DISPERSIÓN: PASAN MÁS DE 20 AÑOS DE UNA MEDIDA PENITENCIARIA MUY CUESTIONADA
Las puertas del laberinto

 

El “conflicto vasco” es un laberinto hecho de múltiples retazos, de profundas heridas y lleno de recovecos. Se abren ventanas y, quizás con ello, entra algo de luz para adentrarse en ellos e ir encontrando las salidas. Recovecos como uno de los temas pendientes de resolución que siempre ha estado en la agenda de los procesos de diálogo entre las diferentes partes, la situación de las presas vascas y el fin de la política de dispersión.

01/12/10 · 8:00
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LA AUSENCIA. Una fotografía de Edurne y su novio encarcelado cuelga de la pared del piso de ella. Fotos: Markel Redondo

 

El “conflicto vasco” es un laberinto hecho de múltiples retazos, de profundas heridas y lleno de recovecos. Se abren ventanas y, quizás con ello, entra algo de luz para adentrarse en ellos e ir encontrando las salidas. Recovecos como uno de los temas pendientes de resolución que siempre ha estado en la agenda de los procesos de diálogo entre las diferentes partes, la situación de las presas vascas y el fin de la política de dispersión.

Según datos de octubre, de la Asociación de Familiares y Amigos de Presos Vascos, Etxerat, en estos momentos, hay 717 personas encarceladas acusadas o sentenciadas por algún delito relacionado con una supuesta o reconocida pertenencia o relación con ETA. De ellas, 699 están en prisiones fuera de Euskal Herria. Algunas porque esperan juicio en países como Francia, por ejemplo, pero la mayor parte, porque se ven afectadas por la dispersión, una medida penitenciaria que se aplica desde hace más de 20 años.

Más de 20 años de imágenes detenidas que apenas se mueven a pesar de que la Ley General Penitenciaria en su artículo 12.1 recoge la necesidad de “evitar el desarraigo social” de los reclusos y de que el Parlamento Europeo ha emitido varios informes que abogan porque los presos cumplan su condena en el territorio donde se encuentren sus vínculos sociales y familiares. Imágenes detenidas que hablan de largas e insomnes noches a través de los miles de kilómetros que los familiares deben recorrer cada semana para ver tan sólo 40 minutos a sus hijos, amigas o padres dispersados, y que Etxerat establece en una media de 5.300 kilómetros mensuales por familia. Imágenes de los numerosos accidentes de coche que estas familias sufren cuando van a visitarlos y que se han cobrado ya más de 15 muertos. Imágenes invisibles de los momentos de impotencia y frustración de los familiares, cuando, tras muchas horas de viaje, no pueden entrar a los encuentros vis a vis porque se niegan a aceptar humillantes cacheos. Imágenes...

Imágenes de una medida que provoca un amplio rechazo y contestación en la sociedad vasca por parte, no sólo de los familiares y amigos de las presas o asociaciones de derechos humanos, sino incluso de partidos como Euskal Alkartasuna o Alternativa, la última escisión de Ezker Batua que, junto a la izquierda abertzale, Aralar y Abertzaleen Batasuna respaldaron una de las posibles ventanas que se abren en los últimos tiempos, el “Acuerdo para un escenario de paz y soluciones democráticas” firmado en Gernika el pasado mes de septiembre. Este acuerdo, junto a puntos como la demanda a ETA de un “alto el fuego permanente, unilateral y verificable” aborda, una vez más, y firmemente, la necesidad del “traslado de los presos y presas a Euskal Herria finalizando la práctica de la dispersión”.

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