PROTESTAS GLOBALES POR EL ACOSO A SINDICALISTAS EN LA MULTINACIONAL
Starbucks: el maquillaje de la ’empresa solidaria’

Pese a su imagen de
marca comprometida
con el comercio justo y la
preservación del medio
ambiente, la cadena de
cafeterías dificulta las
libertades sindicales en
sus tiendas y abusa de
los productores de café.

07/06/07 · 0:00
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SIDNEY. Protesta en el día de acción contra Starbucks. “No te pases al lado oscuro” / OXFAM América.

Es el ejemplo de tienda universal y
marca de éxito joven. Es, también,
una muestra de la uniformización
de las ciudades. 13.000 establecimientos
en 35 países. Una constelación
de franquicias idénticas a lo
largo del planeta con unos mismos
carteles, mismo mobiliario y hasta
una temperatura exacta del café.

Nacida en los años ‘70, Starbucks
no ha seguido el guión de Nike,
Coca-Cola o McDonald’s. Al menos
no en apariencia. Su imagen de
marca huye de la imagen de voracidad
empresarial. La estrategia es
otra: Responsabilidad Social Corporativa.
Tres palabras que, junto a
la elegancia artificial de sus locales,
suponen la guía de la empresa moderna,
chic y concienciada.

“Café con certificado de comercio
justo”, “compromiso con el medio
ambiente”, “compromiso con
las comunidades”, “iniciativas de
voluntariado”... su lista de causas
benéficas llega a aturdir. Se trata,
aseguran, de una misión: “Aportar
a nuestra comunidad y defender el
medio ambiente. Tratar a las personas
con respeto y dignidad. Servir
el mejor café del mundo”.

Por encima de las discusiones sobre
esto último (los cafés con frambuesa
o café con cerveza más bien
horrorizan a los enamorados de esta
bebida), lo cierto es que el trato a
los empleados se sitúa en el extremo
opuesto a lo que difunde su imagen
corporativa. Hasta tal punto
que el 17 de mayo sindicatos de todo
el mundo se unieron contra el
acoso a sindicalistas de la cadena.

En Madrid, frente al Starbucks
de la plaza de Callao, miembros de
la central CGT repartieron octavillas
sobre las actuaciones de la compañía.
Según se denuncia, “desde el
año 2004, miembros del sindicato
IWW (Industrial Workers of The
World) están llevando a cabo protestas
para defender los derechos
de los trabajadores”. La macrocadena
ya había sido blanco de una
queja ante la Junta Nacional de
Relaciones de Trabajo de EE UU
por el despido de activistas del
Sindicato de Trabajadores de Starbucks
(de la IWW). Además, añade
CGT, el 12 de junio “en la Junta
Laboral de Manhattan se abre otro
proceso contra Starbucks por incumplimientos
de derechos laborales
en cuatro cafeterías, que afecta
a más de diez compañeros y compañeras”.
Sus reivindicaciones son
básicas. Piden salario digno, horarios
estables y seguro médico.

La situación no es muy diferente
a este lado del Atlántico. En el Estado
español hay ya 43 Starbucks.
Para José Pascual, del área internacional
de CGT, la situación de los
trabajadores “no se diferencia de la
de otras franquicias por el estilo:
temporalidad, una indefensión laboral
enorme y muchas dificultades
para sindicalizarse”.

Y al igual que en otras multinacionales,
los beneficios millonarios
apenas se sienten entre los trabajadores.
Como señalaba Naomi Klein
en No Logo, en Starbucks se dio el
caso de reducción de los salarios
“durante un período en que la cadena
duplicó sus negocios y abrió 350
nuevas tiendas al año”. Todo ello
pese a que en su ‘misión’ Starbucks
declare prioritario “mostrar lo agradecidos
que estamos y cuánto les
valoramos y respetamos”.

Starbucks y el café etíope

En diciembre, otra protesta
global tuvo como
blanco a Starbucks. En
más de 12 países se
reivindicó que la macro
cadena reconociera la
propiedad de los agricultores
etíopes sobre
su propio café. Durante
años, Starbucks ha
ofrecido los cafés Sidamo,
Yirgacheffe y
Harar, los mejores
cafés etíopes y de
cuyos ingresos los
campesinos apenas
obtienen una cantidad
minúscula. Para paliarlo,
el Gobierno de Etiopía
lanzó un proyecto
con el que lograr la
propiedad legal de las
denominaciones de
calidad, lo que podría
suponer una mejora
para los agricultores.
Pero Starbucks elevó
una protesta para que
la solicitud del país
africano no fuera aceptada
por la oficina de
patentes de EE UU.
Después de meses de
protestas, Starbucks y
el Gobierno etíope llegaban
a un principio
de acuerdo. Algunas
ONG se han felicitado.
Otras señalan que
Starbucks sólo ha reconocido
«que el café etíope
es café etíope»,
pero sigue instrumentalizando
el comercio
justo como márketing
para lavar su imagen.

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