NIGERIA // LA PETROLERA, ACUSADA DE 9 ASESINATOS
Shell y el juicio que no llegó

La petrolera Shell paga 15,5 millones de dólares para
evitar el juicio por el asesinato de nueve activistas
ogoni ejecutados en el año 1995.

23/06/09 · 1:06
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San Francisco, 19 de mayo. Protesta contra la actividad de Shell en Nigeria

“Shell salda el caso Wiwa con un
gesto humanitario”, arranca la web
de la filial nigeriana del gigante petrolero.
Así denomina Royal Dutch
Shell la entrega de 15,5 millones de
dólares a las familias de los nueve
militantes ogoni ejecutados por el
régimen militar de aquel país en
1995. Se trata de un acuerdo extrajudicial
con la acusación.

Parte de la compensación económica
nutrirá un fondo para el desarrollo
del pueblo ogoni. Otra irá a
las familias. La acusación define esta
solución como un triunfo, mientras
otros activistas expresan su decepción
por no haber podido ver a
la multinacional pasar por un juicio
público, sentando un precedente
que afectase a otras compañías de
curriculum similar en la región como
Chevron o Exxon. Los ejecutados,
liderados por el popular poeta
Ken Saro-Wiwa, encabezaban el
Movimiento para la Supervivencia
del Pueblo Ogoni y denunciaban la
usurpación de sus recursos. La situación
en la región no ha cambiado.

El pasado mes de mayo, el
Ejército nigeriano atacó varios poblados,
en lo que definieron como
una ofensiva contra el Movimiento
para la Emancipación del Delta del
Níger (MEND, en sus siglas en inglés)
con el fin de proteger a las petroleras.

El MEND surgió en 2006,
años después de que los levantamientos
pacíficos de los primeros
‘90 fueran sofocados con violencia.
Tanto la resistencia pacífica como
la lucha armada reclaman un mayor
acceso a los ingentes beneficios que
genera el petróleo. Los 30 millones
de habitantes de la región no sólo se
ven desprovistos de esta riqueza, sino
que la extracción del petróleo lleva
décadas contaminando sus tierras,
aire y agua.

Las petroleras intentan lavar su
imagen con “gestos humanitarios”.
Este mecanismo se concreta en los
memorándums de entendimiento
que, acordados con las comunidades,
ofrecen desarrollo a cambio de
seguridad. Acusadas de iniciar proyectos
mal identificados e inviables,
que acaban siendo abandonados,
mientras las compañías se erigen en
agentes de desarrollo, el Estado nigeriano
actúa como protector de sus
operaciones, en una confusión de
roles. Los intentos del Estado de
combatir la pobreza se canalizan a
través de la Comisión Nacional para
el Desarrollo de la Región del Delta,
a la que se acusa de constituir un canal
de adjudicación de prebendas,
marcado por el favoritismo.

La maldición del petróleo

Nigeria ofrece petróleo de buena
calidad y bajos costes de extracción.
Estas ventajas son neutralizadas
por las pérdidas derivadas de la
falta de seguridad. Los gestos ‘humanitarios’
publicitados tanto por
el Gobierno federal como por las
compañías no consiguen eclipsar el
déficit de reparto de la riqueza generada
por la exportación de crudo.

Así, el panorama económico del
país ofrece datos paradójicos: las
regiones ricas en petróleo albergan
a las comunidades más pobres; el
sexto exportador de crudo a nivel
mundial importa gasolina; y el incremento
de los ingresos del petróleo
a lo largo de los años se vio
acompañado por el empobrecimiento
de la población.

El aislamiento geográfico de las
poblaciones del Delta provoca que
sus problemas sean desatendidos.
La repercusión del proceso de Nueva
York a nivel mediático ha sido
mayor que la del reciente recrudecimiento
de la violencia. Los ataques
que, según Cruz Roja, causaron
cientos de muertos y miles de
refugiados, suceden en zonas de difícil
acceso. Las multinacionales
han sido acusadas de complicidad
en los desmanes del ejército, facilitando
medios para intimidar a la población.

Además, se señala su responsabilidad
corporativa, al ser
beneficiadas por violaciones de los
derechos humanos, de los que son,
cuanto menos, conocedoras.

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