ANÁLISIS: NEGOCIOS DE LA ORGANIZACIÓN CRIMINAL ITALIANA
Los tentáculos españoles de la camorra napolitana

La camorra, organización mafiosa que extiende su poder en Nápoles (Italia) a través
del tráfico de drogas y es responsable de casi 4.000 muertos en 30 años, actúa desde
los ‘80 en el Estado español, donde invierte el dinero sucio en el negocio del turismo.

04/01/07 · 0:00
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Nápoles es una ciudad en
guerra, donde la legalidad
y el Estado desaparecen
tragados por
una matanza sin freno. Es la capital
de la camorra, organización criminal
compuesta por 2.000 familias
en lucha permanente por un poder
que factura 12 millones y medio de
euros al año, de los que siete provienen
del tráfico de drogas; mucho
más dinero del que se necesitaría
para financiar la deuda de los ferrocarriles
públicos, al borde de la
quiebra. Pero este poder tiene un
alto precio, los asesinatos: más de
50 en 2006, casi 4.000 en 30 años.
Alarmado por el incremento de los
homicidios, el Gobierno de Prodi
llegó a discutir el envío del Ejército.

Mientras los políticos hablan de
estrategias militares para intervenir
y acciones sociales para los sectores
más marginados, los médicos
no osan meter a los heridos en las
ambulancias hasta que no llega la
policía porque salvar la vida de
quien ha sido “condenado a muerte”
por la camorra “está prohibido”.
Mientras, los adolescentes son atiborrados
de anfetaminas y enviados
a controlar el tráfico de drogas.
Y en las casas del extrarradio de
Nápoles cada mes se espera la llegada
de la mesata, el ‘sueldo’ que la
camorra da a los familiares de los
‘afiliados’ que están en la cárcel o
han sido asesinados.

¿Esto es Italia? Lamentablemente
sí, el último rincón de Italia, desgarrada
por las luchas del crimen organizado.
Es también Europa, el
ombligo de Europa, el corazón de
una economía ilegal que produce
millones de euros con fábricas clandestinas
de zapatos y ropa, con empresas
constructoras que edifican
en todas partes, con miles de trabajadores
del tráfico de drogas y camiones
de residuos tóxicos ilegales
que, llegados de toda Italia, envenenan
tierra y agua. Los clanes mafiosos
amasan enormes capitales económicos
que invierten en el norte
de Italia, Alemania, Holanda, Francia
y España.

En España trabajan desde siempre
los clanes de la camorra, pero
parece que políticos y empresarios
no advierten que el país está creciendo
gracias al dinero sucio de la
camorra aunque no se vean las balas,
como ha explicado Roberto
Saviano en una reciente entrevista
a El País y como ha escrito en Gomorra,
un libro que penetra en el
imperio económico y en los sueños
de dominio de la camorra. El libro
no ha gustado a los clanes, lo que
ha obligado al escritor a vivir con
escolta en un lugar secreto.

La camorra alarga sus tentáculos
en España desde los ‘80. En Andalucía
actúan los clanes de la provincia
de Caserta: cuando fue asesinado
Peppino Diana, un cura que había
denunciado a la camorra, el jefe
Nuncio De Falco, que vivía en
Granada, fijó un encuentro con policías
italianos en un restaurante del
campo andaluz. De Falco echó la
culpa a los Schiavone, una familia
rival, versión desmentida después
por otro ‘arrepentido’, Guiseppe
Quadrano, que vivía en un pueblo
cercano a Valencia con el objetivo
de crear el enésimo clan empresarial-
criminal en España. Al final,
ambos fueron arrestados y se descubrió
que De Falco había levantado
un potente cártel criminal junto
a hombres de la N’drangheta (mafia
calabresa) y la Cosa Nostra (mafia
siciliana): había construido un
imperio en la Costa del Sol, contribuyendo
a transformar la zona en
una perla del turismo de masas.
En Canarias, se extiende el poder
económico del clan de los Nuvoletta,
única familia no siciliana presente
en la cúpula de la Cosa Nostra.

En Italia, los Nuvoletta son famosos
por haber renovado los mecanismos
de inversión del narcotráfico,
creando un sistema de
‘accionariado popular’ de la cocaína
por el que empleados, pensionistas
y madres de familia pueden
participar en la compra de partidas
de droga. Los beneficios del narcotráfico
se han reinvertido en apartamentos,
hoteles y tiendas tanto en
Italia como en España. Tenerife es
el lugar en que Pietro Nocera, mánager
que coordinaba el capital de
los Nuvoletta, había ido a explicar a
Armando Orlando, en la cúpula del
clan, los gastos de la construcción
de un imponente complejo creado
para alimentar el negocio del turismo
en España.

Y Barcelona es la ciudad predilecta
de los ‘traidores’ de la alianza
de Secondigliano, barrio devastado
por dos años de enfrentamiento entre
el clan Di Lauro y los secesionistas,
que en Nápoles son llamados
“Los Españoles”. Su líder, Raféele
Amatto, escapó a Barcelona sin haber
pagado su cuota al clan. Amatto
era el responsable de los puntos españoles
donde la camorra empezó
a controlar también el tráfico de
drogas, como Madrid, un centro
fundamental para la cocaína llegada
de Colombia y Perú. Cuando
Amatto y los suyos se rebelaron
contra Di Lauro, comenzó una de
las más largas y sanguinarias guerras
recordadas en el sur de Italia.
No paró ni siquiera el 27 de febrero
de 2005, cuando Amatto fue detenido
en Barcelona. Aunque la tregua
fue firmada seis meses después entre
Los Españoles y Di Lauro, este
año ha vuelto a encenderse la chispa
en Nápoles, con nuevos enfrentamientos
y asesinatos.

En el informe semestral enviado
al Parlamento italiano por los servicios
secretos, se habla de “nuevos
enfrentamientos sanguinarios en el
corazón de la ciudad”. Hay un aspecto
en estos meses que se confirma
de forma cada día más trágica:
“En Nápoles, la vida no vale nada”,
ha dicho el policía de la sección anticamorra.
Y el dinero sucio termina
lejos, incluso en España, donde,
limpio de sangre y balas, alimenta
el negocio del turismo.

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