Se acabó la fiesta

Con el tema de la vivienda
todo está exagerado. La
especulación desaforada
ha cobrado carta de naturaleza,
con el suelo como sustrato
fundamental por la omisión culpable
de los poderes públicos. La actividad,
el número de viviendas
construidas, ha registrado niveles
insólitos, injustificados e insostenibles
en estos últimos años. Se ha
alcanzado el primer puesto en la
UE de viviendas por 1000 habitantes.
Los precios de los pisos han
originado una enorme y prolongada

24/06/06 · 13:33
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Con el tema de la vivienda
todo está exagerado. La
especulación desaforada
ha cobrado carta de naturaleza,
con el suelo como sustrato
fundamental por la omisión culpable
de los poderes públicos. La actividad,
el número de viviendas
construidas, ha registrado niveles
insólitos, injustificados e insostenibles
en estos últimos años. Se ha
alcanzado el primer puesto en la
UE de viviendas por 1000 habitantes.
Los precios de los pisos han
originado una enorme y prolongada
explotación de capas populares,
con los jóvenes como víctimas propiciatorias.
El endeudamiento de
las familias, por la vivienda, nunca
había alcanzado una proporción
tan alta de la renta.

En este anómalo comportamiento
existen algunas causas reales
que lo han estimulado. El aumento
del empleo, a pesar de su precariedad,
el aumento de la población
por los inmigrantes, una demanda
exterior en las costas significativa,
la creación de nuevos hogares estimulados
por nuevas formas de vida
y convivencia. Por otro lado, los
tipos de interés descendieron drásticamente
en los momentos previos
a la creación del euro, en 1999,
y desde entonces se han mantenido
en niveles muy bajos, a lo cual
hay que añadir la acomodación de
la oferta hipotecaria a todas las necesidades
del mercado, en condiciones
financieras y en plazos:
ahora los bancos ofrecen hipotecas
que pueden atrapar al cliente
de por vida.

Hay opiniones encontradas de
cómo se saldará el periodo. Desde
los que sostienen que no debe hablarse
de “burbuja” inmobiliaria,
hasta los que creen que cuando
estalle se producirá un derrumbe
de precios y de la actividad que se
trasladará al conjunto de la economía.
La revista The Economist
estima que los precios de la vivienda
en nuestro país están sobrevalorados
en un nada despreciable
50% (lo que vale 15 no debiera
valer nada más que 7’5). El
Banco de España ha hablado de
entre el 20 y el 30%.

Cabe especular sobre el futuro y
es difícil resistir la tentación de hacerlo
en este caso. Lo que sí es posible
afirmar con seguridad es que
la fiesta ha llegado a su fin. La única
incertidumbre en estos momentos
es cómo concluirá. La economía
arrastra problemas importantes:
el empleo es sumamente precario,
el crédito hipotecario busca
ya nichos arriesgados y los tipos de
interés, sin perjuicio de cualquier
leve descenso que pueda llevar a
cabo el BCE, no tienen otro horizonte
que una subida. El exceso de
viviendas es inocultable. En estas
condiciones, el ciclo de la vivienda
ha entrado en una nueva fase. En
una fase llena de peligros.

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