ANÁLISIS // EL ACTUAL PAPEL DE CC OO Y UGT
Los sindicatos y el cambio de modelo

Este economista critica las propuestas de los grandes
sindicatos sobre la necesidad de un cambio de modelo.

28/07/09 · 0:00
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Todos los que hablan de cambiar
el modelo productivo
no saben lo que dicen. Todo
modelo hunde sus raíces en
la historia, depende de las condiciones
naturales del país y del contexto
en que se haya desarrollado, y también,
por supuesto, de las políticas
seguidas a lo largo del tiempo. Por
decirlo escuetamente: el modelo económico
de un país es la concreción
en un momento dado de su evolución
histórica.

La primera conclusión de
esto es que un cambio de modelo
productivo no puede realizarse a corto
plazo sino que para llevarse a cabo
necesita mucho tiempo, aparte de
recursos, planificación, claridad de
objetivos, tenacidad, paciencia… Y,
finalmente, de cierta paz entre las
clases –un cambio de modelo no es
un cambio de sistema–, porque de
otro modo la evolución económica y
el modelo que plasme serán fruto del
conflicto de intereses entre ellas y no
de un cierto consenso social.

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C. Méndez y F. Toxo. Máximos dirigentes de UGT y CC.OO. respectivamente

Sin llegar a la frivolidad extrema y
engañosa de Zapatero, que al anunciar
recortes en la desgravación fiscal
de la vivienda ya dijo que era para
promover un nuevo modelo económico,
todos los que se expresan a
favor del cambio revelan más un deseo
que convicciones sobre la posibilidad
real de emprenderlo. Abrumados
por la gravedad de la crisis, resentidos
por los profusos disparates
y aberraciones cometidos en los años
anteriores, añoran una economía
más racional y menos deforme. Sin
embargo, en este tema, se pueden
entender hasta las deshonestas confesiones
de los que, pudiendo haber
hecho otra política, se aprovecharon
en el pasado, pero no tienen credibilidad
los propósitos de enmienda.

Primero, porque una situación tan
grave, con secuelas sociales tan desoladoras,
no constituye un momento
propicio para propugnar ideas razonables
para el futuro dentro de los
límites del sistema: la crisis encona
el conflicto de clases y todo lo que se
decide es en clave desesperada, para
taponar agujeros, al punto de que la
política económica de los últimos
tiempos es una cadena de ocurrencias
improvisadas y a veces contradictorias.
Los que hablan de la necesidad
de cambiar el modelo, o de las
reformas estructurales “pendientes”,
piensan en cómo hacerlo a favor de
los intereses que defienden.
Y segundo, porque la mayoría ha
guardado un silencio cómplice en el
pasado, cuando estábamos en la
Champions League, mientras obtenían
los frutos fáciles, materiales y
políticos, de un desarrollo insostenible.
Entre ellos el PP y el PSOE, para
los que si estuviera en sus manos salir
de la crisis completando el muro
de cemento que rodea las costas y
encajonar más automóviles en las
ciudades y las carreteras, se pondrían
manos a la obra. Y entre ellos también,
lamentablemente, las direcciones
de los sindicatos mayoritarios.

Compañeros de viaje

¿Qué dijeron esas direcciones, qué
hicieron para impedir el crecimiento
enloquecido del sector inmobiliario?
¿Qué hicieron para impedir la creación
de un mercado laboral en el que
más del 33% de los trabajadores tienen
un empleo precario? ¿Qué hicieron
para impedir un retroceso de los
salarios en la renta nacional tan significativo
y decisivo para el modelo
económico? ¿Qué hicieron cuando
se implantó el euro, una camisa de
fuerza que ha acabado estrangulando
la economía y facilitando políticas
regresivas, sino sumarse al estúpido
entusiasmo general?

En fin, las cuentas que hay que pedir
a los sindicatos por el deforme
desarrollo económico y social de
nuestro país en los últimos años son
muchas como para tomar en serio
ahora sus propuestas de cambio. Era
necesario entonces y tenían legitimidad
como siempre para protestar y
proponer, pero ahora más bien se
trata de salvar la cara, parecer inquietos
por la situación, aparentar
que se tienen alternativas progresistas
y solventes para remediar la grave
crisis (Toxo habla de apostar por
la educación, un buen ejemplo, por
lo demás, del largo plazo que requiere
todo proyecto realmente transformador).

Más que elucubrar y proponer
medidas sobre el papel sensatas,
pero que precisan de la fuerza social
necesaria para ser impuestas, los sindicatos
en estos momentos deberían
fundamentalmente dedicarse a recomponer
a la clase obrera con iniciativas
rupturistas y a defender a los
trabajadores y las capas sociales más
débiles con firmeza y con más lucha.

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C. Méndez y F. Toxo. Máximos dirigentes de UGT y CC.OO. respectivamente
C. Méndez y F. Toxo. Máximos dirigentes de UGT y CC.OO. respectivamente
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