Miles de personas dentro y fuera del país viven estos días atentos a los cambios en Túnez
"Todo el mundo quiere pararte por la calle y contarte que va a cambiar todo"

La revolución tunecina ha contagiado de alegría las calles y ha transformado una sociedad sometida durante 23 años por una tiranía respaldada por Occidente, sobre todo Francia.

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03/02/11 · 15:01
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Texto de Daniele Grasso y José Miguel Gala

Tras 23 años situados en las más altas esferas del poder tunecino, tanto el partido oficialista de la Reagrupación Constitucional Democrática como la administración pública y las fuerzas de seguridad,
disfrutaban de un liderazgo incondicional, respaldado y legitimado por potencias europeas.

La revuelta que estalló en diciembre monopolizó las portadas de los periódicos internacionales. Respecto a la macabra danza del número de muertos de los enfrentamientos entre manifestantes y policía, nadie conoce la cifra exacta. Se pasa de los 78 declarados por el Gobierno a los más de
120 de las ONG, mientras, según se lee en el informe realizado por la Red
Euromediterránea para los Derechos Humanos (REMDH), "se sigue sin conocer el número de heridos y de encarcelados, lo que alimenta la sospecha de posibles desapariciones".

En la página web magharebia.com, una de las publicaciones digitales más
completas y fiables sobre la política en los Estados del Magreb, se puede leer el espontáneo comentario de un joven tunecino: "Nuestra revuelta ha sido guiada por las ideas de libertad, justicia social, y dignidad. Es la revolución de los estudiantes, pupilos, unionistas, intelectuales, juristas y todos los hombres y las mujeres honestos".

El comentario parece confirmar las ideas de Jesús Nuñez, miembro de la comisión de REMDH, y visitante de Túnez entre el 18 y el 23 de enero. Tras una semana en la que se ha entrevistado tanto con políticos y sindicalistas como con estudiantes y simples ciudadanos de a pié, nos comenta que "la sensación final es la de una alegría contagiosa, todo el mundo quiere pararte por la calle y contarte que va a cambiar todo, que es la hora
del cambio"
. Casos como del joven que se inmoló, Mohamed Bouazizi se habían ya registrado en el país”, nos recuerda.

"Por ejemplo hace dos años, en Kafza, hubo una huelga de mineros, y hubo una brutal represión policial e inmolaciones de protesta. Pero la revuelta acontece ahora y no aconteció antes... Igual porque se han dado cuenta de que esta vez el Rey está desnudo". Quiere subrayar que
"por la calle había hombres y mujeres sin distinción alguna, no había partidos o actos de protesta organizados, sino un estado de movilización permanente guiado por el mismo pueblo tunecino".

Hacia una transición verdadera

Roberto Bellani, profesor de Cultura Árabe en la Universidad milanesa "Bocconi", explica así su visión de lo acontecido: "Ya en los años 70 y 80, en los que solía viajar regularmente al Magreb, se decía que el estallido demográfico habría creado automáticamente, y en poco tiempo, un cambio radical en el marco político y social en todas estas zonas árabe-hablantes y de religión islámica". En su opinión, "los tiempos ya están maduros para que nos esperemos este cambio. Lo que espero, es que los que pongan en marcha estos cambios nunca dejen de mirar a la dignidad de los seres
humanos".

Jesús Núñez ha viajado hasta Túnez estos días y no es muy optimista: "Desde el estallido de la revolución han sido creadas tres comisiones: una que controla la corrupción, una que vigila las acciones de protesta y una que guíe la reforma de las instituciones". Sus representantes, que tendrán diez personas a sus órdenes una vez que el decreto que las legaliza sea aprobado por el gobierno, "no saben ni lo que harán, ni con que medios, ni con qué libertad de acción. «Tendrán todo lo que necesitan» es la respuesta que dan a quien quiera informarse sobre el asunto". Según este miembro de
REMDH, "la situación difícilmente va a cambiar si aguanta, aunque sea dos o tres semanas más, el actual Gobierno".

Mientras tanto, ya han dimitido seis de los 20 ministros, y las carteras de Interiores, Exteriores, Finanzas y Defensa siguen administradas por hombres de confianza del régimen de Ben Alí. Todo ello en un país
donde dos millones de personas trabajaban para la policía secreta fiel al viejo régimen
, que actúa desde dentro y desde fuera del país.

Muy pronto, y tras muchos años con el puño cerrado, la disidencia en la sombra ha comenzado a mover ficha: gran mayoría de esa oposición se ve , o puede verse por los movimientos islamistas que habían sido ilegalizados en el país para garantizar así el apoyo de los países europeos. Estos, cegados por la lucha constante contra el terrorismo islámico, no han sabido ver cómo "el islamismo político de Túnez no es el mismo de Irán", nos explica Jesús Núñez: "Estamos hablando de un país con más de un
millones de ciudadanos que residen al extranjero y siete millones de turistas occidentales
que se van allí de vacaciones cada año: que nos guste o no, los islamistas tienen voz en el proceso democrático".

La incertidumbre es tal, que raro es el día en el que los
tunecinos no se despiertan con noticias que vienen a contradecir a las inmediatamente anteriores: quizás esta incertidumbre sea, al fin y al cabo, una buena señal.

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