Los manifestantes piden una vez más “la caída del régimen”
Túnez se tambalea tras el asesinato de Chokri Belaid

El país ha celebrado el viernes una huelga general con un seguimiento masivo a la vez que daba el último adiós a Belaid, mientras el Gobierno tripartito liderado por los islamistas se encuentra sumido en una crisis sin precedentes.

08/02/13 · 22:30
Chokri Belaid en un mitin del Frente 14 de Enero celebrado en Túnez en febrero de 2011. / Gladys Martínez López

Decenas de miles de personas han despedido en la tarde del viernes en el cementerio de Túnez capital a Chokri Belaid, el líder del Movimiento de los Patriotas Demócratas, de tendencia marxista y panarabista, asesinado el miércoles de varios disparos cuando salía de su casa. El entierro se ha producido en una jornada de huelga general que, convocada por el sindicato Unión General de los Trabajadores Tunecinos (UGTT), con 500.000 afiliados, ha tenido un amplio seguimiento. “Todos los establecimientos se encuentran cerrados desde ayer a las cinco de la tarde”, dice a Diagonal durante la huelga Farouk Jhinaoui, miembro del Movimiento de los Patriotas Demócratas, que añade que, además de un multitudinario cortejo fúnebre, el paro en el país en repulsa al asesinato ha sido generalizado. A su vez, los abogados, compañeros de profesión de Belaid, permanecen en huelga desde el jueves.

El asesinato de este líder político ha conmocionado al país y lo ha arrastrado a uno de los momentos más convulsos desde la revolución que derrocó al dictador Ben Ali hace ya dos años. Belaid caía bajo las balas sólo cuatro días después de sufrir junto a los miembros de su partido un ataque durante el congreso que celebraban en la localidad de Kef, agresión de la que él mismo acusó a militantes de Nahdha, el partido islamista moderado en el poder, y a miembros de los reducidos pero violentos grupos salafistas que han surgido en el país. Sus familiares han acusado de ser responsables del asesinato directamente a Nahdha y su líder Rachid Ghannouchi, y el mismo día del crimen miles de personas salieron a la calle en diversas ciudades gritando por segunda vez las consignas de la revolución: “El pueblo quiere que caiga el régimen”. Mientras, Ghannouchi negaba enérgicamente cualquier tipo de implicación suya o de su partido en el crimen y aseguraba que "el asesinato de Chokri es un golpe dirigido contra el Gobierno porque es el responsable de la seguridad" y ha acusado a los criminales de "buscar un baño de sangre".

En ciudades como Siliana, Kef, Monastir y Sfax los locales de Nahdha han sido asaltados o quemados y las protestas y enfrentamientos, en los que ha muerto un policía, se multiplican en el país. Al menos 132 personas han sido detenidas en Túnez capital y en los alrededores del cementerio en la jornada de huelga y la policía ha empleado de manera continuada gases lacrimógenos en los últimos días contra los manifestantes, incluso durante el entierro de Belaid.

La Liga Tunecina de Derechos Humanos ha hecho un llamamiento al Gobierno para que proteja a los políticos amenazados. Según Jhinaoui, en los últimos días el secretario general del sindicato UGTT y dos miembros del partido han recibido amenazas de muerte, entre ellos el vicesecretario general, Mohamed Jmour, cuyo coche fue saqueado mientras visitaba a la familia del fallecido.

Las consecuencias políticas de este crimen no se han hecho esperar. Todos los representantes de la oposición decidieron el mismo día del asesinato suspender su participación en la Asamblea Nacional Constituyente, paralizando la redacción de la Constitución, y horas después el primer ministro y miembro de Nahdha, Hamadi Jebali, anunciaba la disolución del Ejecutivo y la creación de un Gobierno de Unidad Nacional formado por tecnócratas. La desautorización por parte de su partido tampoco tardó en llegar. “Hemos rechazado esta propuesta. El jefe del Gobierno ha tomado esta decisión sin consultar con la coalición gubernamental ni con el movimiento Nahdha”, decía ante las cámaras Sahbi Atig, jefe del grupo parlamentario del partido islamista.

En estos momentos el Gobierno, que ha perdido su legitimidad a ojos de buena parte de la sociedad civil, se tambalea sumido en un caos patente, pues Jebali se ha reafirmado en su decisión de crear un Ejecutivo de unidad, sin que en estos momentos se sepa cuál será el desenlace, mientras que la Presidencia de la República ha hecho también un llamamiento a un “Gobierno de consenso nacional”.

Chokri Belaid, abogado defensor de los derechos humanos y encarcelado en numerosas ocasiones bajo el régimen de Ben Ali, se convirtió en secretario general del Movimiento de los Patriotas Demócratas Unificado (Watad) tras su legalización en marzo de 2011, y en octubre de 2012 participó en la creación del Frente Popular, coalición formada por 12 partidos de izquierdas.

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