Rigurosamente incierto
El cuñadísimo

No hay nadie más cuñao en este país que un presidente de un club de fútbol, con don José María del Nido como aspirante al título de ‘cuñadísimo’.

14/03/14 · 14:11

Todos escondemos en nuestro interior un pequeño cuñao español dispuesto a manifestarse en las ocasiones más señaladas: en la oficina, en el bar, en el concierto indie, en el tuiter, en la comunión de los chiquillos, casi siempre rodeado de otros cuñaos alfa dispuestos a reírle a uno las gracietas.

Por no hablar del impacto del paso del tiempo sobre nues­tro yo cuñao: todo eran risas con los pantalones de Cachuli hasta que un buen día uno se convierte en un puretón entrado en años al que los cambios físicos y el me-la-suda-lo-estético característico de la edad tardía le llevan a vestir escalofriantes pantalones a la altura de las costillas...

Todo esto le sonará a usted ajeno al tema de este artículo –José María del Nido, la cárcel y el indulto–, pero es absolutamente central por dos factores:

1) No hay nadie más cuñao en este país que un presidente de un club de fútbol (con don José María del Nido como aspirante incluso al prestigioso título de cuñadísimo, vacante tras la trágica muerte de don Jesús Gil y Gil).

2) Como hemos visto al principio, todos somos cuñados, en acto o en potencia, y todos pertenecemos al cuñadismo sociológico: en el momento de la verdad, todos creemos que es mejor comprar una casa que alquilarla, la libertad (sin ira) que el libertinaje, mejor el prietas las filas que la algarada. Somos, en definitiva, conservadores en lo económico y liberales en lo social.

No nos engañemos: por mucho que veamos series de la HBO 18 horas al día, nada podrá frenar a la bestia cuñada, carpetovetónica y española que llevamos dentro.

Nada podrá impedir que, en definitiva, acabemos apoyando (a instancias de la troika) la formación de un gobierno cuñao de salvación nacional compuesto por tecnócratas de los siguientes partidos: PSOE, PP, UPyD, Unión del Pueblo Cuña­do, Izquierda Cuñada y Cuñados-VIII Asamblea.

Si esto es así, es mejor hacerse ya la siguiente pregunta: ¿por qué no asumimos nuestro cuñadismo de una maldita vez y pedimos el indulto para uno de los nuestros? ¿Por qué, eh, por qué?

Don José María del Nido es un hombre que se viste por los pies, amigo de sus amigos, amante esposo, entregado a los suyos, abuelo campechano, sevillista de raza que vino al club a servir y no a servirse, el primero en llegar a la oficina por la mañana y el último en marcharse por la noche, que siempre habló a la cara a sus jugadores y nunca recurrió a la puñalada por la espalda, empresario infatigable del que depende el sustento de cientos de familias, hombre de leyes, partidario de la Constitución (¿para qué vamos a cambiar lo que funciona, eh, para qué? Si es que parecemos gilipollas), el consenso de los partidos (ya no quedan políticos como los de antes) y la unidad de todos los (cuñaos) demócratas contra la deriva separatista de los nacionalistas (es tiempo de unir, no de separar, y además, si Cataluña se independiza, ¿contra quién va a jugar el Barça en la Liga? ¿Contra el Mollerusa? Vamos, hombre).

Glosado el hombre, injustamente encarcelado por los enemigos de Cuñadistán, queda llamar a la solidaridad con el corazón en la mano: ¿acaso un pequeño saqueo de las arcas públicas marbellís es motivo para encarcelar a un español de esta categoría? ¿Estamos locos o qué?

Amigos, el que esté libre de cuñadismo que tire la primera piedra a Del Nido. Y el resto: dejen de ver su serie favorita por un momento, y griten conmigo: ¡Viva España! ¡Vivan los indultos! ¡Larga vida a Don José María del Nido!

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