DESPUÉS DEL ASALTO A LA FLOTILLA
Punto final a la cooperación entre Turquía e Israel

El autor repasa la buena sintonía de Israel y Turquía, ahora rota, después de años de cooperación militar para atacar al Partido de los Trabajadores del Kurdistán.

, Corresponsal de la Agencia Prensa Latina en Turquía
02/07/10 · 12:49
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En los últimos tiempos las relaciones
entre Turquía e
Israel han ido deteriorándose
fruto de desencuentros
y malentendidos, pero el brutal
asalto a la flotilla humanitaria que se
dirigía a Gaza, el 31 de mayo, ha
marcado un punto de no retorno.
La “sangrienta masacre”, como
la definió el primer ministro de
Turquía, Recep Tayyip Erdogan,
afectará a los intercambios bilaterales,
ya lo está haciendo; pues
además Tel Aviv se ha negado a expresar
disculpa alguna ni a indemnizar
a las víctimas como pedía el
ejecutivo de Ankara.

Atrás quedan los años en que el
Estado sionista colaboró con Turquía
mediante la venta de material
militar para acabar con la guerrilla
kurda del Partido de los Trabajadores
del Kurdistán (PKK). O el
permiso para que los pilotos hebreos
se entrenaran en el espacio aéreo
turco, a través de las denominadas
maniobras Águilas de Anatolia.

Compra de armamento

Si la invasión israelí de Líbano en
2006 y el ataque a Gaza en 2008
provocaron el fin de la iniciativa de
la Cámara de Comercio de Turquía
para revitalizar la zona industrial
de Erez (Israel), el ataque a la Flotilla
de la Libertad ha motivado la
congelación sine die de importantes
intercambios previstos.

La cancelación de tres maniobras
militares programadas; la paralización
del proyecto Medstream, con el
que se pretendía crear una triple conducción
de petróleo, gas y agua con
destino a Israel; y la suspensión de
los acuerdos para la compra y mejora
de material militar; han sido las
primeras medidas adoptadas por el
gobierno de Erdogan. Según los datos
de la Oficina de Relaciones Económicas
Exteriores, el volumen comercial
de Turquía con Israel pasó
entre 1996 y 2008 de 446 millones de
dólares a 3.380 millones, mientras
que los intercambios de la industria
bélica supusieron, en algo más de
una década, unos 2.000 millones.

Uno de los más rentables para la
industria israelí era el plan de actualización
para los aviones de combate
F-4 y F-16 turcos, en manos de
las empresas Elbit y Elop, y que
cuenta con muchas posibilidades de
ser cancelado. Idéntica suerte podría
seguir la compra de cuatro
aviones no tripulados Heron, al no
cumplirse las condiciones exigidas
a los proveedores israelíes. “Turquía
ya no es un fiel aliado a la sombra
de los Estados Unidos”, aseguró
hace unos días James Holmes, presidente
del Consejo Turco-Americano
con sede en Washington.

Desde la llegada al poder del partido
de Erdogan, el Partido Justicia y
Desarrollo (AKP) ha impulsado una
política encaminada a fortalecer las
relaciones con todos los países de la
región e incluso con otros más lejanos
como Brasil, Cuba o Venezuela.
El profesor Ahmet Davutoglu, actual
ministro de Asuntos Exteriores,
está llevando a cabo una nueva diplomacia
marcada por el multilateralismo,
buscando aumentar la influencia
de Turquía en el contexto
internacional. Esta independización
no ha gustado ni a EE UU ni a Israel.

La ayuda prestada a Siria para integrarse
en la comunidad internacional,
la defensa de la causa palestina
y los contactos económicos y diplomáticos
con Irán, están sirviendo
ahora para estigmatizar la política
exterior de Ankara y acusarla de
acercarse al eje del mal. Pero lo cierto
es que mientras Turquía intenta
enterrar las relaciones de dependencia
de tiempos pasados, Israel
continúa como rescoldo criminal e
intimidatorio de la Guerra Fría.

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