MADRID CALLE 30 //
A punto de caramelo
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// Enrique Castro

En el momento de escribir
estas líneas es inminente la
decisión del Ayuntamiento
de Madrid acerca de quién
gestionará el 20% de la sociedad
Madrid Calle 30, hasta ahora de capital

16/06/06 · 18:01
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// Enrique Castro

En el momento de escribir
estas líneas es inminente la
decisión del Ayuntamiento
de Madrid acerca de quién
gestionará el 20% de la sociedad
Madrid Calle 30, hasta ahora de capital
enteramente público. Este
membrete lleva siendo, desde su
creación en marzo de 2004, el impulsor
de la reforma que duplicará
la capacidad de la autopista interior
de la capital, la M-30.

El alcalde de Madrid, Alberto
Ruiz Gallardón, sigue jugándose
muchas cosas después del fracaso
olímpico. La reforma de la M-30,
anunciada en un principio con el señuelo
del enterramiento de parte de
la vía y la reconversión del resto en
una arteria urbana -de ahí el nombre
de resonancias neoyorquinas,
“Calle 30”- supone una inversión de
4.250 millones de euros que endeudará
a la ciudad por 35 años, según
la Plataforma contra el insostenible
proyecto de la M-30.

De ahí que, fijándose en Inglaterra,
el consistorio haya importado
esta fórmula de financiación público-
privada: una empresa se hace
con el 20% de la sociedad y gestionará
la vía durante esos 35 años a
cambio de un canon. Todo indica
que la constructora Sacyr, que ha
presentado la oferta más barata con
un canon anual de 213 millones de
euros, conseguirá formar parte del
consorcio en detrimento de sus
competidoras ACS -mala racha,
Florentino- y Ferrovial. De este modo
Gallardón espera esconder parte
de la deuda debajo de la alfombra.

La fórmula no viene sólo avalada
por el ‘neolibelaborismo’, sino por
la CEOE, que ya le está tirando los
tejos al Gobierno central para que
aplique la misma idea en el desarrollo
del nuevo Plan de Infraestructuras,
y por la presidenta de la
Comunidad de Madrid -tan lejos,
tan cerca de Gallardón-, que está
negociando con las mismas constructoras
la gestión de los ocho nuevos
hospitales de la región. ¿Todo
queda en casa?

Y en Bruselas. La oficina estadística
de la Unión Europea, Eurostat,
estrena este año un método contable
que deja fuera de la ley las pretensiones
del Ayuntamiento. Gallardón
podrá asociarse con quien
quiera, dicen los responsables comunitarios.
Pero la deuda seguirá
siendo pública, y como tal contará a
ojos del Pacto de Estabilidad, tan escrupuloso
con la contención del gasto
público.

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