AMÉRICA LATINA: BUENOS MODALES, PROTOCOLO Y LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICA
LA DEMOCRACIA SERÁ ‘COOL’ O NO SERÁ

En pocas ocasiones Chávez se ha comportado como un verdadero “hombre de bien”. Sus canciones estomagantes y su soez desacato a la autoridad de los gobernantes “de toda la vida” exasperan al demócrata más pintado.

06/03/09 · 12:00
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Hugo Chávez es un dictador. No hace falta que nos lo digan. Se le ve a la legua. Los verdaderos demócratas no hacen un programa de televisión, ni graban discos, ni visten de rojo chillón, ni sudan o gritan en los actos públicos, ni se mofan abiertamente de sus homólogos extranjeros. El éxito de Barak Obama ha vuelto a confirmar que la democracia es cuestión de estilo. Y Chávez no lo tiene. El venezolano, todo estridencias y excesos, aparece ante nuestros ojos como un verdadero ‘indio caribe’. El estadounidense, en cambio, tan alejado de las figuras del reverendo airado y el rapero insolente, apenas nos parece negro. Y ésa es la grandeza de nuestro sistema, que cualquiera puede participar (y llegar a lo más alto) siempre que se comporte como un blanco.

Ser un verdadero demócrata no es otra cosa que ser como un blanco. ¿No fuimos los blancos los que hicimos la Revolución francesa y nos inventamos un sistema basado en la igualdad de derechos y libertades de todos los individuos “con independencia de su raza, sexo o religión?” ¿No prueba acaso eso nuestra superioridad cultural y que la nuestra es La Cultura de la Democracia?

Obama limpia más blanco

Hablamos de una cuestión cultural, de estilo, y no de pigmentación. Por eso Obama es más blanco que Bush. Los europeos preferimos al tipo “refinado, educado, culto y cosmopolita” que al ignorante paleto tejano que bebe cerveza con los pies encima de la mesa. ¿Y quién iba a tener mayor legitimidad que nosotros para valorar quién es más blanco? Por desgracia, la historia de Occidente está llena de tipos como Bush, que afean nuestra buena imagen democrática. El ejemplo más cercano lo tenemos en ese señor bajito y con voz de pito que durante años gobernó España. Si algo nos recuerdan a menudo en la tele, es lo cutre y casposa –aunque también entrañable– que era la España franquista. Tuvo que ser terrible vivir en una sociedad llena de tipos con bigotito, gafas oscuras y gabardina y que tenía a Manolo Escobar como máximo exponente musical.

¡Menos mal que años después La Movida nos encauzó a todos en la senda democrática! Es cierto que, con los ojos de hoy, tanto pelo ‘cardao’ y tanto ritmo casiotone resultan horteras, pero esto no hace más que probar la madurez democrática que con los años hemos ido alcanzando. Una madurez que se ve confirmada por el rechazo unánime a Chávez, líder internacional peor valorado por los españoles el año pasado. El venezolano ha llegado a conseguir que antimonárquicos y lectores de ABC de los de toda la vida celebren en comunión la campechanería y espontaneidad de Don Juan Carlos.

Tan hortera, tan poco fashion, tan verborreico, Chávez sólo puede ser un déspota. Ganará elecciones pero a nosotros no nos la cuela. Nos basta verlo para saberlo. Y por eso le detestamos más que al Bush de las guerras de Iraq y Afganistán, al Putin paxificador de Chechenia o a los dirigentes chinos (¿alguien sabe cómo se llaman?) a los que nadie ha elegido, pero que son capaces de organizar unas olimpiadas del copón.

Alguien dirá que esto es debido a la ‘manipulación mediática’ y, que nuestros medios, muchos con intereses en la zona, ocultan información y mienten sobre Venezuela. Tal vez tengan algo de razón, pero ignoran que unos medios democráticos y maduros no son nada sin una audiencia democrática y madura. Una audiencia a la que ya no hace falta explicarle lo que pasa, que entiende a la primera imagen que un hortera no puede ser democrático. ¡La democracia será ‘cool’ o no será!

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CUESTIÓN DE ESTILO. Hugo Chávez, en un reciente baño de masas
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