ANÁLISIS / acuerdo entre PSOE, IU y UPyD
El referéndum de IU pone fin a dos meses de show post-electoral en Asturies

El inminente pacto de PSOE, IU y UPyD para llegar al gobierno en Asturies abre una serie de interrogantes. Uno de ellos es cómo van a afectar a Izquierda Unida los recortes que tendrá que aplicar el gobierno de la Comunidad. ¿Se trata de un regalo envenenado?

23/05/12 · 12:45
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El pasado 16 de mayo, UPyD anunciaba que daría respaldo estable a un gobierno encabezado por el PSOE. Cerraba dos meses de devaneos entre Álvarez Cascos (FAC) y Javier Fernández (PSOE). El catalizador: el anuncio de intervención de las cuentas de Asturias por el Ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, por un supuesto desfase en su déficit público. Ante ese anuncio, la sociedad asturiana asumió varias certezas: que al PP le importaba bastante poco obtener el gobierno asturiano y que urgía conformar gobierno para realizar ‘a nuestra manera’ los recortes que Madrid pedía. ¿La paradoja? El gobierno de Cascos no había realizado apenas recortes, al tener el presupuesto prorrogado desde 2011, y la fase de ‘no gobierno’, como ya sucedió en Bélgica durante 2010 y 2011, fue el oasis de mayor estabilidad durante su mandato.

En todo caso, para una sociedad asturiana que apostó por la abstención el pasado 25-M –y donde Escaños en Blanco ya es el primer partido extraparlamentario– ha sido agotador el alargamiento de las negociaciones. Los resultados iniciales habían dado mayoría absoluta a FAC y PP, que tenían un pacto en la sombra para gobernar Asturias –una de las causas de la nueva convocatoria de comicios–. Sin embargo, un polémico recuento del voto emigrante cambió la situación radicalmente: dio el escaño nº 17 al PSOE, restándoselo a Cascos, y haciendo a Ignacio Prendes, el diputado de UPyD, decisivo para dar el gobierno a FAC y PP o a PSOE e IU.

A partir de entonces, Cascos inició una lucha legal para recuperar ese escaño perdido. Según él, se habían mezclado votos irregulares con los legales en el cómputo del voto emigrante. La Junta Electoral Central denegó su recurso, que fue aceptado posteriormente por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias –único órgano de los tres sin presencia de partidos políticos–, obligando a celebrar nuevas elecciones en la circunscripción occidental. Finalmente, el recurso fue rechazado por el Tribunal Constitucional.

Para el PP (tercera fuerza en las elecciones), si UPyD apoyaba al PSOE, era la oportunidad idónea para enviar a Cascos a la oposición –y provocar su salida de la vida política en Asturias, recuperando la hegemonía en ese espacio electoral–. A la par, mostraría ante la opinión pública del Estado que UPyD era un partido capaz de apoyar a socialistas y ‘comunistas’, quedándose como únicos representantes de la derecha.

Pero el PP no podía justificar ante sus votantes que no quería conformar gobierno. Por eso, su estrategia de negociación se basó en aparentar que apostaban por un gobierno de derechas, mientras ponían ‘palos en las ruedas’ en cualquier acuerdo con Cascos. Por ejemplo, firmaron un pacto de gobierno, pero amenazaron con presentar a su propia candidata, para luego romper el acuerdo e, in extremis, firmarlo nuevamente. Y cuando ya estaba firmado, llegaba el anuncio de intervención de Montoro. El mensaje parecía claro: haremos lo posible por dinamitar cualquier pacto. UPyD, por su parte, pasó las semanas buscando excusas que justificasen la ruptura de su transversalidad política.

Mientras tanto, alternaron, con cara de póker, reuniones con FAC y PSOE. Tras el rechazo de ambos a reformar la ley electoral asturiana (y reducir de tres a una las circunscripciones) y el mutismo de IU en ese tema, sólo el anuncio de Montoro les permitió una salida airosa: apoyaban al PSOE porque la derecha era un ring de boxeo y, en su opinión –paradójica– no respetaba la autonomía asturiana.

La primera, en la frente

PSOE e IU han estado mucho más callados durante la negociación, esperando que les llegase la presidencia por desgaste. Los social-liberales dieron el puesto de senador autonómico a Jesús Iglesias, coordinador de IU, como primer punto del acuerdo. Si IU no exigía nada para el acuerdo, se mostraría que ‘la izquierda’ podría aportar un gobierno más estable y serio. Así, mientras UPyD firmaba un pacto programático con el PSOE, IU no presionaba para incluir demandas específicas (ej., reforma ley electoral).

La intención de sus dirigentes, ‘llamazaristas’, es integrarse en el equipo de gobierno, como también han hecho sus compañeros ‘cayolaristas’ de Andalucía. Antes, y tras una tensa reunión de su Consejo Político (38% en contra del pacto), tendrá que pasar la criba de un referéndum entre sus bases este jueves 24 de mayo y para el que ya han pedido el ‘no’ la corriente crítica ‘Voces para el Cambio’ o secciones locales como la de Mieres (una de las alcaldías de mayor población de IU en el Estado, donde obtuvieron el 26,85% de voto en las pasadas autonómicas).

Y es que la Presidencia del PSOE viene con un regalo ‘envenenado’. Será este gobierno quien tendrá que llevar a cabo un plan de reducción del gasto de más de 616 millones de euros. Para quienes creyesen en la posibilidad de insumisión fiscal, las declaraciones de Javier Fernández (nuevo Presidente de Asturias) en su toma de posesión supusieron un jarro de agua fría: “Presidiré un Gobierno austero que aprobará recortes y ajustes, y no habrá áreas exentas. Ni lo niego ni lo oculto”. ¿Cómo afectará eso a un partido, Izquierda Unida, que en el Congreso defiende la bandera contra los recortes?

Además, la necesidad de ser apoyados externamente por UPyD, para contar con mayoría ante FAC y PP, convertiría a IU en rehenes de UPyD e incrementará sus tensiones internas y externas. En realidad, el partido magenta dará la coartada perfecta al PSOE para disciplinar a IU en los temas más sensibles, argumentando que no lo hacen por voluntad propia. Porque, ¿cuál será la fuerza de IU ante el PSOE –en temas sociales o de autogobierno– una vez que éste necesitará negociar posteriormente con UPyD?

Tags relacionados: Cristóbal Montoro Número 174
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