NEGOCIOS: ¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE ESTE ICONO?
Pocoyó, un juguete roto en manos del PP

Entre los regalos más vendidos de estas navidades
estará el simpático Pocoyó. Pero, ¿quién está detrás
del blanco fondo en el que transcurren sus peripecias?
La respuesta, neoconservadores ligados al PP.

02/12/10 · 9:00
Edición impresa

Si no se emancipa pronto, Pocoyó
podría seguir los pasos de otros niños
prodigio y convertirse algún
día en un juguete roto. Joselito,
Marisol, Michael Jackson, Gary
Coleman, la niña de Rajoy… Todos
sufrieron los rigores de una fama
precoz y los abusos de unos administradores
sin escrúpulos. El pequeño
Pocoyó genera unos beneficios
incalculables. Es el mayor éxito
de la animación española desde
la época dorada de David el
Gnomo, Dartacán o Willy Fog. Sin
embargo, Zinkia, la empresa que
cotiza en bolsa con el sudor de este
niño de cuatro años, perdió un
millón en 2009 tras cosechar unos
beneficios de 1,6 millones en 2008.
¿Quién expolia el bolsillo de
Pocoyó? ¿Quién se lucra con las
desgracias de Pato, el ánade secundario?
¿Quién vacía la mochila
de la elefanta rosa Elly?

El consejo de administración de
Zinkia parece una caricatura sombría
del Tea Party. Allí se dan la
mano neocones y ex altos cargos
del PP. Viejos directivos de Procter
& Gamble –empresa entusiasta de
la vivisección de animales para crear
productos de tocador– y asesores
de la CEOE. Todos esos currículos
repiten como un mantra las
siglas MBA.

Las afinidades electivas

En esta reunión de halcones destacan
algunos nombres. El de más relumbrón
es el guapísimo Juan José
Güemes
, yerno de Carlos Fabra, ex
consejero de Empleo y Sanidad con
Esperanza Aguirre y ahora presidente
del Comité de Auditoría de los
cuartos de Pocoyó.

Otro paracaidista llegado del PP
es Alejandro Ballestero, secretario
técnico del Partido Popular en las
Cortes de Castilla-La Mancha y diputado
en dos legislaturas. No es
tan guapo como Güemes, pero tras
romper sus relaciones con una
Miss Venezuela y el ex rollo cañí
de Bruce Willis, María Bravo, ahora
rehace su vida junto a la modelo
Carla Pereira, ex novia de
Joaquín Cortés.

Junto a ellos se sienta el consejero
Mariano Martín Mampaso,
que ha dedicado 33 años de su vida
a vender productos de Proctle
& Gamble
(Ariel, Fairy, Gillete,
Pringles, Tampax…), pero no en
una tienda de barrio, no, sino como
presidente mundial de ventas.

Codo a codo con Güemes trabaja
Alberto Delgado que, por supuesto,
tiene su MBA de la Universitas
Nebrissenssis de Madrid. ¿Qué universidad
es esa? La ‘Nebrija’ de toda
la vida, pero citada por su denominación
empresarial. Delgado se
ha dedicado a asesorar en comunicación
a propios y extraños. Lo
mismo asesora a una constructora
como Metrovacesa que a la Asociación
Nacional de Control de Plagas
pasando por la CEOE de Madrid.
Otro con MBA y, además, piloto es
Íñigo Mencos. Del colegio
Retamar a Oxford. ¿Dónde mete el
dinero que le saca a Pocoyó? Su
lista de dedicaciones es interminable,
pero empieza por su papel de
administrador de una SIMCAV. Sí,
sí, con eme. ¿Que qué es una SIMCAV?
Pues es como una SICAV,
de bienes mobiliarios. El capital
mínimo inicial es de 2,4 millones
de euros y tributan a un feliz 1%.
También saca partido de otras sociedades
de capital riesgo; un [campo
de golf-Zhttp://www.diagonalperiodico.net/Campos-de-golf-un-negocio.html]; promociones inmobiliarias
de mal recuerdo para
Esperanza Aguirre (Ciudad Valdeluz);
empresas de seguridad privada;
de distribución de productos
de Telepizza; de comercialización
de derivados del petróleo y hasta
fue consejero en Svenson, la cadena
de clínicas capilares.

Eres niño ‘pocoyó’

¿Y quién dirige todo este cotarro?
Un licenciado en Humanidades por
Salamanca y licenciado en
Filosofía por la Pontificia Gregoriana
de Roma. Se llama José
María Castillejo Oriol. Este humanista
y filósofo luce una desenfadada
barba con su bohemia proporción
de canas. Quizá su formación
no hacía presagiar nada bueno
a su familia, pero por suerte estudió
un MBA y hoy preside el
Consejo de Administración de
Zinkia.

