EJÉRCITO //PRESENCIA MASIVA DE SOLDADOS INMIGRANTES EN UNIDADES DE CHOQUE
Las unidades peligrosas, con 30% de inmigrantes

DIAGONAL conversa con
soldados españoles e
inmigrantes sobre las
condiciones de los
extranjeros en el ejército y
su presencia masiva en las
unidades más peligrosas.

20/06/09 · 0:52
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En 2001, cuando el Ejército español
se profesionalizó, perdía una media
de mil soldados cada año. El entonces
ministro de Defensa, Federico
Trillo, abrió las puertas de la institución
más cerrada y castiza del Estado
español a futuros soldados que
carecían de nacionalidad española,
tras haber intentado infructuosamente
captar a hijos de españoles
emigrantes en países como Argentina
y Uruguay.

Sin embargo, tal aperturismo en el
reclutamiento se limitaba a ciudadanos
que procediesen de 18 países latinoamericanos
y de Guinea Ecuatorial
debido a “sus condiciones de
vinculación histórica, cultural y lingüística
con España”, una eufemística
expresión utilizada por el
Ministerio de Defensa para referirse
al colonialismo. Se requería tener
la tarjeta de residencia temporal
o permanente y se restringían las
opciones del soldado inmigrante a
ciertas especialidades dentro de cuatro
unidades militares. A nadie se le
escapaba que a los inmigrantes se les
destinaba a los denominados cuerpos
de alta operatividad, las unidades
más duras y peligrosas, llamadas
‘de choque’, tales como la Brigada
Paracaidista o la Legión, entre otras.

Algunas ONG, como Rumiñahui o
la Asociación de Colombianos consideraron
discriminatorios los requisitos
del reglamento de entonces y denunciaron
que el Ejército “capta inmigrantes
a la desesperada para cubrir
vacantes”. Así, el Ministerio de
Defensa organiza campañas específicas
para captar futuros soldados inmigrantes
en consulados, asociaciones
y medios de comunicación.

“El incremento de extranjeros se
nota muchísimo en la Legión y en los
destinos más arriesgados y difíciles”,
comenta David S., un ex soldado de
nacionalidad española que entró con
18 años en el ejército y que ahora trabaja
en una empresa de seguridad
privada. “Nunca te pueden obligar a
un sector, tú lo eliges, lo que pasa es
que en la entrevista que te hacen
cuando vas a entrar hablas con un
sargento que te cuenta que es todo
muy bonito o que aquí puedes entrar
y aquí no. Más o menos medio te engañan,
medio te convencen”, explica
este ex soldado, que vivió de primera
mano la llegada de los soldados inmigrantes
durante sus tres años en
el Ejército. Además añade que “si conoces
a gente en el Ejército, tienes
algo de experiencia o familiares que
sean militares siempre te van a decir
que nunca te metas en la Legión porque
es lo más duro y arriesgado”,
mientras que “a una persona extranjera,
que no sabe nada del Ejército
español, es mucho más fácil convencerla”,
explica.

“Tenía un trabajo estable y un sueldo
que estaba bien respecto a lo que
ganábamos en Perú, además tenía
30 días de vacaciones al año y días
de descanso en navidad” relata
Zaida-Vilma Jiménez Quispe, viuda
de Jorge A. Hernández Seminario,
un soldado de la II Bandera Paracaidista
de Alcalá que murió en
Afganistán. “También quería aprender
teoría y práctica. Se estaba formando
como paracaidista y le encantaba”,
recuerda Zaida-Vilma.

“Defensa se ha empeñado en evitar
que el alistamiento de inmigrantes
se perciba como una vía para
llenar las camas vacías de los cuarteles”,
afirmaba el periódico ecuatoriano
El Universo de tendencia
conservadora. Si en 2002 Defensa
establecía un cupo máximo del 2%
de extranjeros en el Ejército, hoy en
día el porcentaje se eleva hasta el 9%.

La mayoría son de origen ecuatoriano
(42%) y colombiano (39%), aunque
también hay soldados bolivianos
y peruanos. “Cuando entré en 2002
éramos muy pocos extranjeros”, explica
David C., ex soldado con doble
nacionalidad boliviana y española.
Pasó 16 de los 18 meses que marcaba
su contrato con el ejército. Pero se
hartó y se fue, incumpliendo su contrato.
“El problema fue cuando volví
y fui a renovar mi DNI y me dijeron
que estaba con una orden de busca y
captura”, cuenta David C. “Tuve un
juicio, pero cambiaron deserción por
abandono de destino”. Finalmente
no entró en la cárcel. Sobre los primeros
tiempos en el Ejército recuerda:
“Fue complicadito, porque como
era de los pocos extranjeros que había,
la gente no estaba acostumbrada
y siempre había algún problemilla”.

