PANORAMA // LOS NEGOCIOS DE JUAN CARLOS I
Treinta años a cuerpo de rey

Las tramas financieras del monarca y el rico prosperar de su familia y de toda una subcorte que utiliza la imagen real para optimizar sus inversiones, señala a uno de los asuntos más oscuros de la Casa Real.

23/04/06 · 13:23
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AL MARGEN DE LA LEY. El monarca nunca se ha visto salpicado por los
escándalos que le han rodeado.

Se suele decir que la corte española
es “una corte sin cortesanos”, y es
cierto que los monarcas no han sido
amigos de aliarse con la aristocracia.
En su lugar han preferido empresarios,
banqueros y élites del poder
económico y jet set en general.
Juan Carlos I llegó al trono literalmente
con lo puesto. Se dice por
cronistas del momento que incluso
tenía que pedir el dinero a su padre,
para visitar a su novia en Atenas.

Labrándose un futuro

El comienzo de su autosuficiencia
económica, se remonta a 1962
(coincidiendo con su boda con
Sofía), cuando el banquero Luis
Vallas Taberner comenzó a administrar
una “suscripción popular”
que aportaría liquidez económica
a los recién casados. En aquella
‘renta básica real’ colaboraban
además de otros banqueros, muchos
nobles y empresarios del
franquismo, según indica Patricia
Sverlo (seudónimo del autor) en
su libro Un rey golpe a golpe.
Otro de los que ha declarado haber
hecho transferencias importantes
al monarca fue Ruiz Mateos.
Tras la expropiación de Rumasa,
siendo prófugo de la Justicia en
Londres, acusó al rey de haber aceptado
“miles de millones” no solo de
su propio bolsillo, sino del de diversos
empresarios. El Fiscal General
del Estado le acusó de un delito de
injurias: lo que podría haberse convertido
en un sumario comprometedor
quedó reducido a nada.
En su libro El negocio de la libertad,
Jesús Cacho habla de las vías
de financiación personal del rey, según
señala “una de las primeras formas
conocidas fue el petróleo, las
comisiones del crudo que importaba
España para cubrir sus necesidades
de energía. Nada más ocupar
Juan Carlos I el trono a la muerte
del dictador, Manuel Prado [y Colón
de Carvajal, el hombre de confianza
del rey] se dedicó a remitir varias
misivas reales a otros tantos monarcas
reinantes, especialmente del
mundo árabe, para pedirles dinero
en nombre del rey de España”.

Hay constancia documental de
una carta firmada por Juan Carlos I
y dirigida al Sha de Persia, el 4 de
julio de 1977, donde el monarca tras
una descripción de la situación política
dice: “me tomo la libertad, con
todo respeto, de someter a tu generosa
consideración la posibilidad de
conceder 10 millones de dólares como
tu contribución personal para el
fortalecimiento de la monarquía española”.
Dos años después el Sha
de Persia, títere de EE UU en la zona,
cayó tras la revolución islámica.
Sus buenas relaciones con los
dictadores árabes también quedó
patente en la respuesta favorable
de la monarquía saudí a la petición
de un crédito de 100 millones
de dólares. Exactamente la misma
cantidad pagada por la empresa
kuwaití KIO a Colón de Carvajal,
indica Cacho. Y prosigue:
“los pagos se justificaron en
Kuwait por la necesidad de que,
durante la llamada ‘Tormenta del
Desierto’, la aviación estadounidense
pudiera disponer a su antojo
de las bases aéreas españolas
de Rota y Torrejón, para lo que era preciso ‘untar’ a los políticos”.

El último escándalo real llegó de
Francia, donde en la instrucción del
caso Elf (2003) por apropiación indebida,
su ex presidente Le Floch-
Prigent declaró sobre la compra de
Ertoil “haber entregado 55 millones
de francos en España a numerosos
hombres políticos; en particular
a los próximos a Felipe González
y del entorno del rey Juan
Carlos”, con el que Le Floch-Prigent
aseguraba haberse visto en
múltiples ocasiones.
Según José García Abad, autor
del libro La soledad del rey: “Felipe
González hizo la vista gorda ante
los negocietes y escapadas reales e
incluso llegó a realizar alguna importante
negociación en beneficio
de la Familia Real: envió a su hombre
de confianza, Julio Feo, a gestionar
cerca del Gobierno griego la
devolución de los bienes de la familia
de doña Sofía, que habían sido
confiscados cuando el rey
Constantino fue destronado”.

