Racismo y privilegios

Bolivia es uno de esos países
que no parece merecer
atención en sí mismo. El
presidente Evo Morales es
más noticia por sus ‘chompas’ o por
jugar al fútbol que por renegociar
los contratos gasísticos o por la reforma
agraria de su Gobierno. Como
si hablásemos de un país menor de
edad, a lo que hemos de añadir un
simpático presidente indígena, las
crónicas sólo hablan de aspectos folclóricos
o de sucesos violentos.

12/05/08 · 23:16
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Bolivia es uno de esos países
que no parece merecer
atención en sí mismo. El
presidente Evo Morales es
más noticia por sus ‘chompas’ o por
jugar al fútbol que por renegociar
los contratos gasísticos o por la reforma
agraria de su Gobierno. Como
si hablásemos de un país menor de
edad, a lo que hemos de añadir un
simpático presidente indígena, las
crónicas sólo hablan de aspectos folclóricos
o de sucesos violentos.

En estos vapores se mezclan las
inexactitudes con las simples mentiras.
Así es posible que todos los
grandes medios de comunicación
del Estado español hayan pasado
por alto que la misma ‘consulta’ que
entienden como normal en Santa
Cruz es legalmente equivalente a la
peligrosa amenaza de Ibarretxe: un
referéndum convocado por autoridades
regionales que no tienen potestad
constitucional para ello, y en
contra del Estado central. Lo que en
el ámbito doméstico denuncian como
impensable y antidemocrático,
en Bolivia resulta un sano ejercicio
de consulta frente a un Gobierno nacional
que, siempre bajo sospecha
pese a su masivo apoyo popular, tiene
que ganarse permanentemente
la confianza internacional.

El referéndum del 4 de mayo sometía
a votación un “Estatuto autonómico”
redactado, no por un órgano
electo, sino por expertos del
Comité Cívico de Santa Cruz, que es
una organización política que agrupa
a los sectores empresariales (fundamentalmente
del petróleo y el gas,
y grandes terratenientes agroexportadores)
de la región, y que consigue
una base de masas gracias a avivar
la tensión autonomista. En las
urnas, claro, ganó el ‘sí’ con cerca de
un 82% de los votos, con una fuerte
oposición reflejada en un 40% de
abstención y la resistencia activa
que impidió, con bloqueos y quema
de urnas, la votación en los barrios
más pobres de Santa Cruz y en las
comunidades indígenas rurales. La
jornada se cerró con 18 heridos, un
muerto y varios detenidos.

La propuesta de autonomía para
la próspera región de Santa Cruz,
beneficiaria de generosísimas concesiones
e inversiones estatales desde
la dictadura de Hugo Bánzer
(1971-1978) y de una creciente migración
interna de población indígena
del altiplano, debe ser entendida
como el movimiento defensivo de
las élites tradicionales bolivianas,
dependientes y racistas, que sólo
pueden perder con el proceso en
marcha de la descolonización del
Estado, la recuperación de la soberanía
nacional y los procesos de empoderamiento
popular y redistribución
de la riqueza colectivamente
producida. Significativamente, el
nuevo ‘estatuto’ regional se atribuye
la capacidad de decidir sobre la tierra,
los recursos naturales, el transporte
o los impuestos.

La identidad ‘camba’ o cruceña,
extendida a ‘la media luna’ de las
cuatro provincias del oriente boliviano,
no es un invento de la oligarquía,
pero sí un poderoso lugar común para
agregar un potente movimiento
regionalista contra la dirección indígena-
popular del proceso de cambio
actualmente abierto en Bolivia.

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