ESTADO ESPAÑOL // SÓLO EN CATALUNYA SE HAN DESTRUIDO 15.200 EMPLEOS EN LOS DOS ÚLTIMOS AÑOS
El textil ‘made in Spain’ se desangra

Las presiones del mercado llevaron al sector textil, un
campo en el que el 80% de los asalariados son mujeres,
a ensayar una liberalización que ha multiplicado
los beneficios de los grandes productores y expandido
un modelo de producción basado en la presión sobre
los salarios y la constante amenaza de la deslocalización
de fábricas. Desde hace más de una década
ONG y sindicatos denuncian las condiciones de trabajo
en los suministradores que trabajan para compañías
como Inditex, Carrefour o El Corte Inglés.

06/09/10 · 8:10
Edición impresa

 

Desde que en 1764 el británico James 
Hargreaves inventara la Spinning 
Jenny, una máquina hiladora 
multibobina que propulsó la Revolución 
Industrial y la conversión de miles 
de agricultores en obreros urbanos, 
la industria textil ha servido como 
laboratorio de las distintas fases 
del capital. No resulta extraño, por 
tanto, que la actual crisis en el sector 
del textil
comenzase unos años antes 
del hundimiento de Lehman Brothers.

En el sector del textil y la confección 
el comienzo de la crisis se fecha 
en 2005, año en que se extinguieron 
los últimos acuerdos multifibras, 
destinados, a juicio del ex jurista de
Naciones Unidas, Alejandro Teitelbaum, 
a proteger las inversiones del 
capital. Estos acuerdos quedaban superados 
por el Acuerdo sobre Textiles 
y Confección (ATC)
, firmado en 
2004 y que supuso la liberalización 
del sector y la multiplicación de las 
maquilas.

Desde entonces, la producción 
de tejidos y ropa en China y
otros países como Hong Kong, México, 
India o Bangladesh compiten con 
la Unión Europea y Estados Unidos 
con una fórmula basada en salarios 
bajos
, que se sitúan en torno al 5 o 
10% de lo que se cobra en países desarrollados; 
plazos cortos de entrega 
(que se consiguen gracias a jornadas 
de 14 y hasta 18 horas); horas extras 
que a menudo no se cobran, y represión 
de los sindicatos o de iniciativas 
de Negociación Colectiva. Este modelo 
de producción, que describió 
hace diez años la periodista Naomi 
Klein
en el libro No Logo, el poder de 
las marcas ha modificado el sector 
de forma que, como explica Isidor 
Boix, secretario de Acción Sindical 
Internacional de la Federación de 
Industrias Textil-Piel, Químicas y
Afines de CC OO, “en estos momentos 
el mercado del vestido en los 30 
países más desarrollados se cubre 
esencialmente con la producción de 
160 países en vías de desarrollo”.

Boix ha explicado a DIAGONAL 
que el final de los acuerdos multifibras 
supuso “la continuación de un 
proceso de reconversión industrial” 
por el que las pequeñas y medianas 
empresas han visto reducido su papel 
en el mercado frente a las grandes 
corporaciones, capaces de distribuir 
masivamente productos a muy 
bajo coste. Según refiere el informe 
Pasen por caja de la campaña ropa 
limpia, el mismo tipo de pantalón de 
vestir que en los años ‘80 se vendía a 
23 euros en una gran superficie hoy 
puede encontrarse por menos de 
cuatro. El resultado de la liberalización 
ha sido que empresas como 
Inditex
, que agrupa a ocho marcas 
de las que Zara es la más conocida, 
han crecido de forma espectacular 
en este periodo. En 2001, Inditex, 
propiedad de Amancio Ortega, tenía 
un valor en bolsa de 9.160 euros, a 
día de hoy esta cifra ha ascendido 
hasta 32.637,5 millones. Mientras las 
tiendas de moda se expanden por el 
mundo, la producción de su ropa 
prosigue el proceso de deslocalización: 
“las empresas importantes subcontratan 
cada vez más, deslocalizando 
la producción hacia Portugal 
y también hacia Marruecos, Turquía, 
China o Bangladesh”, explica Boix.

La otra cara: paro en el Norte

Catalunya, València y Galiza son las  áreas más importantes de los sectores  del textil y la confección en el  Estado español. En la comunidad gallega más de cien empresas han cerrado.  Una gran parte de éstas producían  prendas para el grupo Inditex,  Adolfo Domínguez o Verino. El  trabajo se acaba en las fábricas y talleres  gallegos. En 2008 y 2009 se  destruyeron 4.400 empleos, el 25%  del total. En Catalunya, zona especializada  en tejidos e hilos y primera  productora del Estado, en dos años  se han perdido 15.200 empleos en  los sectores textil y de la confección.  Más de 1.200 fábricas se han cerrado,  456 en el sector textil y 773 en la confección.

Mientras en campos como la construcción 
se ha experimentado una leve mejoría en 2009 con respecto a 
2008, la caída de empleo en el textil 
y la confección se ha acelerado a lo 
largo del último año. Como refiere 
Boix, en mayo de 2010 el trabajo en 
este sector ha caído un 9% con respecto 
al año anterior. En 2004 había 
232.000 personas trabajando en el 
textil y la confección, en 2009 eran 
casi cien mil menos.

