AUTOMOCIÓN // CC OO, LAB Y CGT SE MANTIENEN FIRMES EN SU PROPUESTA PARA EL CONVENIO
Volkswagen lanza un nuevo envite a su plantilla de Navarra

La empresa alemana
presiona a la plantilla de
Landaben (Navarra) con
la amenaza de trasladar
un tercio de la
producción a otro país.

31/05/06 · 18:58
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PROTESTAS. Cerca de 2.000 trabajadores se concentraron frente al Parlamento de Navarra.

Tras 15 meses desde que comenzara
la negociación del nuevo convenio,
Volkswagen ha decidido hacer
a los empleados de su planta de
Landaben (Navarra) una oferta que
éstos no puedan rechazar: mantener
toda la producción del modelo
Polo (unas 300.000 unidades al año)
en la fábrica a cambio de firmar ya
las condiciones salariales y de organización
de las jornadas que la empresa
propone junto a UGT. De lo
contrario, un tercio de esta producción
anual pasaría a otro centro.

Al cierre de esta edición, los sindicatos
no habían recibido ninguna
notificación acerca de un posible
traslado de parte de la producción
del Polo -único modelo fabricado
en Landaben- a otras
plantas de la compañía. Pero el
mensaje estaba dado a través de
los medios de comunicación, que
reprodujeron una carta de un alto
responsable alemán de Volkswagen:
las plantas de Bratislava,
Bruselas y San Petersburgo quedaban
sugeridas como candidatas
a recibir parte de la producción
navarra si la plantilla de Landaben
no llegaba a un acuerdo con la empresa
“antes del 7 de abril”.

La carta del directivo, de la que
tampoco ha querido comentar nada
la dirección navarra de Volkswagen,
ha supuesto un fuerte elemento
de presión para los 4.200
empleados directos de Landaben.
Éstos aprobaron en referéndum
una propuesta considerada de mínimos
frente a la plataforma defendida
inicialmente por los sindicatos
LAB y CGT. “Ahora nos vemos
en la obligación de defender
unas propuestas que de tan suaves
parecen casi las de la empresa”,
declara Rosa Izurmendi, delegada
de CGT en Landaben.

No ha sido suficiente. El presidente
foral, Miguel Sanz (de la franquicia
local del PP, Unión del
Pueblo Navarro) ha llegado a responsabilizar
a los empleados de poner
en peligro la economía navarra
si persistían en sus demandas, que
una vez retiradas las propuestas salariales
más avanzadas (ver recuadro)
consisten en limitar las medidas
flexibilizadoras planteadas por
la empresa y en reclamar la readmisión
de los nueve trabajadores despedidos
tras las últimas protestas.

¿Farol desde Alemania?

Pese a las posiciones de UGT y de
la minoritaria Confederación de
Cuadros, la posición del resto de
sindicatos (CC OO, LAB y CGT) sigue
siendo unitaria. Juntos han seguido
convocando nutridas asambleas
de trabajadores, así como
manifestaciones, concentraciones y
paros parciales. Con las negociaciones
en Navarra paralizadas y la
incógnita de una posible intermediación
gubernamental, la otra
punta de la cuerda en este juego
de tira y afloja está en la sede alemana
de Volkswagen.

Los sindicatos opuestos a la
propuesta de la compañía consideran
poco fundadas las amenazas
de trasladar parte de la producción
a otras plantas, por considerarlo
técnicamente difícil -sólo la de Bratislava fabrica el
Polo hoy en día- y por la elevada
productividad y flexibilidad demostrada
por la plantilla de Landaben,
que es la que fabrica más
coches por empleado en toda
Europa y que soporta en la actualidad
una congelación salarial en
la práctica, después de 15 meses
sin nuevo convenio.

Fuentes sindicales de la planta
de Volkswagen en Bruselas sí
han confirmado a DIAGONAL
que se quiere destinar a la planta
belga 10.000 unidades anuales
del modelo Polo, tarea para la que
se han enviado trabajadores a las
plantas de Landaben y Bratislava
con el objetivo de conocer los
procedimientos técnicos.
Estas mismas fuentes apuntan
que la dirección ha desvinculado
completamente la medida de la conflictividad
existente en Landaben.

Lo curioso es que esta misma
planta de Bruselas también se ha
visto afectada por rumores sobre
su futuro. Desde que en febrero
Volkswagen anunciara un plan
de reestructuración que afectaría
a 20.000 empleados en todo el
mundo, la empresa ha dosificado
con habilidad la información
para que cundiera la incertidumbre
en cada una de las plantas,
desde los talleres de Seat hasta
las fábricas de Volkswagen Brasil,
sobre las que ahora se cierne
la amenaza de 6.000 despidos.
Así, la planta de Landaben no es
ajena al clima de crisis creado
por una empresa que casi ha
quintuplicado sus beneficios netos
en el primer trimestre de
2006, hasta alcanzar los 327 millones
de euros.


UN CONVENIO SIN GARANTÍAS Y CON LETRA PEQUEÑA

“La empresa no se cree ni su
propia propuesta”, afirma
Rosa Izurmendi, delegada de
CGT, en referencia a la oferta
cuya firma debería poner fin
a las amenazas de traslado
parcial de la producción. A
los sindicatos no les salen
las cuentas: los 193 días
laborables presentados en el
último calendario propuesto
por Volkswagen no darían
para fabricar más de
225.000 unidades en un
año, muy por debajo de la
capacidad plena de la planta
(más de 300.000 unidades)
y bastante más cerca de los
200.000 coches de los que
hablaba el directivo alemán
en su carta-amenaza.

Txetxu Rodríguez, miembro
de la mesa negociadora del
nuevo convenio por parte de
CC OO, insiste en que hasta
la fecha el comité de empresa
no ha recibido ningún
anuncio de traslado de la
producción “ni nada parecido
a un plan industrial coherente”
que justifique o al
menos concrete las amenazas.
Este sindicalista destaca
que, por el contrario, “la
plantilla sí lleva años ajustándose
a las medidas flexibilizadoras
de la empresa”,
entre las que se encuentra el
sistema de bolsas de trabajo.

Este sistema adapta la
organización del trabajo y los
sueldos a las previsiones de
demanda; en el caso del convenio
ahora paralizado, los
trabajadores aceptaron en un
referéndum aumentar o disminuir
la jornada anual con
una bolsa de nueve días frente
a los once que propone
Volkswagen. Los días no trabajados
se cobran -eso sí,
sin pluses- pero se recuperan
al año siguiente cobrando
sólo un complemento.
Si a esto se suma que la
empresa tiene la libertad
de decretar el cierre de la
planta hasta 20 días por
año, se comprende que la
comparación entre la propuesta
salarial de la plantilla
y la oferta patronal apenas
arroje luz sobre el
conflicto. La diferencia está
en la letra pequeña: el límite
de 30 días de jornada
adeudados por la empresa,
la demanda de hacer efectivas
las subidas salariales
desde enero y no en abril,
y sobre todo la garantía de
que se mantenga la capacidad
productiva de la planta.

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