IRAQ / NUEVA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD
EMPAREDAR A LA RESISTENCIA

La disposición estadounidense de construir muros
alrededor de más de diez barrios conflictivos de Bagdad
evidencian el fracaso de la invasión de Iraq.

10/05/07 · 0:00
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LA ZONA VERDE. Un muro rodea la zona verde, donde se alza el Hotel Palestina (en la foto), las embajadas, la sede del
Gobierno iraquí y la delegación oficial estadounidense.

La guerra digital de Rumsfeld,
concebida como una
fulminante operación de reformateo
de Iraq, con muchas
máquinas, pocos hombres y
menos bajas, revela cuatro años después
toda su fracasada y criminal
megalomanía. Muchos miles de
muertos más tarde, mientras millones
de iraquíes abandonan sus
casas, mientras Irán y EE UU se
disputan el botín apostando cadáveres,
mientras la legítima resistencia
aumenta su presión sobre
los ocupantes, los estadounidenses
van descendiendo muy deprisa a ras
de suelo, desde el mando a distancia
al ladrillo, desde la lógica postmoderna
de la pantalla de ordenador a
la lógica neolítica de la jaula de hierro.
No bastan ya los bombardeos;
no basta tampoco la constelación de
bases y prisiones donde se hacen
desaparecer los cuerpos; ahora las
ciudades mismas deben convertirse
en gigantescas prisiones cuyas sucesivas
puertas sólo señalarán el paso-
por lo demás difícil y arriesgado-
de una celda a otra. Los EE UU se
declaran vencidos de la manera más
destructiva, primitiva e inhumana:
levantando muros. Entre 10 y 30 barrios
de Bagdad quedarán aislados y
cercados detrás de altísimas paredes
de cemento en los próximos meses;
las que se levantan ya para condenar
Adamiya tienen casi cuatro metros
de altura y están construidos con bloques
de seis toneladas de hormigón.
Cuesta trabajo -y duele- imaginar
esta ciudad viva convertida a martillazos
en un armario acorazado cuyos
habitantes son clasificados o
abandonados en cajones cerrados y
recintos estancos; esta gran plaza
abierta ahora dividida neurótica y
desesperadamente en cubículos
cada vez más pequeños llenos de
escombros y de muertos. La ocupación,
entre otras muchas cosas,
ha destruido también el verbo ‘salir’
y sus alivios: salir de casa, salir
de la propia calle, salir del barrio
ya no es más que otra forma de seguir
entrando, una y otra vez, en la
misma prisión.

Pero duele sobre todo imaginar la
vida de los iraquíes. La estrategia es
tan rudimentaria como brutal: los barrios
que no han podido ser doblegados
militarmente, son amurallados,
precintados y abandonados a su
suerte. Ciudades enteras ya han sido
cercadas (Rutba, Samarra, Tal Afar)
y el muro de Adamiya es al mismo
tiempo el principio y la prolongación
de un plan que viene aplicándose rutinariamente
desde hace meses en
Bagdad, donde zonas completas de
la ciudad han sido delimitadas y segregadas
con los vecinos confinados
en su interior, sometidos a controles
tan férreos -de entrada y de salida-
que puede hablarse sin vacilación de
una política de ghetto. Leyla Anwar,
la misteriosa y desesperada cronista
de Bagdad, nos describe cómo se vive
dentro: sin luz, sin alimentos, sin
medicinas, la basura se acumula desde
hace meses en las calles junto a
los cadáveres que nadie se atreve a
retirar por miedo a los francotiradores.
“Allí los vivos envidian a los
muertos”. En Adamiya, en Al-
Amiriya, incluso en el céntrico Karrada,
si los bagdadíes no pueden
ser vencidos, serán sencillamente
emparedados y abandonados, barrio
por barrio, cajón por cajón,
hasta que a la llamada “zona verde”,
rodeada de tumbas candadas,
los estadounidenses ya sólo puedan
descolgarse desde el aire.

Si EE UU no puede impedir su derrota,
puede impedir la victoria. El
tiempo apremia. Perdido Iraq, debe
evitar la alianza antiimperialista de
los pueblos árabo-musulmanes promoviendo
la división entre chíies y
sunníes en favor de Israel, amenazado
por el creciente prestigio de
Hizbullah y de Irán. Perdido Iraq, el
‘negocio de la reconstrucción’ se reduce
ya a la desesperada y primitiva
tarea de multiplicar los muros: de la
provisión de cemento para el paredón
de Adamiya -nos informa la
CEOSI- se harán cargo el agente
colaboracionista Ahmad Chalabi y
el empresario germano-israelí Zeev
Belinsky, implicado también en la
construcción de los primeros tramos
del muro de Palestina y entre
cuyas empresas se encuentra Totman
Cement Company. Y a los iraquíes
se les encomendará el trabajo
de construir sus propias tumbas.

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