Convivencia difícil

V., ex soldado de nacionalidad española,
explica que “la necesidad de
mantener gente en el Ejército hizo
que el alto mando diera órdenes explícitas
de no putear a los inmigrantes.
Los mandos han dejado de agobiar
a los latinos, pero hay muchos
soldados con un racismo cultural
muy grande que están confusos porque
ven que en ‘su Ejército español’
están entrando ‘subhumanos’, ‘bárbaros’,
‘analfabetos’, ‘monos’... Les
llaman de todo...”, explica V. “Sin
embargo, hay excepciones porque
los latinoamericanos son gente infinitamente
más educada y menos violenta
y agresiva que los españoles;
entonces mucha gente simpatiza con
ellos, gente que ve que no hay agresividad
en su trato”, narra V., un ex militar
de izquierda que no responde al
patrón habitual de soldado.

V. resume el proceso de integración:
“La convivencia fuerza la relación,
la relación lleva al conocimiento,
que lleva a la ruptura de la ignorancia
inicial. Se daban cuenta de
que ‘los negritos’ hablaban de chicas
y eran una peña normal, jugaban
bien al fútbol, les mola la Play
Station... Y empieza una relación”.
“Cuando yo entré no estaban tan
acostumbrados y ahora, o están
acostumbrados o se tienen que
aguantar”, afirma David C.

Para V., “existe una discriminación
cotidiana”, mientras que David
S. opina que “los mandos desprecian
por igual al inmigrante y al español”.

Por su parte J.S., un ex soldado con
la doble nacionalidad venezolana y
española cree que “todos, tanto inmigrantes
como españoles, son carne
de cañón”.

Entre 2002 y 2004 no se contemplaban
compensaciones en el supuesto
de muerte, mutilación o invalidez
para los soldados inmigrantes,
que tampoco tienen derecho a voto.
En 2004 Defensa les concedió la indemnización
en caso de fallecimiento
o incapacitación. Pero mientras
no obtengan la nacionalidad, tienen
cerrado el paso a la carrera de suboficiales y oficiales. Tampoco pueden
permanecer más de seis años
en el Ejército sin la nacionalidad.

Cupos crecientes

En 2007 se estableció por ley la ampliación
de la oferta hasta abarcar
todas las unidades de tierra y especialidades
como hostelería en la
Armada. Además, el cupo del 2%
como proporción máxima de inmigrantes
aumentó hasta el 7%.
También se permitió, gracias a una
enmienda en el Senado a la Ley de
la Carrera Militar, la entrada de médicos
latinoamericanos ante la fuga
masiva de facultativos de nacionalidad
española en el Cuerpo Militar
de Sanidad (50 bajas al año y ningún
nuevo ingreso). Un año antes,
la Ley de Tropa y Marinería estableció
una subida salarial del 18,6% para
el personal activo y del 5,8% para
el personal en la reserva, lo que se
traducía en un sueldo de unos
13.500 euros brutos al año, dependiendo
del destino asignado.

En 2006, un 37% de los reclutados
fueron inmigrantes. Ese año había
en total 3.548 efectivos sin nacionalidad
española, representando
un 4,6% del total del Ejército. En
2008, las Fuerzas Armadas contaban
con 5.440 extranjeros (el 6,87%
de los efectivos de tropa y marinería)
y este año el cupo del 9% está a
punto de alcanzarse, según reconocía
el contralmirante y subdirector
general de reclutamiento del Ministerio
de Defensa, Luis Cayetano y
Garrido en Abc. Éste añadía que “al
final de este año esperamos contar
con unos 7.740 [inmigrantes] del total
de 86.000 efectivos”.

Si bien el cupo máximo de inmigrantes
en el ejército es del 9%, la
presencia de éstos en las unidades
más peligrosas, las que suelen ser
destinadas al extranjero, supera el
30%. Además diversas fuentes señalan
que este porcentaje es más
bien conservador. “En esas unidades
es donde más se sale y también
se gana muchísimo más dinero”, explica
David S., sin olvidar que “si tú
sales de misión ganas 3.000 euros al
mes. No estás saliendo de misión
por la patria, estás saliendo de misión
porque ganas medio kilo”. Por
su parte, J. S. señala que “los españoles
no quieren ir a estas unidades”.

