Relato desde la barbarie

Pese a los intentos de vender los bombardeos como una
operación quirúgica contra Hamás, decenas de brigadistas
contaron el horror vivido por la población de Gaza.

, Brigadista internacional desde Gaza
08/01/09 · 0:00
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INUTILIDAD. “Esta masacre no traerá seguridad. Las llamadas a la venganza ya
se escuchan por todas partes”, dice el doctor Eyad Sarraj, presidente del Centro
de Salud Mental de la franja de Gaza.

Un inmenso estruendo,
seco, seguido de varias
explosiones. Poco más
de cinco minutos y el silencio
se inunda de gritos, llantos,
bocinas y sirenas. Los teléfonos empiezan
a sonar y las columnas de
humo rompen en el horizonte. No
por esperado es menos doloroso.
Reina la confusión.

La clínica móvil en la que nos
habíamos desplazado a la frontera
de Khan Younis es inmediatamente
devuelta a la ciudad donde
parece concentrarse el ataque.
Primera parada en Deir al Balad,
una estación de policía reducida a
cenizas. Junto a ella un parque:
los toboganes llenos de sangre, el
mercado arrasado, la fruta destrozada,
mulas muertas y más sangre
por todas partes.

Seguimos nuestro camino y nos
dirigimos a un edificio de la protección
civil y a la estación de bomberos
reconstruida por el Banco Mundial
tras otro bombardeo en 2005.
Varias personas se encuentran bajo
los escombros y sus compañeros se
esfuerzan infructuosamente en localizarlos
llamando al teléfono de
los desaparecidos. Están muertos.
Siguiente parada: Hospital Al
Aqsa. Los pasillos colapsados de
heridos y de sangre. Puedo contar
cuatro cadáveres y ninguno de ellos
lleva uniforme. Tampoco la niña
que veo lleva uniforme. En la playa,
la sede de la Presidencia de la Autoridad
Nacional Palestina, en manos
de Al Fatah, no es más que un
montón de humo, así que el ataque
no está dirigido sólamente contra
Hamás, como afirma Israel. Los teléfonos
no funcionan. Varios repetidores
han sido inutilizados. Están
destruyendo indiscriminadamente
la infraestructura de la Administración
Palestina.

Ya en la sede de Reuters, en el
centro de la ciudad, nos confirman
las peores expectativas: en ese momento
ya eran más de 115 muertos
y 200 heridos. La mayor masacre
ha tenido lugar durante la entrega
de diplomas de la academia de policía.
Una promoción de cadetes asesinados
y no se trata de miembros
de Hamas, sino de jóvenes que ganan
el equivalente a 20 euros para
alimentar a sus familias.

El sábado a las 11 de la noche la
televisión informa de que ya hay
230 muertos y más de 600 heridos.
Como su primer ministro, Ismael
Haniya, acaba de asegurar en televisión,
si en 60 años desde el comienzo
de la ocupación los palestinos
no se han rendido tampoco lo
harán por un bombardeo más.
Todos a mi alrededor asienten
convencidos. Mohammed, el portero
del edificio en el que duermo,
ha perdido hoy a tres de sus amigos.
En nuestro barrio, Hawa, podemos
contar 14 muertos, todos
ellos civiles, ya que la estación de
policía fue desalojada hace un par
de días. Hoy acompañaremos a su
familia en el duelo y el funeral de
tres hermanas que se dirigían a la
universidad. No eran activistas de
las Brigadas Al Khassam ni líderes
de Hamás, tan sólo tres estudiantes
de enfermería que trataban
de contribuir a que los hospitales
sigan funcionando pese a
que el asedio al que está sometida
la franja desde hace tres años les
priva de la electricidad y de los
medicamentos necesarios para su
funcionamiento.

Israel continúa bombardeando
mientras escribo y los palestinos
me preguntan: “¿Por qué vuestros
gobiernos les apoyan?”.


Hospitales llenos

“El depósito de cadáveres
del Hospital de Shifa no
tiene espacio para los
cadáveres que van llegando.
Hay partes de cuerpos
distribuidos por todo el
hospital”. (Dr. Haidar Eid,
palestino, de Sudáfrica,
profesor de Estudios culturales
y sociales de la Universidad
Al Aqsa de Gaza).


Bombas en escuelas

“Las bombas empezaron
a caer cuando los niños
estaban volviendo de la
escuela. Salí fuera y me
encontré una niña aterrorizada
de apenas cinco
años que saltó a mis
brazos”. (Sharon Lock,
Australia, brigadista del
Movimiento de Solidaridad
Internacional).


Socorristas alcanzados

“Había gente intentando
socorrer a las víctimas de
otro ataque, y el lanzagranadas
ha atacado a los voluntarios
que socorrían a los
heridos. En el depósito de
cadáveres no hay espacio.
Falta sangre para hacer
transfusiones”. (Eva Barlett,
de Canadá, del Movimiento
de Solidaridad Internacional).

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