COLOMBIA // COMUNIDADES DE PAZ
Donde lo inverosímil es el pan de cada día
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NO A LA IMPUNIDAD.
Concentración el pasado
martes 21 de febrero frente a la
embajada colombiana en Madrid. / Carlos Albala

Puede una pequeña
Comunidad de 700
seres humanos alentar
un territorio de

06/04/06 · 0:58
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NO A LA IMPUNIDAD.
Concentración el pasado
martes 21 de febrero frente a la
embajada colombiana en Madrid. / Carlos Albala

Puede una pequeña
Comunidad de 700
seres humanos alentar
un territorio de
paz estando en el punto de
mira de una voluntad imperial
de exterminio? ¿Puede
esta comunidad sobrevivir al
hambre resultante de los bloqueos,
el saqueo y la quema
de caseríos? ¿Puede resistir,
con la única coraza de su entereza
moral, la embestida
conjunta de la investigación
judicial y la mayor parte del
poder mediático que los criminaliza
y desprestigia?
La respuesta es: ¡Sí! Esta
asombrosa apuesta por la no
violencia se encuentra en la
Comunidad de Paz de San
José de Apartadó, que fue
creada el 23 de marzo de
1997 en lo que se conoce como
‘la mejor esquina de
América Latina’, la región de
Urabá (Colombia), muy cercana
al Canal de Panamá, en
un territorio codiciado por
las potencias imperiales,
desde el siglo XVI, como zona
geoestratégica.
El organizarse como Comunidad
de Paz significó el rechazo
absoluto a la presencia
de cualquier actor armado en
su territorio: Ejército, paramilitares
y guerrilla, la decisión
de no facilitar información ni
colaborar con ningún actor
armado y la organización de
una labor conjunta en beneficio
de la comunidad. Este paso
se dio como una manera de
evitar la disyuntiva decretada
por la presión del binomio
Ejército-paramilitarismo que
les forzaba a elegir entre el
desplazamiento hacia los cinturones
de miseria en las ciudades
o la aniquilación de todos
sus habitantes.
Sobre los asesinatos de 175
niños, mujeres y hombres masacrados
hasta febrero de
2006, no hay ni una sola condena.
De estos crímenes, 152
han sido cometidos por el
Ejército y los paramilitares y
23 por las FARC. La impunidad
es total. Cuando la Comunidad
ha ofrecido su testimonio
en los procesos judiciales,
los crímenes se han dirigido
hacia quienes han denunciado.
Por eso no creen en la
justicia del Estado colombiano,
se han negado a seguir
testimoniando frente a ella, y
exigen en cambio la presencia
de la justicia internacional.
Quizás sólo su convicción
inquebrantable de que la vida
merece ser vivida si discurre
en condiciones de dignidad, y
su fe absoluta en el amor y el
invaluable acompañamiento
internacional, han permitido
que esta Comunidad de Paz
persista y se esté convirtiendo
en un símbolo mundial de
paz y de resistencia civil no
violenta en escenarios de
conflicto armado.

Las medidas cautelares dictaminadas
por la Corte Interamericana
de Derechos Humanos
en su favor y, sobre todo,
la asombrosa movilización de
diversos colectivos, personas,
y movimientos de paz, que
han situado acompañantes internacionales
en su territorio
y que están dando a conocer
en el mundo entero el valor inconmensurable
de esta comunidad.
Este es el frágil escudo
que protege sus vidas frente a
un Estado que no ha abandonado
su decisión de evitar que
permanezca, se conozca y
crezca el mal ejemplo que significan
las Comunidades de
Paz y solidaridad en un país
desangrado en un conflicto
que lucra a las corporaciones
de la guerra y sus aliadas que
atizan el odio fratricida.

Tags relacionados: Colombia Militarismo
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