Del Sur al Norte

A las malas cifras de empleo en el sector se suma que, tradicionalmente,  la confección es un campo en el  que la economía sumergida representan  importante papel tanto en los  países del Sur como en los del Norte. “Demasiadas veces desde la red de producción de las grandes marcas  se producen subcontrataciones en  cadena que llegan hasta la economía  sumergida”, relata Boix, quien considera  que por este motivo los compromisos de responsabilidad social  corporativa deberían llegar “hasta el  último eslabón de la cadena de producción” sea en el norte o en el sur.

Como señala Isidor Boix, un significativo 
aumento de los salarios en 
los países del Sur repercutiría poco 
en el precio de las prendas, sin embargo 
para las productoras seguiría 
siendo imposible competir con los 
salarios. Por ello, para Boix la solución 
pasa por mejorar la eficiencia 
de las empresas radicadas en 
España, para lo que son necesarios 
avances en los derechos sociales en 
general y sindicales
en particular. 
Además, concluye este sindicalista, 
“la acción en los países del Sur es 
particularmente importante y sólo se 
producirá al nivel que sería necesario 
cuando los trabajadores del Norte 
asumamos que nos interesa el avance 
de los derechos en el Sur, cuando 
la solidaridad se asuma como un elemento 
esencial de la defensa de 
nuestros propios derechos”.

La necesidad de mayor control

La mayoría de las empresas del sector textil se limitan a adoptar acuerdos que no les comprometen a sancionar a las empresas que incumplen sus códigos de conducta. Para la campaña ropa limpia, es necesario que las empresas participen de Iniciativas multipartitas (o Multistakeholder Initiatives) que incluyan auditorías independientes a las empresas subcontratadas, visitas sin previo aviso y entrevistas a los trabajadores en condiciones de confidencialidad.

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comentarios

4

  • |
    Juan
    |
    28/02/2013 - 8:02pm
    Sabían ustedes que una prenda de vestir que es comprada en 3 Euros en el país de origen, llega a ser vendida en 15 o 20 Euros al comprador final? podrían pagar en españa 4 Euros o incluso 5? claro que si, pero disminuirían sus utilidades..., se necesitan empresarios cocientes y que amen su país.
  • |
    anónima
    |
    03/01/2012 - 2:55pm
    No todo es responsabilidad del "Tercer Mundo" Yo pertenezco a un país "Tercermundista" donde hace tiempo se vienen cerrando textiles. Deberían ver las grifas que, en su mayoría, provienen de China e India, donde el control solo existe para las ONG que luchan contra la explotación. No es bueno culpar a otros países de las equivocaciones cometidas. España tiene problemas para aceptar que el € fue una equivocación, sumada a la mala administración del Estado y a que los españoles tienen aun la costumbre de mirar para afuera y no verse a sí mismos. Mas humanismo y sabiduría, podrían ser claves para que el país retorne a su seguridad y estabilidad. Un año nuevo trae otra oportunidad. Dejen la ira y comiencen a intentar salir de este momento con la experiencia y sin el rencor.
  • |
    anónima
    |
    03/01/2012 - 1:09am
    Simplemente no interesa solucionarlo. Los beneficios que cada vez son mayores, se reparten cada vez entre menos gente. Los trabajadores del tercer mundo son trabajadores de tercera, que seguirán emigrando para poder comer. Seguirán siendo mal vistos y seguirán siendo explotados. Los queremos ver trabajando doce horas en trabajos que nadie quiere, pero no los queremos ver paseando por "nuestras calles", sólo los queremos de "esclavos". Queremos tener chachas baratas, pero que no vayan a nuestra Seguridad Social... Los trabajadores del primer mundo reducirán sus condiciones laborales "porque la crisis es mundial, y hay que apretarse el cinturón...". Las clases medias, se convierten en clase media-baja, y pierden poder adquisitivo año a año. Las empresas se deslocalizan. Nos quedamos sin empresas. El pequeño empresario no puede competir, contra las condiciones de esclavitud del tercer mundo, y echa el cierre. Mientras grandes corporaciones, bancos, aseguradoras y gestoras, incrementan sus beneficios. Manipulan el poder político y evaden impuestos a través de los paraísos fiscales. Este déficit de ingresos por impuestos se vuelve a cargar en las clases medias, que reducen su consumo. Mientras no exijamos mejores condiciones para estos trabajadores del tercer mundo y el control de capitales de las grandes empresas, no saldremos de esta espiral. El problema es que los que tienen dinero e influencias no pararán hasta que no maten a la gallina de los huevos de oro, que es el sistema en sí. Vamos caminando sin control hacia una destrucción masiva de empresas, concentradas en gigantescas corporaciones, con mucho poder y sin escrúpulos. Y a su vez, a unas condiciones de absoluta precariedad laboral, con una pérdida absoluta de la vida personal y familiar. Que tantos años ha costado mejorar.
  • |
    anónima
    |
    02/01/2012 - 3:13pm
    Esto es una muerte anunciada. ¿Pero cómo, quién o qué podria solucionarlo? ¿Quién controla que las fabricas del "tercer" mundo cumplan compromisos laborales? Si es más barato fabricar y producir alli, ¿Porqué sigue costando lo mismo aqui? Las marcas no bajan los precios, en cambio si bajan los sueldos de sus empleados aqui, o los congelan o los despiden, pero los de aqui. Esto se puede aplicar a cualquier producto, no solo al textil. ¿Hasta donde podremos aguantar si todas las fabricas se van y aqui sólo quedan vendedores? ¿Nos quedaremos en un país de servicios, turismo, vicio y corrupción?
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