ORIENTE PRÓXIMO: CRISIS INTERNA EN PALESTINA
Realidad palestina y manipulación mediática

La autora, militante
de Komite Internacionalistak,
repasa el
escenario que se abre
tras el recrudecimiento
de los enfrentamientos
entre palestinos.

05/07/07 · 0:00
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Desde la primera Intifada
Israel fue dificultando
los contactos entre los
palestinos de Gaza y de
Cisjordania. Estas dificultades, con
el tiempo, se han ido convirtiendo
en separación total y ambas comunidades
han evolucionado de forma
dispar en base a sus realidades
socioeconómicas de ocupación.

LA DIVISIÓN DE PALESTINA

Antes de los lamentables sucesos
de confrontación fratricida que
tuvieron lugar en Gaza ya existían
‘dos Palestinas’ (o mejor dicho,
tres, si contamos también los territorios
palestinos previos a
1948). Estas dos Palestinas no han
sido fraccionadas, ni divididas por
ningún partido palestino, fueron
separadas por Israel, con el objetivo
claro de ‘dividir para vencer’.
Este triste episodio de violencia
interpalestina no ha sido más que
la ‘formalización’ u ‘oficialización’
de esa separación impuesta
por Israel con el beneplácito de
EE UU y la UE.

El problema actual no es la división,
sino la calificación de “tierra
terrorista” que se va a aplicar a la
Franja y la conversión de toda su
población en objetivos militares,
como en el caso de Faluya o el sur
de Líbano.

GOLPE DE ESTADO

El contexto de caos interno que se
vivía desde hace meses en la
Franja fue aprovechado por los
hombres de Mohamed Dahlan,
que procedieron a implementar el
plan israelo-norteamericano, apoyado
por Egipto, Jordania y la UE,
de socavar y sustituir al Gobierno
palestino de unidad nacional, fortaleciendo
a Mahmud Abbas y disolviendo
el Parlamento palestino.
Los medios de comunicación se
encargaron de dar la vuelta a la
realidad vendiendo este acontecimiento
como un golpe de Estado
(sin Estado) de Hamás.

El objetivo de Abbas: recuperar
el poder. El objetivo del eje Israel-
EE UU-UE: azuzar la confrontación
interna, creando una palestina
‘civilizada’ (es decir sumisa) y
otra demonizada (es decir resistente)
y conseguir que ellos mismos
acaben con el apoyo social
que en muchos países despierta la
legítima causa palestina.

AL-QAEDA

Cada vez con mayor insistencia
aparece en los medios de comunicación
la marca ‘al-Qaeda’ en relación
con los diferentes movimientos
de resistencia en países
bajo ocupación. Comenzaron en
Afganistán, siguieron en Iraq, ya
lo han conseguido en Líbano y
ahora le toca a Palestina.
Hace unos meses en el periódico
israelí Haaretz apareció una pequeña
noticia relacionada con una
posible trama israelo-palestinocolaboracionista
para crear una célula
de al-Qaeda en Gaza.

Los poderes fácticos saben que
la unión Palestina-al-Qaeda o más
concretamente Gaza-al-Qaeda en
el subconsciente occidental va a
facilitar la deslegitimación de la resistencia
palestina y además les
permitirá tener un mayor control
de la zona.

GOBIERNO DE EMERGENCIA

La elección de un Gobierno de
emergencia encabezado por Salam
Fayyad, alto funcionario del
FMI y del BM, es la confirmación
del bando elegido por la dirigencia
de Al Fatah.
La ilegalización de la Fuerza
Ejecutiva y del brazo armado de
Hamás siguiendo el esquema español
de la necia Ley de Partidos
no hace sino reforzar esa idea.
Y las declaraciones y acciones
de los representantes internacionales
e incluso el propio Olmert
no dejan el menor atisbo de duda:
la Autoridad Nacional Palestina
personalizada en la figura de
Mahmud Abbas ha vendido su alma
al diablo, aliándose con el
enemigo y traicionando a su pueblo
y a sus legítimas aspiraciones
y derechos.

Palestina se resquebraja, pero
no por problemas ideológicos internos
o diferencias religiosas entre
su población. No hay dos pueblos
enfrentados, hay un sólo
pueblo extenuado por 60 años de
ocupación y unos gobernantes
que, acostumbrados unos a estar
en el poder, han optado por el lado
equivocado, y los otros, recién llegados,
no han sabido o no han podido
estar a la altura política que
se requería en un momento tan delicado,
provocando ambos algo
que era y es inadmisible para la
mayoría de los y las palestinas: “el
cruce de la línea roja que supone
la sangre palestina”.

El futuro se presenta incierto y
descorazonador, lo más probable
es que el Gobierno de Abbas salga
reforzado por el apoyo internacional
y el levantamiento del embargo,
convirtiéndose en el perfecto
‘Karzai palestino’, y desde este
puesto formará un Gobierno títere
que seguirá fielmente las líneas
marcadas desde Washington-Tel
Aviv. Hamás será debilitado hasta
relegarlo a un papel de ‘malo oficial
y necesario’. El pueblo palestino,
como en el caso de otros tantos
países árabes, se alejará de su dirigencia
y continuará la lucha desde
la base, como fue en la primera
Intifada, pero con el handicap de
tener un gendarme propio a sueldo
del sionismo.

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