CUMBRE FMI-BM // RATO DISFRUTA DE UN SEPTIEMBRE TRANQUILO EN EL SUDESTE ASIÁTICO
SINGAPUR O “LA CIUDAD DE LA AMISTAD”
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“ALTERACIONES DEL ORDEN”. Los escasos manifestantes que consiguieron entrar
en la ciudad estuvieron rodeados de un cordón de seguridad de 10.000 efectivos.

Desde DIAGONAL no podemos
afirmar que las míticas protestas de

17/10/06 · 19:43
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“ALTERACIONES DEL ORDEN”. Los escasos manifestantes que consiguieron entrar
en la ciudad estuvieron rodeados de un cordón de seguridad de 10.000 efectivos.

Desde DIAGONAL no podemos
afirmar que las míticas protestas de
Seattle, Génova o Cancún hayan
conseguido la justicia en el mundo.
Sin embargo, podemos constatar
que han tenido, al menos, una consecuencia:
las organizaciones económicas
supranacionales cada vez
se reúnen en sitios más remotos.
Este año, la asamblea anual del
Fondo Monetario Internacional
(FMI) y del Banco Mundial (BM)
decidió visitar Singapur, una pequeña
ciudad-estado asiática que,
según el flamante director gerente
del FMI, Rodrigo Rato, se caracteriza
por su “gente emprendedora” y
es por lo visto un sitio maravilloso
para hacer negocios.

Rato y compañía acudieron en
tropel a este punto del sudeste
asiático. Seguramente influyó lo
emprendedor de su gente, sus playas
o su turismo sexual. Pero como
el FMI y el BM son instituciones
serias, quizá también pensaron
en Singapur por, digamos, ‘razones
políticas’.

Efectivamente, la reunión, que
ha durado del 14 al 20 de septiembre,
apenas se ha visto interrumpida
por pancartas o gritos, ni mucho
menos piedras. Podría parecer
que la gente de allí se dedica,
en efecto, a trabajar, a hacer negocios
y a ‘emprender’. Aunque convendría
recordar que Singapur es
una “democracia incompleta”, según
el eufemismo de Amnistía
Internacional. Un país con 40 años
de partido único, en el cual los líderes
podrían parafrasear a Eduardo
Galeano: “La libertad de los negocios
no se lleva bien con la libertad
de las personas”.
Con este panorama, parece lógico
que los activistas extranjeros se
resignaran a no amargar la cumbre
al FMI-BM. Los que optaron por ir,
principalmente miembros de ONG,
contaban con la autorización de la
organización e iban preparados a
charlar con los colegas de Rato. Ni
por ésas: 28 activistas autorizados
no pudieron entrar en el país. Las
autoridades de Singapur les acusaban
de haber participado en “alteraciones
del orden” en otros eventos.

Lo hubieran tenido difícil para alterar
algo este año, pues 10.000 efectivos
policiales y carreteras cortadas
se lo hubieran impedido.
Hubo protestas, de todos modos.
Algo descafeinadas, eso sí: “Los
grupos de la sociedad civil recibieron
una oficina y un espacio (el
equivalente de dos cuadriláteros de
boxeo) en el lobby del centro de
convenciones Suntec, sede de las
sesiones, para sus protestas. Allí
protestaron hasta en dos ocasiones,
siguiendo normas rigurosas: tiempo
exacto, gritos no estridentes, no
más de 15 personas a la vez, ropa
limpia y buenos modales”, narra
Associated Press.
El activista uruguayo Roberto
Bissio tomó una foto en una de las
protestas, porque si le contaba a su
familia lo que había visto sin mostrar
una prueba “van a pensar que
estoy mintiendo”.

Bissio se pregunta si “este tipo
de protestas es ya parte del modelo
de democracia del futuro”. A nuestro
ex ministro de Economía no le
preocupan estas cosas, pues él ha
descubierto esta semana que Singapur
“es también una gran ciudad
para la amistad”.

Tags relacionados: Banco Mundial Rodrigo Rato
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