REVOLUCIONES ÁRABES // EL RÉGIMEN DE AL ASAD SIRVIÓ COMO EXCUSA PARA LA GUERRA CONTRA EL TERRORISMO
Siria: los límites de la impunidad

La facilidad para poder comunicar lo que ocurre en las calles sirias ha conseguido desestabilizar a un Gobierno anclado en la represión silenciada.

02/05/11 · 19:17
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PODER. Bachar al Asad lleva once años ejerciendo como presidente de Siria. Foto: Shamsnn.

Las imágenes difundidas por la red Sham el 28 de marzo son escalofriantes. El hermano del presidente sirio Bashar al Asad, el coronel Maher, jefe de la temible Guardia Republicana, graba con un teléfono móvil los cadáveres destrozados y las piernas amputadas y esparcidas entre las ruinas de una localidad cerca de Daraa. En febrero de 1982, Rifaat al Asad el hermano del entonces presidente sirio Hafez al Asad perpetra una matanza sin precedentes en el país arrasando la ciudad rebelde Hama. El número de víctimas oscila entre 25.000 y 30.000. Sin embargo, la diferencia entre los dos contextos es abismal, aunque el régimen pretende mantener los mismos métodos de represión contra el pueblo sirio.

Cuando Rifaat al Asad, que goza actualmente de los privilegios de la impunidad en Costa del Sol, atacó Hama al frente de las macabras Brigadas de Defensa, el mundo era diferente y la opinión pública indiferente, porque carecía dramáticamente de información. La matanza de Hama pasó casi desapercibida porque a nadie le interesaba realmente lo que hacía una dictadura con sus súbditos cuando la sombra de la Guerra Fría planeaba sobre el planeta, cuando El Líbano estaba sumergido en una guerra civil y cuando Sadam Husein acababa de provocar la primera Guerra del Golfo contra Irán.

Quizás los graves acontecimientos de esa coyuntura eclipsaron la matanza. Sin embrago, hay otro elemento determinante que explica la indiferencia y más tarde el olvido y la amnesia que precedió incluso la rápida reconstrucción de la ciudad. El mundo se hallaba compartimentado, el otro estaba lejos, exótico. En fin, el infierno eran los demás, como dijo Jean Paul Sartre. En su momento, uno de los mejores aliados de la barbarie era la incomunicación, la carencia de información e imágenes impactantes que pueden llevar un sudafricano a manifestarse para solidarizarse con un peruano en un tiempo record.

La situación cambió radicalmente y la tecnología se convirtió en el peor enemigo de las dictaduras árabes que están intentando, en vano, acallar las voces de unos pueblos jóvenes y llenos de vida, pueblos que aspiran a vivir en paz y a disfrutar por fin de la libertad. Bashar al Asad y su hermano ya no tienen la ventaja que tenían su padre y su tío. Los canales que emiten por satélite no titubean a la hora de difundir imágenes grabadas por aficionados con cámaras digitales o teléfonos móviles. Las restricciones a los movimientos de periodistas extranjeros ya no sirven de nada porque los jóvenes viven en la era digital, mientras que los dictadores se agarran a la era analógica.

Este desfase lo vimos en Egipto cuando los matones del régimen de Mubarak utilizaron mulas y camellos para irrumpir en la plaza de Tahrir, fue cuando un joven egipcio declaró sonriente a una cadena de televisión: “Nosotros utilizamos Facebook y Twitter y ellos nos atacan con mulas y camellos”, la suerte estaba echada. Cada dictador actuó a su manera ante estos jóvenes que rentabilizaron al máximo la herramienta de internet y sobre todo las redes sociales para armonizar sus esfuerzos contra la tiranía.

El régimen sirio optó por las armas de toda la vida: las matanzas y las torturas en los centros de detención de la policía política. Bashar afirma una y otra vez que se trata de una conspiración contra Siria. No hay que sacar el concepto de conspiración del contexto de la retórica de los panarabistas que recurren a la inagotable y a la vez abstracta excusa de la conspiración para explicar sus infinitas derrotas contra Israel, el fracaso de sus políticas económicas y sociales y también el descontento de la gente.

Hace seis siglos, el pensador tunecino de origen sevillano, Ibn Jaldún, que creía firmemente que lo único permanente era el cambio puso fechas de caducidad a las dinastías y a los sistemas políticos: “En efecto, el estado del mundo y de los pueblos, sus costumbres, tendencias e ideas no persisten en un mismo ritmo ni en un curso estable: es todo lo contrario, un devenir constante, una serie de vicisitudes que perdura a través de la sucesión de los tiempos, una transición continua de un estado a otro”.

La dinastía al Asad no tiene por qué ser la excepción y escapar a esta trituradora de la historia. Es verdad que desde la llegada de Hafed al Asad al poder en 1963, se vivieron situaciones excepcionales en Siria como el monopolio del poder por la minoría alauí y los leales al partido único el Baaz, la utilización del conflicto contra Israel como fuente de legitimación del régimen, la república hereditaria y otras anomalías, pero el régimen sirio no será capaz de cambiar la esencia misma de la historia.

