Ayuntamiento y sus lebreles
o se mencione al poeta saldrá
la mirada divertida, la sonrisa burlona
y la carita de sorna.

En cuanto al artista que lo ha
perpetrado ha conseguido, supongo,
lo que quería: mostrarse como
es. A lo mejor ni entiende qué pasa.
Si él sólo quería hacerse un homenaje,
a sí mismo y a sus amigos.
Y se ha notado demasiado. Más
que un cumplido, ha cubierto de
oprobio al homenajeado.

No hace falta decir su nombre ni
el título del libro. A ver si en este
mundo donde el ‘friquismo’ parece
una virtud este señor va a hacerse
famoso y alguien se va a olvidar
de leer a Miguel Hernández.
Toda su obra es de dominio publico
y hay ediciones magníficas que
no está de más leerse. Aunque sea
de vez en cuando.

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