Pocoyó casi no sabe hablar.
Apenas emite un incomprensible
galimatías de monosílabos guturales.
Está claro que por eso, y solo
por eso, no se queja. Cuando su
creador artístico decidió competir
contra los Teletubbies y bosquejó
al pequeño Pocoyó, no sabía qué
nombre ponerle. Alguna vez ha
contado la etimología del término:
su hija rezaba cada noche antes
de irse a la cama y repetía una breve
oración conocida por todos los
españolitos que no han estudiado
Educación para la Ciudadanía.
“Jesusito de mi vida. Eres niño…
pocoyó”. Aquel lapsus metafísico
se convirtió en revelación. Aquel
hombre, que vivía en Argentina,
vino a España, no fue repatriado
en Barajas ni linchado por el PP
catalán. Bautizó a su criatura como
Pocoyó. Este nombre no está
en el santoral, pero pronto podría
convertirse en el de un mártir.

¿Alguien quiere acciones de Pocoyó?

Hace poco más de un
mes, el 13 de octubre, Zinkia
lanzaba una emisión de
obligaciones con la que
pretendía captar 11 millones
de euros
entre accionistas
particulares. La
madre empresarial del niño
mimado de la animación
española (¿Animación
española? los guiones llegan
de EEUU, la financiación
inicial salió de la productora
británica Granada
International y TVE solo
compró los derechos después
de que ya lo hubieran
hecho 79 cadenas extranjeras)
buscaba ampliar su
capital y para ello ofrecía
un cebo más que suculento:
por una participación
mínima de mil euros, apta
para pequeños especuladores.
Zinkia garantizaba
un espectacular 9,75% de
rentabilidad anual
por tres
años, casi lo que ofreció
Nueva Rumasa (10%). La
empresa preveía que se
agotasen las acciones
antes del plazo previsto, un
mes. Pasó el mes y sólo se
han colocado 2.238 obligaciones,
el 20% de la
oferta. La empresa se da
ahora un plazo de un año
para captar esos 11 millones
tan deseados. ¿Para
qué necesita tanto dinero?
La prensa económica lo
llama «desapalancar la
deuda». El 'apalancamiento'
de Zinkia es uno de los
más altos del parqué: tardaría
15 años en amortizarse
a sí misma. Solo
once compañías las pasarían
más canutas por
culpa de su deuda y de
estas once, cinco son
inmobiliarias.

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comentarios

6

  • |
    Targetraiser.
    |
    01/11/2013 - 3:58pm
    José María Castillejo no creó a Pocoyó. El nombre fue ideado por David Cantoya, que quería hacer una serie preschool y ése era el único punto de partida: aún no había bosquejo alguno, ni lo hubo hasta que entró Guillermo García. Suyo es el diseño, la personalidad y el movimiento de Pocoyó y sus personajes.
  • |
    anónima
    |
    31/10/2011 - 12:11am
    Lo del "guapísimo" me parece que sobra. No se si es ironia
  • |
    anónima
    |
    17/10/2011 - 5:38pm
    Lo explicas como un cuento de hadas... pues resulta que donde va el dinero sí importa. Para mí "Pocoyó" se acabó.
  • |
    anónima
    |
    04/12/2010 - 12:56am
    Este artículo podría estar bien, pero le sobran algunas cosas en su redacción. Lo digo desde el punto de vista de la crítica constructiva.
  • |
    anónima
    |
    03/12/2010 - 4:01pm
    Sin entrar en detalles de fondo, el artículo está magníficamente escrito.
  • |
    anónima
    |
    03/12/2010 - 1:31pm
    <p class="spip">La composición del consejo de administración de la empresa no tiene nada que ver con quién está detrás de la empresa. Casi siempre es al reves, y en este caso se confirma:</p> <p class="spip">Una pequeña empresa española desarrolla un producto y resulta que funciona de maravilla. La empresa se plantea crecer, y para ello piensa en salir a bolsa. Para ello necesita crear un consejo de administración fuerte. Para que las cosas les vayan bien, invitan al consejo, aparte de a los accionistas mayoritarios, a gente bien colocada, con dinero y con amigos con dinero. Así consiguen salir a bolsa con éxito.</p> <p class="spip">Coña, lo único raro que veo aquí es que los que tienen mucho dinero resulta que son unos pijos de derechas. Lo siguiente será descubrir que los reyes son los padres.</p> <p class="spip">Comparto el ideario de Diagonal, pero me temo que este artículo es un bluf de los más gordos que he visto. Si se quieren sacar los trapos sucios del las empresas, miremos más sus actuaciones, como se comportan y sus operaciones, no quien está o no detrás de una empresa que, dentro del panorama actual, es casi modélica.</p>
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