DENUNCIAN VIOLACIÓN DE LA SOBERANÍA
Pakistán, entre los talibán y el Ejército de EE UU

Los ataques norteamericanos en territorio paquistaní han
levantado la indignación de la población. El nuevo
presidente, Asif Alí Zardari, ha dicho que “no se tolerará
ninguna violación de la soberanía territorial”.

02/10/08 · 0:00

En el programa Fox News Sunday
del 6 de julio, se reseñaba una entrevista
informal del presidente de Estados
Unidos con un grupo de periodistas,
en la que Bush señalaba que
“el mayor desafío del próximo presidente
no sería Iraq, ni Afganistán…
sino que será Pakistán”.

El 20 de septiembre, un camión
con explosivos se estrellaba contra
las puertas del hotel de lujo Marriott,
en la zona de alta seguridad de Islamabad,
la capital paquistaní, provocando
unos 60 muertos. En una rueda
de prensa, Rehman Malik, el consejero
del primer ministro de Asuntos
Internos apuntaba que “todos los
indicios llevan a Waziristan del Sur”.

Pocos en el país contradirían las
palabras de Rehman, pero del mismo
modo, pocos asignarían la culpa
exclusivamente a los talibán. En Pakistán
es comúnmente aceptado que
los ataques suicidas son consecuencia
de la ocupación estadounidense
en Afganistán, una ocupación que se
ha extendido a las zonas tribales de
Pakistán, que se está convirtiendo de
forma creciente en objeto de los ataques
estadounidenses.

Las noticias sobre las incursiones
de EE UU en las zonas tribales de
Pakistán son diarias. El 17 de septiembre
murieron cinco presuntos
talibán en un ataque estadounidense.
Una semana antes otra agresión
de EE UU mataba a 20 personas, incluidos
mujeres y niños, lo que generó
un gran escándalo en el país.
Entre el 13 de agosto y el 12 de septiembre
han muerto al menos 79 personas
en ataques estadounidenses
en Pakistán. Desde el primer ataque
del año, el 29 de enero, han muerto
más de 150 personas.

Aparte del creciente número de
muertes, también están teniendo lugar
desplazamientos a gran escala
en todas las zonas tribales. Sólo en el
distrito de Bajour, más de 30.000 personas
se han refugiado en la relativa
seguridad de los distritos vecinos de
la Provincia Fronteriza del Noroeste.
Es cierto que el desplazamiento a
gran escala también se debe al conflicto
entre chiítas y sunitas que ha
emergido en las zonas tribales y que
se ha cobrado más de 1.500 vidas
solamente en la zona de Kurrum
durante el último año. A eso se suma
la gran campaña contra los talibán
del Ejército pakistaní bajo presión de
EE UU, iniciada en 2003, que ha creado
un gran número de desplazados.

El control talibán de las zonas tribales
de la frontera ha contribuido a
los desplazamientos forzados de los
residentes: la imposición de vestimenta
o costumbres se complementa
con la aplicación de la ley islámica,
que llega en ocasiones a los
castigos físicos extremos como decapitaciones
o amputaciones. Sin embargo,
fue la invasión estadounidense
de Afganistán la que ha convertido
a las zonas tribales en el campo
de batalla para una guerra con muchos
frentes en la que los chiítas luchan
contra los sunitas y los talibán
contra el Ejército pakistaní mientras
los misiles estadounidenses continúan
cayendo sobre Pakistán.

Chiíes y sunitas

El conflicto entre chiíes y sunitas comenzó
a azotar Pakistán en los años
‘80. Los recientes choques entre ambos
grupos en las zonas tribales reflejan
en parte un problema más
amplio que afecta a Pakistán. Sin
embargo, la causa más directa es la
talibanización a punta de pistola de
las zonas tribales. Los talibán, notorios
por su anti chiísmo, ya llevaron
a Afganistán al borde de la guerra
con Irán a finales de los ‘90 por su
cruzada contra los chiítas. Los talibán
fueron los responsables de la
masacre de 5.000 chiítas cuando gobernaban
en Afganistán. Pero atribuir
las campañas de los talibán
contra los chiítas de Kurrum a un
mero fanatismo confesional es una
media verdad. Esta campaña ha sido
planificada cuidadosamente y
forma parte de una estrategia más
amplia por parte de los talibán de
aplicar la ley islámica, sustituyendo
a la ley y al Estado paquistaní. La
excusa perfecta para los neocon
estadounidenses y sus primos liberales
en Pakistán para justificar los
ataques y una futura invasión de las
zonas tribales.