Los sirios pueden considerarse de hecho como rehenes de un régimen sangriento que salió bastante robustecido de la fallida guerra contra el terrorismo lanzada por George W. Bush y su cúpula de extrema derecha. Situar a Siria en el famoso eje del mal fue el mejor premio que recibió ese régimen estalinista que se apoyó en el antiamericanismo en el mundo árabe después de las guerras de Afganistán e Irak. De hecho cuando faltaban pocos meses para la entrada de George W. Bush y sus colaboradores al basurero de la historia, al Asad fue invitado al desfile del 14 de julio de 2008 en París.

Fue una manera de reconocer el importante papel estratégico de Siria, pieza clave en un complicado juego de alianzas con Irán y Hezbollah, retaguardia de facciones palestinas perseguidas por Israel como Hamás e interlocutor inevitable de actores regionales como Turquía, Arabia Saudí y Qatar. Hasta Israel no está dispuesto a cambiar un enemigo eterno, pero débil por otro desconocido que le quitará la etiqueta de la única democracia en Oriente Medio. Mientras tanto el pueblo sirio es la víctima de este indecente afán estabilizador en la zona y del descarado realismo político de los estrategas occidentales. Afortunadamente las revoluciones no entienden de equilibrios.

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comentarios

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    anónima
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    13/06/2011 - 5:12pm
    <p class="spip">Justamente el artículo dice lo que tú comentas: el intrincado juego de relaciones, intereses y cuotas de poder, invisibilizan las intenciones y estrategias de los movimientos sociales sirios, que me parece, no son propiedad exclusiva de occidente.</p> <p class="spip">La complejidad de la realidad social, como siempre, no se reduce a buenos y malos.</p> <p class="spip">Un abrazo!</p>
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    María José
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    05/05/2011 - 6:18pm
    Excelente artículo de análisis, felicito a los compañeros de Diagonal por los nuevos fichajes, como este profesor, Mourad Zarrouk de la Universidad Autónoma de Madrid. Hace un repaso interesante del papel de Siria desde el punto de vista estratégico y otros aspectos de este país que ayudan a entender las revueltas en Siria. Se agradece encontrar en Diagonal artículos de esta calidad.
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    anónima
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    03/05/2011 - 1:27pm
    Muy poquito análisis ofrece este artículo como para tenerlo en cuenta como una fuente fiable. No me parece que esté a la altura de lo que pedimos los lectores de Diagonal. ¿qué papel juega hoy Siria en el tablero internacional? ¿qué propone esa oposición? ¿sus cabezas visibles? ¿cómo se gestó la oposición? ¡algo! que nos saque de las tinieblas. Lugares comunes como régimen sanguinario, estalinista etc. no explican nada más bien dejan a las claras la poca intención del autor de explicar
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    anónima
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    03/05/2011 - 2:48am
    Para mí que lo de Siria es tres cuartos de lo mismo que lo de Libia. De hecho, hemos podido ver en TeleSur a ciudadanos sirios, residentes en este o aquel país, denunciando que se trata de un montaje y que los medios de prensa occidentales están deformando lo que pasa. Incluso los residentes sirios en Barcelona publicaron hace un par de semanas un comunicado en ese sentido. Los informes de dentro de Siria indican que la mayor parte de la población apoya al régimen, precisamente por eso, porque todo cristo se huele que esto es un montaje. Aparte las noticias de Wikileaks de que EE.UU. financia a la oposición, etc. Sin embargo, en Bahrein, base de la V Flota yanqui, con las protestas aplastadas incluso con intervención extranjera, nadie clama por la dignidad ni los derechos humanos, ya no aparece ni en la prensa. Tres cuartos de lo mismo con el Sahara, Palestina, etc. Por poner un ejemplo, que hay más. Y por no hablar de los resultados de la "revolución" egipcia, por ejemplo, en que se han cargado al Mubarak, al que han cogido como cabeza de turco, pero los que estaban en el poder continúan en él, al igual que continúa la represión de los militares. Todo esto es un montaje, y los cuentos de terror que nos cuentan demonizando al enemigo a través de la "opositora" -que no imparcial, es un medio de propaganda, no de información- Sham News Network (SNN) suenan a historieta de fantasía tipo Bin Laden. ¿Cuál es el próximo? ¿Venezuela? ¿Cuba? ¿Los islandeses, si no se portan bien? ¿Hemos de apoyar esto para apoyar las puertas del cambio, de un cambio "lleno de oportunidades" hacia la situación que hoy viven por ejemplo en Iraq, en que un país laico ha pasado a ser controlado por los fanáticos religiosos, se han destruido sus infraestructuras de todo tipo, se ha hundido en la pobreza y es una mera colonia? ¿O Afganistán, que todos sabemos que ahora es un bucólico y plácido país montañoso en el que reinan la paz y la libertad? ¡Bonita dignidad! En serio: ¿nos toman por tontos?
  • Bachar al Asad lleva once años como presidente de Siria. / FOTO: Shamsnn.
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