Pamela Palenciano, activisra contra la violencia machista
“Transformo mi rabia a través del arte”

Palenciano nos habla de su exposición fotográfica ‘No sólo duelen los golpes’, que refleja la violencia de género a partir de su propia experiencia, convertida en un relato transformador y de denuncia

29/12/09 · 15:18
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DIAGONAL: ¿Cómo definirías tu
proyecto?

PAMELA PALENCIANO: Lo definiría
con la expresión de “lo personal
es político”. Para mí es una revolución,
una forma de ver que el
modelo de amor machista imperante
es doloroso, injusto, insano y un
modelo que urge transformar.

D.: ¿Cuándo y por qué surge la idea
de realizar una exposición fotográfica
sobre violencia de género?

P.P.: Viví la violencia machista desde
los 12 a los 18 años con mi primer
novio. Descubrí lo que había
vivido tres años después, en la universidad.
Conocí a una chica que
me contaba cosas de su relación
con su novio, que a mí me revolvían
el cuerpo. Entonces, me fui al
Centro de la Mujer de Málaga y empecé
mi terapia de malos tratos.
Tenía tanta rabia que quería que todo
el mundo se enterase de que éramos
muchas las mujeres víctimas
de esta violencia. La psicóloga me
aconsejó transformar mi rabia en
algo más positivo. Estaba estudiando
comunicación audiovisual y tenía
una asignatura de fotografía.
Empecé a investigar y a trabajar en
la línea de las imágenes que hoy
componen la exposición No sólo
duelen los golpes. Es lo más lindo
que me ha pasado en la vida: transformar
la rabia a través del arte y
hacer denuncia de esta manera.

D.: ¿Cuál es el objetivo de acompañar
esta exposición de talleres?

P.P.: Una vez me preguntaron en
la facultad por qué hacía fotos sobre
violencia hacia las mujeres y
relaté un poco mi historia. Esto lo
vio Rosa, una profesora de Torrox,
Málaga, y me invitó a ir al colegio
donde ella trabajaba a contar lo
mismo que en la universidad. Empecé
a dar talleres por Málaga,
después por Madrid, Valencia… y
de ahí a México, Colombia, Austria
y El Salvador, el país en el que
ahora resido. Convertí el contar mi
experiencia en un taller de prevención
de violencia machista para jóvenes
y para policías, presas y presos,
profesorado...

D.: ¿Cómo se hace para concienciar
a las y los adolescentes de que
también en esas edades pueden
verse envueltos en relaciones de
violencia machista?

P.P.: Este tema se empezó a ver con
estereotipos: mujer ama de casa y
hombre alcohólico donde él le pega
y ella está llena de golpes. Así, todo
el mundo se sentía lejos de vivir en
su cuerpo esta violencia o esta agresividad.
En mis talleres se analiza
el modelo de amor que se transmite,
y de cómo en él se encuentran
los celos, el control, la dependencia,
y cómo esto puede ser el principio
de comportamientos como que
lleguen a romperte el móvil, levantarte
la mano, humillarte. En esta
edad necesitan más cercanía, hablarles
desde la experiencia, no tanto
de la teoría, o de lo que se debería
o no hacer. Creo que cuanto más
se prohíbe es peor.

D.: ¿Cómo está siendo la experiencia
de llevar tus talleres a países latinoamericanos?

P.P.: He tenido una acogida con
mucho respeto por el hecho de ser
extranjera. La gente alucinaba de
ver que en Europa también somos
machistas. Tienen demasiado complejo
respecto a que son los más
machistas del mundo. Allí la violencia
es más extrema, el machismo
llega antes al asesinato por lo que
significa la violencia en la cultura.

D.: ¿Qué hace falta para erradicar
la violencia de género?

P.P.: El trabajo con los niños, chicos
y hombres para deconstruir la
masculinidad tradicional e inventarse
otra nueva. Cambiar de una
vez los estereotipos en el amor y
buscar una diferencia en los cuerpos,
sin negarlos a ellos ni a las experiencias
vividas. Y enseñar que
ser libre implica ser responsable.
Como dijo Clara Campoamor, “la
libertad se aprende ejerciéndola".

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