Las tribus chiítas se alarmaron al
presentir la ocupación talibán de
las zonas tribales ya que no habían
olvidado las masacres chiítas en
Afganistán. Decidieron defenderse
con uñas y dientes. El apoyo iraní
ha sido decisivo y ha contribuido a
que la resistencia chiíta perdure.

Sin embargo, la resistencia chiíta
no fue el único obstáculo que encontraron
los talibán ya que ha habido
actos de resistencia sin cesar,
como el caso de una mujer que se
negó a quedarse en casa y permaneció
en su puesto como profesora.
O el de ciudadanos que organizaron
milicias, pero fueron derrotadas,
al encontrarse en inferioridad
de condiciones frente a las tropas
talibán. Pero la resistencia chiíta se
ha convertido en un símbolo y ha
servido de inspiración para otros
grupos que han formado nuevas
milicias y han comenzado a liberar
sus pueblos de los talibán.

“Asaltos terrestes limitados”

El 11 de septiembre, el New York Times
recogía las declaraciones de un
alto dignatario estadounidense, según
el cual el Gobierno paquistaní
“ha aceptado en privado la idea de
asaltos terrestres limitados contra
objetivos militantes por parte de
fuerzas especiales”. En los días de
Musharraf, cada vez que EE UU atacaba,
el régimen asumía la autoría.
Ahora sin embargo, el Gobierno protesta
después de cada ataque.

Islamabad ha empleado hasta
ahora 90.000 soldados en las zonas
tribales y ha perdido hasta 1.000 de
ellos luchando contra los talibán
desde 2003. Mientras, la administración
Bush no hace más que criticar
al Gobierno del PPP, el partido
en el poder, por no hacer lo suficiente
para echar a los talibán de
las zonas tribales.

Sin embargo, el papel de Islamabad
es complicado. El cinturón tribal
tiene un área de 27.200 km2, se conoce
oficialmente como Zona Tribal
Federal y Autónoma (FATA, por sus
siglas en inglés) y es el hogar de 3,3
millones de tribus pashtunes. Los
pashtunes constituyen el grupo tribal
más grande del mundo y fueron
divididos por el imperio británico por
una frontera conocida como la Línea
Durand y que actualmente es la frontera
entre Afganistán y Pakistán.

Poco después de la Revolución
Saur (1978) en Afganistán, EE UU
decidió dar a la URSS su propio
Vietnam. La CIA convirtió las zonas
tribales y parte de la Provincia de
Frontera del Noroeste en un refugio
para los mujahidin, precursores de
los talibán. Como consecuencia, la
sociedad en las zonas tribales sufrió
enormemente. Se militarizó, criminalizó,
brutalizó y hoy en día el tráfico
de armas y droga sigue siendo
una gran fuente de financiación para
la jihad. Cuando se retiraron las tropas
soviéticas, el presidente Najuibullah
resistió tres años más contra
los mujahidin. Finalmente los mujahidin
redujeron Afganistán a escombros
en su intento por conquistar
Kabul. El caos finalmente llegó a su
fin gracias a la ayuda imperial. Según
Benazir Bhutto, “EEUU y el Reino
Unido proporcionaron armas a
los talibán con fondos de Arabia Saudita…
el territorio paquistaní se utilizó
para entrenar a refugiados afganos
pashtunes que pasaron a formar
la columna vertebral del movimiento
talibán”. El control talibán sobre
Kabul representó el primer éxito paquistaní
en un frente internacional.
Los servicios secretos paquistaníes
(ISI), orquestaron esta victoria.

