ENTREVISTA // JEAN ROUSSEAU, ACTIVISTA HAITIANO DE VETERINARIOS SIN FRONTERAS
“Las redes campesinas son más fuertes que nunca”

Frente a la militarización
de la ayuda, las redes
campesinas no han
tardado en organizar
otras formas de
solidaridad para hacer
frente a las consecuencias
del terremoto.

02/02/10 · 0:11
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Alrededor del 60% de la población
haitiana vive en el campo. A pesar
de la precariedad con la cual trabaja,
produce alrededor del 40% de
los alimentos para consumo local.
Históricamente el campesinado ha
sido foco de resistencias y la clase
que más ha luchado contra las injusticias,
la desigualdad social y las
políticas neoliberales impuestas
desde EE UU, el FMI, el BM y el
BID. Hablamos con Jean Rousseau,
activista haitiano y técnico de Veterinarios
Sin Fronteras
-Caribe.

DIAGONAL: ¿Cuál está siendo la
respuesta de los movimientos campesinos
tras el terremoto?

JEAN ROUSSEAU: En estos
momentos tan difíciles se están organizando
para recibir familiares y
amigos que vienen de la capital.
También se están movilizando porque
saben que hay que alimentar a
estas personas. Por poner un ejemplo
concreto, en este momento una
de las organizaciones más grandes
es la Coordinadora Regional de las
Organizaciones del Sur Este (CROSE).

Después de hacer un balance
de los daños, movilizó muy rápido
a su base para armar un equipo de
cientos de voluntarios junto con líderes
comunitarios de cada región
y las autoridades locales para asistir
a damnificados y permitir la efectiva
distribución de la ayuda. Éste
es un ejemplo de la capacidad y la
solidaridad que existe en este momento.

Y esto es lo que están haciendo
otras organizaciones, con
base muy amplia en diferentes regiones
del país. Las redes campesinas
son más fuertes y solidarias que
nunca. También es una demostración
de que no hace falta militarizar
la ayuda para que llegue a la gente.

Cualquier intento de obviar a la población
local en general, y a las comunidades
campesinas en particular,
en la distribución de la ayuda
humanitaria y la reconstrucción del
país está destinado al fracaso.
De la misma manera, diferentes
organizaciones campesinas de la
República Dominicana están aportando
su apoyo y solidaridad al mismo
tiempo canalizando sus ayudas
directamente hacia las diferentes
redes de organizaciones campesinas
haitianas. A todo esto hay que
sumar la iniciativa de Vía Campesina,
que además de recaudar
fondos internacionales para canalizarla
directamente hacia las organizaciones,
también trata de recordar
a la comunidad internacional
que no pueden seguir las políticas
neoliberales que tanto daño han hecho
al campo haitiano.

D.: ¿Cuáles son los principales problemas
a los que se enfrentan los
campesinos?

J. R.: Hoy en día, el campesinado
está luchando contra los métodos
feudales de producción, que obligan
en muchos casos a dar una parte
de sus cosechas al dueño de la
tierra. Trabajan en pequeñas extensiones
de tierra (entre 1 a 1,5
hectárea de media), y muchas veces
en pendientes muy pronunciadas,
la ausencia total de política pública
a favor de la producción nacional,
una reforma agraria integral,
que permita al campesino vivir
dignamente de su trabajo en el
campo, el acceso a los servicios básicos
o infraestructuras para que la
producción llegue a las ciudades. A
todo esto hay que sumar la liberalización
total del mercado. En este
momento el Estado no cuenta con
ninguna protección ante la entrada
de alimentos de fuera. Esto ha provocado
la quiebra de los campesinos
locales, que producían principalmente
arroz y mijo, productos
básicos en la dieta haitiana.

Tradicionalmente, los poderes
locales en Haití se fundamentan en
el triunvirato compuesto por grandes
terratenientes, funcionarios gubernamentales
y el aparato de seguridad
que los protege (soldados,
tonton macoutes y attachés durante
la dictadura) que han utilizado
las armas y el control del sistema
estatal para apoderarse de las tierras
de los campesinos. Durante la
larga historia del país, a medida
que se iba concentrando la tenencia
de las tierras en manos de unos
pocos, se iba incrementando el número
de campesinos expulsados de
sus propias tierras, forzados a endeudarse
y a trabajar la tierra de
otros o a incrementar las filas de
los que en Puerto Príncipe buscan
un trabajo por un dólar al día en alguna
maquiladora multinacional.

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