PANORAMA : CUATRO ACTIVISTAS HABLAN SOBRE LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES EN IRAQ, AFGANISTÁN Y EL KURDISTÁN
Ser mujer en un país musulmán y ocupado

¿Quién no ha oído
teorizar sobre las
musulmanas? La escritora
iraquí Bahira Abdulatif se
revela ante este conjunto
inexistente: “¿Quién se
atrevería a hablar de
mujeres cristianas?”

01/05/08 · 0:00
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HIJAB. Un negocio de ropa femenina tradicional en un zoco de Damasco, capital de Siria / Rafa Demencia

Hablamos con cuatro mujeres que
tienen en común haber nacido en
países de mayoría musulmana y en
situación de conflicto. Otras muchas
cosas las diferencian. Nos hablan de
lo que conocen y de lo que piensan.
Bahira Abdulatif, traductora y escritora;
su compatriota, la activista y
periodista Imán Jamás; la periodista
kurda Zekine Turkeri; y una integrante
de la organización feminista
afgana Rawa, a quien llamaremos
Mehmuda, coinciden en la necesidad
de separar religión y Estado.
Aunque no parece estar en la agenda
de muchos países musulmanes:
prueba de ello es Iraq, con un Gobierno
colaboracionista que impone
“sus propios puntos de vista y actitudes
muy reaccionarias (...) a la sociedad
iraquí”, como denuncia Jamas.
Mehmuda zanja la cuestión
con sencillez: entiende la religión
como algo “muy privado”. La aplicación
de la sharía (ley islámica) como
expresión extrema del gobierno de
la religión en la vida pública provoca
un rechazo unánime.

La idea de la mujer musulmana
como perpetua víctima de los hombres
musulmanes, más que empatía
genera lástima, y la lástima sin
más nos aleja del respeto. “¿Damos
por hecho que las mujeres en los
países de cultura musulmana son
inferiores?”, interroga Turkeri. Abdulatif
subraya que “la lista de derechos
que el Islam garantizaba a
las mujeres al principio”, avanzada
respecto a las religiones monoteístas
precedentes, “ha sido mermada
a lo largo de los siglos”. Abdulatif
advierte de que el machismo, “un
fenómeno humano global”, nos lleva
a otro tema, el de “tergiversar
los versos coránicos para mantener
la supremacía del hombre sobre
la mujer”. Turkeri va más allá:
“todas las religiones discriminan al
ser humano y a las mujeres mucho
más”. En todo caso apelan a un
análisis más complejo: la religión
es sólo un factor. “Los problemas
de las mujeres en Afganistán son
políticos”, afirma Mehmuda. “Las
pautas sociales y tribales (…) son
mucho más fuertes que las pautas
religiosas”, dice Abdulatif. Por su
parte la periodista kurda apunta a
las causas económicas como vector
de discriminación.

Variables para el análisis evidentes
al abordar la situación de las mujeres
en cualquier otra parte del mundo.
Sin embargo cuando se trata de
las musulmanas parece que el Islam
eclipsara toda coyuntura. Esta incapacidad
de análisis sería, según Turkeri,
un problema al que no escapa
nadie: “La izquierda europea para algunos
asuntos (el Islam, las mujeres
musulmanas, los inmigrantes) creo
que no sabe qué hacer, algunas veces
por no ‘herir’ (...) huyen de ser
claros, directos”.

El conflicto

Si las mujeres musulmanas son víctimas
indefensas, vamos a salvarlas:
era uno de los argumentos “auxiliares”
esgrimidos por aquellos
que invadieron Iraq y Afganistán.
Pronto se evidencia la falacia de
castigar a un país con la excusa de
proteger a sus mujeres: “Las fuerzas
de ocupación no diferencian
entre hombres, mujeres y niños
(…) cuando bombardean ciudades
o cuando arrestan a gente”. “Hay
miles de mujeres en las prisiones
iraquíes sin ningún tipo de procedimiento
legal”, denuncia Jamás y
añade: “tratan a las iraquíes como
tratan a todo el pueblo iraquí: como
enemigas”. Mehmuda declara
que actualmente: “la violencia contra
las mujeres es peor que en los
tiempos de los talibanes”.
Ellas son víctimas pero también
actúan: cuando detuvieron a Turkeri
junto a una amiga, ambas, muy
jóvenes, ejercían como periodistas:
“nos llevaron a la sección moral de
una comisaría, donde nos ficharon
como prostitutas”. En 1994 Mehmuda
huyó de un Afganistán en
guerra civil donde “se mataba y violaba
a niñas y mujeres”. Volvió como
activista de la mano de Rawa.
En 1995, Bahira abandonaba Iraq
(y su trabajo en la Universidad de
Bagdad) debido a la persecución de
Sadam Hussein, la barbarie resultante
de la invasión le ha impedido
volver. Recuerda a las mujeres que
se quedaron allí: “Ellas luchan cotidianamente,
no solamente para sobrevivir,
sino también para reivindicar
sus derechos”. No luchan sólo
por ellas: “Sin el apoyo de las mujeres
la resistencia no hubiese llegado
hasta donde ha llegado”, concluye
Jamás, ex directora del Centro
del Observatorio de la Ocupación
en Bagdad.

En un conflicto las mujeres también
pueden ser víctimas estratégicas:
su humillación se convierte en
un arma de guerra contra sus compañeros,
familias o comunidades. En
Iraq las fuerzas de la ocupación y el
Gobierno colaboracionista: “arrestan
a las familias de los combatientes
e infligen a sus mujeres torturas y
abusos”, insultando así su honor, denuncia
Jamas. O como afirma Turkeri:
“Las mujeres no pueden elegir,
su destino está ligado al de los hombres”.
La comunidad “da cierta protección
al individuo, por ello éste tiene
que sacrificar parte de su libertad,
de su espacio individual a la comunidad”.
“En una sociedad islámica no
estarás solo ante una situación difícil”,
pero “el espacio de libertades
personales se reduce mucho por el
mismo motivo”, pondera Abdulatif.
Mehmuda reflexiona: “parte de
nuestra lucha es cambiar a nuestras
familias, porque ellas también forman
parte de la sociedad”.

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