Seisákhtheia: librar las deudas, liberar la democracia

El recientemente creado Observatorio Metropolitano de Barcelona reflexiona sobre la vigencia de las leyes del mundo antiguo que marcaron el fin de la servidumbre por deuda.

15/10/12 · 0:00
Imagen de la manifestación del 13 de octubre a su paso por la glorieta de Cibeles de Madrid / mo Cal

- Fotogalería de la manifestación "No debemos, no pagamos" en Madrid

Podemos decir que la historia de la democracia empieza en Grecia, concretamente en el año 594 a.C. En esta fecha ocurre un hecho muy significativo: el legislador ateniense Solón realiza un conjunto de reformas legales que implican la derogación de la figura jurídica de la esclavitud por deudas. Hasta el momento cualquier ciudadano incapaz de pagar a sus acreedores se convertía automáticamente en esclavo de estos [hektemoroi], y no era liberado [seisákhtheia] hasta que no conseguía devolver la totalidad de la deuda. La reforma de Solón es un hecho tan importante que el fin de la esclavitud por deudas se considera como el momento de verdadero nacimiento de la democracia. Aristóteles lo recoge en la Constitución de Atenas colocado, pues, Solón al frente de los negocios, libertó al pueblo para el presente y para el futuro, con la prohibición de los préstamos sobre la persona, y puso leyes e hizo una cancelación de las deudas privadas y públicas, que llaman ‘descarga’, pues fue como si se hubieran quitado de encima un peso [Constitución de Atenas 6, 1-2].

La deuda, por lo tanto, ha sido siempre incompatible con la democracia, en tanto que esta última se afirma sobre una comunidad de personas libres e iguales. Si revisamos la palabra deuda en distintos idiomas nos encontramos con, al menos, un par de sorpresas curiosas. En alemán deuda y culpa se dicen de la misma forma [Schuld]. En Inglés saldar una deuda y poner en libertad -de la prisión- también se dicen con el mismo verbo [discharge]. Incluso algunos regímenes tiránicos han pedido a los acreedores la condonación de las deudas de sus ciudadanos porque sabían que, sin un mínimo de libertad, estos no estarían disponibles para hacer la guerra. Es ejemplar el caso Bakenrenef, faraón de la XXIV dinastía de Egipto, que abolió la esclavitud por deudas cuando recibió la amenaza militar de Etiopía. La misma Biblia habla de acabar con la esclavitud por deudas una vez hayan pasado siete años desde el momento que se cedió el préstamo [Deuteronomio, 15, 1-19], y pide al acreedor que exima de culpa [Schuld] al deudor, que lo deje en libertad [discharge] con provisiones suficientes para que éste pueda sobrevivir después de siete años de miseria. El texto bíblico añade textualmente «no te preocupes por dejarlo libre: en seis años de trabajo te habrá hecho ganar el doble de lo que habrías ganado con un jornalero» [Deuteronomio, 15, 18]. Así de explícitamente cruel es la relación entre acreedores y deudores. Es larga la historia antropológica, económica y social de la deuda, pero lo que pone de relieve es una turbulenta relación de ésta con la democracia.

En el presente lo que está sucediendo en Europa es un retorno de la vieja esclavitud por deudas. Las constituciones materiales han quedado vaciadas por completo y el funcionamiento democrático ha pasado a ser un simple procedimiento técnico. El poder de decisión ha sido tomado por los acreedores, y nuestra posición como deudores es la de esclavos de facto. El saqueo financiero que se está produciendo en Europa -de momento sólo en los llamados PIIGS o GIPSI- no es más que otra escena de la implantación de los clásicos Planes de Ajuste Estructural que el FMI ha aplicado en Latinoamérica, África y el Sudeste Asiático durante los años 70 y 80, que ahora recaen sobre el continente europeo. Dichos planes consisten en imponer un conjunto de reformas estructurales bien conocidas y siempre idénticas: subida del IVA, reforma del mercado laboral y del sistema de pensiones, subida de la edad de jubilación, recortes en servicios sociales, rebaja salarial, subidas tarifarias, privatizaciones, etc. reformas que tienen unas duras consecuencias para la población del país y que sirven para pagar a los acreedores. Estas reformas empeoran la situación económica y hacen subir el interés de la deuda, que necesita ser refinanciada bajo la condición de más ajustes. Se trata del ciclo sin fin del saqueo financiero.

El objetivo de estas medidas –que en el caso europeo están siendo llevadas a cabo principalmente por la llamada Troika, formada por el FMI, la Comisión Europea y el BCE- es asegurar los intereses de los acreedores alargando el máximo de tiempo posible la agonía de los deudores. Grecia es el paradigma de este proceso desde 2008, momento en el que se empezaron a aplicar las políticas de austeridad. Las medidas de austeridad están llevando el país a una situación límite social, económica y políticamente. Algunos apuntan que el problema no es económico sino político, esto es, cómo restablecer el gobierno del pueblo [démoskrátos] y acabar con el gobierno de los acreedores. La democracia nació y murió en Grecia. La democracia nació y murió en contraposición a la deuda. Se necesita una nueva Constitución que como la de Solón elimine la esclavitud por deudas y pueda liberar a los ciudadanos de los acreedores [seisákhtheia] para restablecer una nueva democracia en Grecia y en todo el continente europeo.

Fuente original: Stupidcity.net, blog del Observatorio Metropolitano de Barcelona.

Tags relacionados: deuda el Estado español Número 183
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