ANÁLISIS // PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE
Si un ciego guía a otro ciego...

Un país convertido en el “camarero de Europa”, gracias a
la política de los sucesivos gobiernos del PP y el PSOE, no
parece el más indicado para liderar la salida de la crisis.

25/01/10 · 15:53
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A inicio de 2010, los principales
datos sociales en el
Estado español son realmente
abrumadores: más
de cuatro millones de personas desempleadas
(20% de la población
activa) y en aumento, duplicando la
tasa de la UE; precariedad generalizada,
con más de un tercio de los
ocupados con contratos temporales,
y una protección social que no deja
de disminuir (21,1% del PIB, cuando
en 1993 representaba el 23,4%), que
retrotrae la diferencia con la eurozona
(de media, un 27 % del PIB
comunitario) a los tiempos del final
de la dictadura franquista. Y todo ello
a pesar de los estímulos como la aplicación
de la Ley de Dependencia o
las importantes partidas adicionales,
destinadas al subsidio de desempleo,
ante el espectacular incremento del
número de parados. Mientras tanto,
y a pesar de la montaña de dinero
puesta a su disposición, los bancos
mantienen el crédito congelado,
destruyendo el tejido productivo y
generando paro, y continuando con
la obtención de grandes beneficios
especulativos, en línea con otras
grandes empresas del país, sin que
gobierno alguno haya osado ponerles
la más mínima traba.

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LAS CIFRAS DEL PARO. Desempleados buscan trabajo en un Centro de ayuda al empleo.

Ésta es la factura de la crisis, a cargo
de los trabajadores del Estado español,
y también es la credencial con
la que accede el Gobierno de Zapatero
a la presidencia semestral de la
UE. La construcción europea siempre
la hemos pagado los de abajo, y
en el caso español con especial rigor:
en los años ‘80 y con el Gobierno de
González, la entrada en la UE supuso
la desertización industrial, y
España se convirtió en un país de servicios,
el camarero de Europa, parado
o temporal. En los ‘90 se dio una
vuelta de tuerca más, y el cumplimiento
con Maastricht fue a cargo
de más paro, más contratos basura,
graves recortes del gasto social y privatización
masiva de servicios públicos.

Finalmente, la introducción de
la moneda única, aparte de un severo
encarecimiento de la vida para la
población, se saldó con pérdida de
más derechos, especialmente por la
vía de recortes del gasto público. Los
gobiernos, tanto del PSOE como del
PP, han obedecido siempre a los mismos
dictados, y la actual presidencia
española de la UE no será una excepción:
el programa ha sido consensuado
entre esos dos partidos, a los
que se les han añadido la derecha nacionalista
de CiU y PNV.

Tratado de Lisboa

La reciente entrada en vigor del Tratado
de Lisboa, impuesto sin consulta
a los ciudadanos, con la excepción
del “error corregido” irlandés, sitúa
al Gobierno de Zapatero ante su
principal tarea presidencial: consolidar
un entramado dirigente carente
de legitimidad democrática. La Comisión
Europea, presidida por Durão
Barroso y con graves sospechas de
corrupción en varios de sus miembros,
elige a Joaquín Almunia como
‘hombre fuerte’, un burócrata colocado
en Europa después de que, encabezando
las listas del PSOE en
2000, hiciera posible la mayoría absoluta
de Aznar. El reciente nombramiento
de la presidencia permanente,
encabezada por Van Rompuy
(¿quién lo ha elegido, cómo y para
qué?), es la última pieza del montaje
institucional de la UE, cada vez más
alejado de la ciudadanía. Mientras
tanto, instituciones como el Banco
Central Europeo, fuera del más mínimo
control democrático, seguirán
dictando la política monetaria al gusto
de las grandes fortunas e inyectando
dinero público para salvar
banqueros y grandes empresas.

Ésa es la fórmula para salir de la
crisis compartida por Zapatero, y ése
es el proyecto de Europa que defiende.
Un proyecto que va derivando peligrosamente
hacia un engendro antisocial.
Es en este espacio europeo
donde circulan libremente las transacciones
especulativas del capital,
pero donde se impide el derecho humano
a la libre circulación de las personas.
Las medidas racistas, como la
“directiva de la vergüenza”, y los gobiernos
que las aplican, provocan miles
de muertes en las pateras y en las
fronteras, y graves agresiones a los
derechos humanos en conflictos preñados
de xenofobia. Es en esa Europa
del capital donde las conquistas
laborales son sacrificadas, mediante
el aumento de la productividad y la
destrucción de empleo, en el altar de
la “flexiseguridad”, y desde donde se
gobiernan nuestras vidas mediante
otras directivas (Bolkestein, 65 horas,
Bolonia, etc.), orientadas exclusivamente
a la obtención del beneficio,
a la privatización de servicios, a
la mercantilización de la vida, al recorte
de los derechos de los trabajadores
y de los pueblos de Europa, y a
la destrucción del medio ambiente.

La estructura de la UE ha sido diseñada
como instrumento para fortalecer
las reglas de juego del gran
capital, sin descartar su faceta más
agresiva, la del dominio militar. Va
cayendo la careta de un supuesto
“pacifismo”, alternativo al modelo
norteamericano. De hecho, la ampliación
de la UE ha supuesto, para
muchos de los países del este europeo,
transitar por la antesala del ingreso
previo en la OTAN. Los proyectos
de la industria armamentística
(casi todos, por cierto, con participación
española) cada vez tienen
más espacio en la agenda europea:
Eurofighter, Airbus A-400, Tifón,
etc., y las intervenciones neocoloniales,
bajo eufemismos como “acceso a
los recursos energéticos globales”,
jalonan los discursos agresivos de dirigentes
como Angela Merkel.

No parece, por tanto, que los trabajadores
y los ciudadanos, tanto europeos
como del resto del mundo,
podamos esperar nada positivo de la
presidencia española, ni tampoco de
la propia UE. Las organizaciones sociales
que se han venido mostrando
más activas contra esta Europa del
capital y la guerra, ya han empezado
a obrar en consecuencia, y se están
coordinando esfuerzos para oponer,
a ese modelo de Europa que nos imponen,
“la solidaridad entre los
pueblos, entre las distintas luchas y
entre las personas”, con un amplio
calendario de movilizaciones a favor
de los derechos sociales, a lo largo
del semestre. El número de entidades
convocantes no para de crecer,
así como las acciones a desarrollar.
De hecho, si alguna ventaja tiene la
presidencia española de la UE, es la
oportunidad de poner en escena todo
un calendario de “cumbres alternativas”
opuestas a las convocadas
“oficialmente”, en España, a lo largo
de estos seis meses: energía y medio
ambiente (Sevilla); trabajo (Barcelona);
defensa (Palma); América Latina,
Afganistán, etc., en la cumbre
UE-EE UU (Madrid); agricultura
(Mérida), etc., son sólo parte de las
citas previstas. De la fuerza social
que generemos en ellas depende, en
gran medida, el futuro de todos.

Tags relacionados: Número 118 Ley de dependencia
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