Para José Luis Pitarch, comandante
de Caballería en la reserva y
profesor de la Universitat de València,
“habiendo un 30% de inmigrantes
en misiones peligrosas y teniendo
en cuenta que el cupo máximo
actual en todo el ejército es del
9%, parece aquello de que vayan a
morir los pobres”.

Sin embargo, hay cierto temor
entre los militares españoles ante
una disyuntiva que muchos se plantean:
“si te enfrentas contra
Colombia y la mitad de los soldados
son colombianos, ¿a quién van a
apoyar?”, se pregunta David S.
Especulaciones de ese calibre se
plantea José María Pairet Blasco,
coronel de Infantería retirado y secretario
general de la Asociación de
Militares Españoles (AME), de tendencia
derechista. Para Pairet, con
la entrada de los inmigrantes “se
desvirtúa por completo el sentido
de lo que es la milicia, algo de carácter
nacional, y parece que sólo
son unos mercenarios movidos por
el trabajo o por la paga”. Sin embargo,
en defensa de los inmigrantes
en el Ejército, el portavoz de AME
añade: “Yo conozco a muchos marroquíes
y a gente de cualquier país
de estos y son gente encantadora y,
desde luego, sienten España más
que muchos españoles, más que
muchos catalanistas”. “Desde el
punto de vista de la defensa nacional
estamos en contra radicalmente.

En vez de tener soldados extranjeros
lo que habría que hacer es darles
lo que les corresponde a los soldados
nacionales”, insiste Pairet. Al
principio de la entrevista, el coronel
retirado se niega a decir cuántos
miembros forman parte de su
asociación aunque al final asegura
que son miles de socios, “entre
4.000 y 5.000”. ¿Cuántos militares
inmigrantes forman parte de AME?
“Todavía no tenemos inmigrantes
pero podríamos recibirlos; extranjeros
no me constan, quizá algunos,
lo tengo que mirar”, responde
Pairet descolocado.


“Le dijeron que iba a prestar ayuda humanitaria”

Jorge Arnaldo Hernández
Seminario fue el primer soldado
inmigrante fallecido
en una misión extranjera
del Ejército español. Fue el
8 de julio de 2006 en Afganistán.
“El momento más
doloroso fue cuando me
dijeron que había muerto:
todo se acabó, todo está
frío, todo está horrible”,
relata Zaida-Vilma Jiménez
Quispe, su viuda, sentada
en el sofá de su casa en un
barrio popular de Madrid.

“Ha tenido que pasar
mucho tiempo para entender
que la vida continúa”.
Junto a ella un mueble sostiene
las fotos y las condecoraciones
(del Ejército, de
la Comunidad de Madrid,
del Gobierno español y de
la ISAF) que recibió su
marido. “En mi país hay
gente de ideas nacionalistas
que decían que él era
un mercenario y eso me
dolía mucho porque no
saben nada de nuestra
situación”, recuerda. Su
marido, que estuvo en el
ejército peruano dos años,
“vino aquí, y después de
trabajar de jardinero y de
conserje, se metió en el
Ejército y lo dio todo”. “Le
rogamos que no se fuera a
Afganistán pero se fue
voluntario”, recuerda Zaida-
Vilma, que añade: “Iba a
hacer un trabajo de ayuda
humanitaria, eso es lo que
le dijeron, y estaba contento”.

Cuando faltaban dos
días para su vuelta tuvo el
accidente. “Siempre me
dijeron que estaba haciendo
una patrulla de reconocimiento,
prestando seguridad
a la OTAN”, afirma. A
pesar de todo, Zaida-Vilma
está “bastante contenta
con las condecoraciones” y
cree que su marido “se ha
ido con mucho honor”.

Sin marroquíes por “cultura”

El Ministerio de Defensa,
en sus campañas de
limpieza de imagen corporativa,
suele afirmar
que la presencia de
inmigrantes en el ejército
responde a la realidad
social española. “El
ejército es un poderoso
mecanismo de integración
[de los inmigrantes]
en la sociedad
española”, afirmaba en
2008 el entonces ministro,
José Antonio Alonso.

Sin embargo, la
mayoría de los inmigrantes
en el ejército
son de origen latinoamericano
mientras que
la mayoría de inmigrantes
en el Estado español
son de origen marroquí.
“Por razones culturales
no se admite la
posibilidad de que este
grupo pueda alistarse
en nuestro ejército”,
recordaba el teniente
coronel y encargado de
reclutamiento Francisco
Ortiz de Zárate en El
Correo. Paradójicamente
una tercera parte de
las tropas en Ceuta y
Melilla son de religión
musulmana, origen
marroquí y nacionalidad
española.

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