El dúo talibán-ISI representaba un
vínculo meramente táctico. Había
también una afinidad ideológica.
Durante la jihad contra los soviéticos,
el ejército paquistaní también se
radicalizó. Cuando después del 11-S,
Washington le dijo al Cuartel General
Militar paquistaní que entregara
a los talibán, se obedeció con reticencia.
Sin embargo, una porción del
ejército se negó a colaborar. El director
de ISI en aquel momento instó a
los talibán a resistir la ofensiva estadounidense,
y fue debidamente relegado
de su cargo por el general
Musharraf. Pero el apoyo a los talibán
no se limitaba al director de ISI,
sino que estaba generalizado a todos
los niveles del Ejército. De hecho, los
dos atentados producidos contra
Musharraf tuvieron la complicidad
de personal del Ejército, algunos de
los cuales fueron ejecutados en cortes
marciales.

Los talibán no podían durar al
mando ya que habían perdido su
apoyo social. Los elementos protalibán
en el ejército paquistaní sin
embargo, pudieron movilizar y despachar
miles de lashkaris (mercenarios)
paquistaníes para la defensa
de Kabul. Es irónico que mientras
los talibán acabaron huyendo a las
zonas tribales, los lashkaris fueron
enviados a Guantánamo. Es en las
zonas fronterizas donde los talibán
se reagruparon. El plan era iniciar
una guerra simbólica como en los
años ‘80 solo que en este caso EEUU
estaría en el otro bando. Después de
un cierto tiempo, la región se talibanizó
con éxito. El Ejército paquistaní,
bajo el mando del general Musharraf,
se mostró indeciso al respecto
y es probable que en un
comienzo consintiera esta guerra.
Sin embargo, después de que Washington
ejerciera presión, comenzó
el sitio de las zonas tribales. De
este modo, la guerra ha enfrentado
a secciones del Ejército paquistaní,
los que obedecen los dictámenes estadounidenses
contra los que simpatizan
con los talibán. Esta división
del Ejército la ejemplificó la operación
Mezquita Roja en junio de 2007
cuando una serie de atentados suicidas
contra objetivos militares hizo
que Pakistán se tambaleara.


El atentado del hotel Marriott bajo sospecha

El 20 de septiembre, un camión
con explosivos se
estrellaba contra el hotel
Mariott, en la zona de alta
seguridad de Islamabad, y
provocó unos 60 muertos.
Algo no reconocido por la
prensa occidental hasta la
fecha es que el objetivo del
ataque fueron los EE UU.
Una parte de la prensa paquistaní,
sin embargo, rápidamente
indicó que el objetivo
del ataque era “una
operación secreta llevada a
cabo por los marines estadounidenses
en el interior
del Mariott”. Según el diario
Daily Dawn, “se vieron a oficiales
armados de la embajada
estadounidense en el
lugar de los hechos tras las
explosiones. Sin embargo,
dejaron la escena poco después”.
Según una exclusiva
del The News International,
del 21 de septiembre,
numerosas personas vieron
cómo se descargaba en el
interior del Marriott un
camión lleno de cajas de
acero procedentes de la
embajada estadounidense.
Se bloquearon las dos
entradas principales al hotel
y salvo a los marines estadounidenses,
no se le permitió
a nadie ni mover las
cajas dentro del hotel ni
acercarse al camión. Estas
cajas de acero pasaron por
los escáneres situados a la
entrada del hotel y fueron
supuestamente llevados al
4º y 5º piso del mismo.
Doce marines uniformados
llevaron a cabo la operación
a solas ya que no se permitió
si quiera a los servicios
de seguridad del hotel acercarse
al camión o manejar
las cajas. Entre los testigos
estaba el diputado Mumtaz
Alam. Quiso abandonar el
hotel pero debido al cierre
de las puertas se encontró
encerrado. El retraso y la
negligencia en materia de
seguridad hizo que el diputado
se enfureciera con el
hotel y los marines. Amenazó
con sacar el tema en el
Parlamento. La proximidad
del Marriott con los centros
de poder de la capital hizo
que las cadenas privadas
de TV, en su afán por
superarse en sensacionalismo,
llegaran a declarar
que se trataba del 11-S
paquistaní o del peor ataque
terrorista desde el primer
atentado suicida en
1995 contra la embajada
egipcia. Sin embargo, tan
solo en octubre del año
pasado el atentado sobre
el rally de bienvenida a
Benazir Bhutto dejó más
de 150 muertos.

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