Presidenciales en Paraguay el 21 de abril
Un panorama de derechas en las elecciones paraguayas

Este domingo se celebran elecciones presidenciales en Paraguay. Los comicios se llevan a cabo casi un año después del golpe de Estado que derrocó al presidente Fernando Lugo. Las encuestas dan como favorito al candidato conservador Horacio Cartes, del Partido Colorado.

, Socióloga, autora de 'La larga invención del golpe. El stronismo y el orden político paraguayo' / Buenos Aires
16/04/13 · 7:40

El próximo domingo 21 de abril se celebran en Paraguay elecciones generales, casi un año después del golpe de Estado que destituyó al presidente Fernando Lugo. Y la 'normalización institucional',  que le valdrá su vuelta al MERCOSUR, tiene a varios candidatos en carrera.

El acceso de Fernando Lugo al Gobierno del Paraguay en 2008, abrió un paréntesis en la larga hegemonía del Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana). Su acceso al poder se realizó a través de una alianza de partidos y movimientos sociales, Alianza Patriótica para el Cambio, en la cual uno de los socios institucionales más importantes fue el Partido Liberal (Partido Liberal Radical Auténtico) quien habilitó una estructura partidaria nacional. Dicha presencia tuvo como contraparte el acompañamiento del liberal Federico Franco en la fórmula presidencial, hoy el presidente golpista que gobierna el Paraguay desde junio de 2012.Como suele suceder después la recomposición de las fuerzas reaccionarias en el poder (en este caso vía golpe de Estado de formato 'parlamentario') la mejor representada en las próximas elecciones son las derechas.

Un empresario a presidente

Por un lado, el Partido Colorado lleva de candidato a un empresario que, encuestas en mano, borró a todas las figuras de carrera en el partido. Así, Horacio Cartes instrumentaliza al partido para acceder a la presidencia y se convierte en el outsider de un partido centenario. Posee además un poder económico que le brinda muchísima autonomía a la hora de financiar una palestra de asesores internacionales. El principal (otrora comercial y ahora aggiornado a la política) Francisco Cuadra, fue hombre de confianza de Pinochet y su secretario de gobierno entre 1984 y 1987.

 Sin embargo, los millones que ha gastado en su campaña no le han provenido un programa de gobierno comunicable ni un léxico claro para los tiempos de la televisión. Un personaje que se siente más a gusto en reuniones privadas, por la incomodidad de dar la cara frente a la lluvia de acusaciones sobre las vinculaciones al comercio ilegal.

Su principal contrincante, el liberal Efraín Alegre, por entonces ministro de Obras Públicas y Comunicaciones de Fernando Lugo, es hoy el candidato de un partido que no ha pagado aún el costo de ser el responsable directo del golpe de Estado. Su asesor, Antonio Solá, lo provee la derecha española de Aznar y el Partido Popular. El candidato liberal, se presenta como un hombre del interior del país y su fuerza radica en el control político de una parte de ese territorio, sabiendo en la campaña despegarse de lo más retrogrado de su partido. El mismo al cual por ahora los cálculos electorales no le dan lo esperado: la estrategia de hacerse del control del Estado mediante un golpe para luego mantenerlo vía mecanismo democrático no funcionó. Todo indica que de haberse continuado la Alianza con luguismo, el resultado electoral los colocaría victoriosos.

Una izquierda fragmentada

En el segundo pelotón se encuentra el amplio campo de la izquierda, que duró unida lo que Fernando Lugo en el poder. Hoy se encuentran desperdigadas y la fragmentación le ganó al pedido “ciudadano” por la unificación. Por un lado, encontramos a Mario Ferreiro –quien será la sorpresa en estas elecciones–, un conductor televisivo que supo mostrar su adhesión y militanciay como le gusta decir, puso el oído a la 'gente' por 30 años. Elegido por Lugo a sucederlo antes del golpe de Estado, su enfrentamiento final con el ahora ex presidente le valió la ruptura y parte de la merma de los movimientos que conformaban el Frente Guasu.

De ahí, su nueva formación partidaria, Avanza País, que cuenta con la mayor fuerza de jóvenes congregados en el Partido del Movimiento al Socialismo. Con soltura y habilidad, y una vestimenta moderna, muestra aireoso una facilidad discursiva, sabiendo disimular su malísimo guaraní. El único de los presidenciables que no exhibe simbología religiosas en su bunker de campaña. Ante un sistema político en crisis, su continuo slogan de no pertenecer a “la clase política tradicional y caduca” le brinda un plus de legitimidad. Su candidatura, se ha logrado posicionar en una socialdemocracia que le permite captar votos de diversas extracciones políticas y sociales.

En segundo lugar el médico Aníbal Carrillo por el Frente Guasú, un respetado cuadro político de izquierda con un amplísima y solvente carrera en el campo político y popular. Sin embargo, es una figura casi desconocida para amplios sectores de la sociedad paraguaya al cual Fernando Lugo –el primer senador de su lista– no pudo transferirle el prestigio internacional que le vale todavía como expresidente.Preocupado por aparecer como el “verdadero candidato de izquierda”, su discurso no despierta grandes expectativas ni ilusiones colectivas, como supo hacerlo su jefe directo.

Por último, Lilian Soto por Kuña Pyrenda, la organización política más interesante que ha cosechado la larga transición a la democracia. Su experiencia con las organizaciones sociales y un verdadero trabajo horizontal, le valen la mayor legitimidad y compromiso social. Fue la primera de las agrupaciones que lideró la denuncia y resistencia al golpe de Estado. Sin embargo, el eslogan “cambia de posición” aludiendo al 69 resuena demasiado transgresor para una estructura conservadora y machista. Los conclaves masculinos, que la izquierda también conoce bien, las excluyen hasta de los debates televisivos.

Así las cosas, la lucha por acceder a la presidencia deja muchos interrogantes abiertos. Si el partido Colorado regresa al poder, habrá que ponerse a salvo de los “castigos morales” sobre el electorado. Y la clase política progresista debe volver a realizar una fuerte autocrítica que le permita poner en disponibilidad nuevos discursos que conmuevan voluntades mayoritarias.

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