Populismo estructural

El autor relaciona el aumento de las desigualdades con el aumento del discurso populista, especialmente entre trabajadores por cuenta propia.

, Es profesor y director de investigación socio-económica en la Scuola Universitaria della Svizzera Italiana.
18/05/13 · 8:00
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Recientemente la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) ha hecho saltar la alarma sobre los riesgos del aumento de las desigualdades sociales y políticas, es decir, la brecha entre ricos y pobres, como consecuencia de la crisis financiera mundial y las medidas de austeridad aplicadas por los gobiernos para reducir el déficit.

En los tres primeros años de la crisis, de 2008 a 2010, la desigualdad de hecho aumentó más que en los 12 años anteriores a la crisis. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, también habló en este sentido hace un mes, dijo que las políticas de austeridad han llegado a su límite de resistencia, y que por lo tanto es necesario hacer todo lo posible para promover la creación puestos de trabajo y reducir la desigualdad. Sin duda, algo está cambiando en la percepción política de la ineficacia de las políticas neoliberales, si hasta los economistas del propio FMI están cuestionando la estrategia de contención del gasto público para reactivar la economía de los países desarrollados. Es un punto de inflexión de no poca importancia, si bien es cierto que durante cuarenta años el FMI ha impuesto esta estrategia a todos los países en vías de desarrollo endeudados.

Por el momento, el camino elegido por los países desarrollados a la crisis es imprimir dinero como locos, pero todavía no vemos los resultados de esta estrategia monetaria. La liquidez inyectada en la circulación no se filtra la economía real, es decir, no llega a las empresas ni las familias, y permanece en cambio en los circuitos financieros, alimentando así el riesgo de una nueva burbuja. Algunos analistas dicen que ésta podría estallar dentro de poco.

Las consecuencias de este estado de crisis permanente son muchos: no sólo lo sufren los obreros que luchan contra el desempleo y la precariedad laboral, sino también pequeños y medianos empresarios ahogados por el coste del dinero y la falta de canales de comercialización. La desesperación es tal que el número de suicidios en los países más afectados por la crisis ha aumentado asombrosamente. También existe otra categoría de trabajadores que se encuentra en la dificultad cada vez mayor. Se trata de trabajadores independientes o trabajadores autónomos, que en los últimos 30 años han incrementado en manera sensible en todas partes a causa de los nuevos modelos de organización empresarial, es decir, la externalización u outsourcing.

En Suiza, los trabajadores por cuenta propia representan ahora el 14% de la población activa; en Alemania, el 11, 2%, en Italia el 24% y en Grecia el 31% [en España es el 17%]. Para agravar la situación de los trabajadores por cuenta propia, más allá de crisis económica y la competencia "entre pobres", se añade la falta de protección laboral y la acumulación de "agujeros" en la seguridad social. De los trabajadores autónomos no se habla nunca, se consideran superficialmente los "profesionales", mientras que son trabajadores subordinados a todos los efectos, es decir, trabajadores dependientes de las grandes y medianas empresas que primero sufren los efectos de la crisis, sin tener sindicatos y sin representación política. Nadie se sorprende, por lo tanto, si el resentimiento, la ira y la desesperación van a alimentar el llamado "populismo". Las razones están ahí, y son definitivamente estructurales.

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