ANÁLISIS: LOS PUNTOS NEGROS DEL NUEVO ESTATUTO DEL TRABAJO AUTÓNOMO
Trabajando sin contrato: autónomos a la fuerza

El próximo octubre entra en vigor el Proyecto de
Ley del Estatuto del Trabajo Autónomo. Entre
otros aspectos, el texto legal valida la existencia
del ‘trabajador autónomo dependiente’, una figura
cuyas condiciones varían significativamente
respecto al empleo habitual. Estas páginas abordan
algunos de los aspectos menos conocidos de
una situación laboral que va en aumento.

20/09/07 · 11:16
Edición impresa



Nosotros no te contratamos.
Trabajarías para
nosotros como personal
colaborador” o “Nosotros
te haríamos un contrato mercantil”
o también: “Nos haces factura”. ¿Te
suena? Desde hace varios años es
más que habitual, cuando vamos a
una entrevista de trabajo o leemos
un anuncio de empleo en prensa,
que lo que se nos ofrezca sea trabajar
para una empresa pagando
por nuestra cuenta la Seguridad
Social (SS).

El pasado 28 de junio finalizó la
aprobación, con el apoyo unánime
del Parlamento, del Proyecto de Ley
del Estatuto del Trabajo Autónomo
(BOE 12-7-2007), que entrará en vigor
el 12 de octubre, si bien habrá
que esperar al desarrollo reglamentario
para su aplicación práctica.
Mediante esta ley, que se presenta
como aquélla que equipara los derechos
de las personas que trabajan
como autónomas y las que lo hacen
por cuenta ajena, se reconoce, por
primera vez en un texto legal, la figura
del ‘trabajador autónomo económicamente
dependiente’, que se
lleva por la borda toda una serie de
derechos laborales logrados a lo largo
de décadas de luchas sociales.

¿De dónde viene?

La actual lógica productiva de flexibilización
y de tratar de reducir al
mínimo las cargas laborales ha llevado
a la expansión de las subcontratas,
tanto en el sector público o
estatal como en el privado.
En el caso del sector público, si la
Administración necesita prestar servicios
como el transporte urbano, la
limpieza, la gestión del agua o el cementerio
no contrata para ello a más
personas en plantilla, sino que subcontrata
estos servicios a empresas y
personas que trabajan como autónomas
que los realizan por ella.

Igualmente, las empresas privadas
subcontratan todo lo posible (véase
caso Telefónica-SINTEL o Telefónica-
DIGITEX, empresa que realiza
la atención telefónica de Movistar,
donde quien trabaja no tiene, claro
está, los mismos derechos laborales
que en la empresa principal, en este
caso Telefónica. Es la filosofía del ‘divide
y vencerás’). Otra forma de subcontratación
del personal son las
Empresas de Trabajo Temporal, evitando
vínculos laborales y dando por
finalizada en cualquier momento la
relación laboral, por ejemplo, de un
día para otro.

¿Autónomo y dependiente?

Como consecuencia del espectacular
desarrollo de las subcontratas
en construcción, transporte
(SEUR, DHL...), enseñanza (Administración,
asociaciones...), aparece
lo que se ha denominado ‘trabajador
autónomo económicamente
dependiente’. Es quien, cotizando
a la Seguridad Social como
autónomo, realiza su trabajo para
un único cliente o, según la redacción
de la nueva ley, quien percibe
más del 75% de sus ingresos desde
un mismo cliente.

En realidad es alguien que trabaja
para una empresa sin contrato de
trabajo costeándose íntegramente
las cuotas de la Seguridad Social.
Esta figura, hasta ahora no reconocida
legalmente, existía aprovechando
vacíos legales y la indiferencia
de la Inspección de Trabajo.

Tradicional (y gramaticalmente)
se entiende por autónomo quien trabaja
por su cuenta de forma libre, por
ejemplo un fontanero que trabaja sin
jefe, o quien vive de su pequeño negocio.
Ser ‘autónomo’ y a la vez ‘dependiente’
es una contradicción.

3.100.000 afiliaciones

Las empresas se han dado cuenta
de que no tienen por qué contratar
a sus trabajadores y trabajadoras,
pudiendo evitarse burocracia y
obligaciones laborales. Esto ha
contribuido a que las afiliaciones
en el Régimen de Autónomos se hayan
disparado hasta alcanzar las
3.100.000 actuales.

Según datos del Informe de la Federación
Nacional de Asociaciones
de Trabajadores Autónomos-ATA,
(uno de los escasos estudios existentes)
de estas afiliaciones, 400.000
respondían, ya en 2005, al perfil del
‘dependiente’, incrementándose su
número en un 89,4% en sólo cinco
años (2000-2005). Siguiendo este ritmo
de crecimiento, este año se rozará
el medio millón de personas en
esta situación.
De acuerdo con el Dictamen elaborado
para el Ministerio de Trabajo, el propio CES (Consejo Económico
y Social) “manifiesta su
preocupación sobre los posibles
efectos de la regulación del trabajador
autónomo económicamente
dependiente” con un “posible deslizamiento
de asalariados a trabajadores
autónomos dependientes”.

¿Y a mí qué?

Trabajando de este modo estamos
excluidos de toda legislación laboral,
ya que nuestra relación con la
empresa ya no depende del Estatuto
de los Trabajadores, sino del
nuevo Estatuto del Trabajador Autónomo
y del Código Mercantil, por
tanto: no tenemos derecho a las pagas
extras anuales, a los 30 días de
vacaciones, a cotizar a la Seguridad
Social conjuntamente con quien
nos contrata, a cobrar el Salario
Mínimo o ‘el paro’, etc.
Mediante esta ley la Administración
reconoce y legitima la figura
del “dependiente” flexibilizando y
precarizando aún más el mercado laboral
y permitiendo, ahora ya legalmente,
que la empresa para la que
vamos a trabajar pueda negarse a hacernos
un contrato de trabajo.

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