Próximos a Juan Carlos I aparecen
además nombres como
Mario Conde, Alfonso Escámez,
los Albertos... Destaca en sus relaciones
el conocido como ‘clan
de Las Cuatro Estaciones’, nombre
del restaurante del que Miguel
Arias, Joaquín Vázquez Alonso,
Jaime Cardenal Pombo y el propio
rey son socios. Algunos aparecieron
implicados en la trama
de Ibercorp. Entre ellos se tejió
una tupida trama de negocios.
Cardenal Pombo fue socio de
Borja Prado (hijo de Manuel Prado)
en el sector armamentístico.
Este último también coparticipa,
junto a su madre Paloma Eulate y
la Infanta Elena en la empresa
Micos Mi Primer Cole, SL. Borja
Prado fue requerido como testigo
por parte de la Audiencia
Nacional en la instrucción del caso
Banesto y se ha visto relacionado
con traficantes de armas.
Joaquín Vázquez Alonso fue el
constructor que remodeló en su día
el Palacio de la Zarzuela, y socio de
Cardenal Pombo y Arias en varios
negocios inmobiliarios.

La desaparecida revista de investigación
Kalegorría indicaba que
próximo a este grupo estaba Francisco
Sitges, ex presidente de Asturiana
de Zinc y ex propietarios de
los astilleros Mefasa. Esta empresa
fue la encargada de construir el yate
Fortuna, tras una adjudicación
estatal. Sitges acabó en el banquillo
de los acusados del caso Banesto.

El paraíso mallorquín

Mallorca ha sido el otro espacio
de ilustres amistades del monarca,
en este caso mucho más aristocráticas.
Allí, el rey Juan Carlos
intimó con el príncipe Zourab
Tchokotua, un aristócrata georgiano
que fue procesado por un
juzgado mallorquín en 1978 y en
1992 en relación con presuntas
estafas inmobiliarias. En la última
instrucción figuraba también
su socio Oliver Mateu, otro hombre
cercano al rey. Según Kalegorría,
el clan Mallorca se completaba
con un grupo selecto de
empresarios hosteleros.

El rey fue fotografiado el 7 de
agosto de 1990 en Puerto Portals,
junto a sus amigos Giovanni Agnelli
(dueño de FIAT) y Raul Gardini,
ex presidente de Montedilson, la
empresa química a la cual Juan
Abelló vendió su laboratorio Antibióticos
con un beneficio de 450 millones
de dólares. Tanto Agnelli como
Gardini se vieron implicados en
casos de corrupción en Italia. Este
último se suicidó en 1994.
Es público que el Fortuna II fue
financiado por un grupo de empresarios
mallorquines, los cuales
juntaron 17,5 millones de dólares
para hacer el regalo real. Hoy el
monarca navega en el Fortuna III,
valorado en más del doble que el
anterior.

Mallorca es una buena fuente de
ingresos para el rey en patrocinios,
ropa y equipamientos deportivos,
bebidas y relojes para la familia real,
convertida en un atractivo modelo
publicitario a veces subliminal
y otras descarado.

¿Qué dinero tiene el rey?

La partida de los Presupuestos Generales
del Estado para los gastos
de la Casa Real no esta sometida
por ley al control del Tribunal de
Cuentas. La Constitución de 1978
permite al monarca disponer de él
sin dar más explicaciones. En
1980, el Gobierno le asignó 200
millones de pesetas. Hasta entonces,
el rey apenas cobraba un sueldo
de Capitán General. Actualmente,
la partida del Presupuesto
General del Estado asciende a los
7,78 millones de euros.

Debido a la opacidad de la casa
real, la fortuna del rey es difícil de
cuantificar. La revista Forbes (abril
2003) incluye a Juan Carlos I en el
sexto lugar de los monarcas más ricos
de Europa con una fortuna de
1.790 millones de euros, el puesto
134 entre los más ricos del planeta.

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