Oportunidad (de negocio)

La declaración de la Sierra de Guadarrama como Parque Nacional
reconoce la vieja reclamación proteccionista a la vez que abre una
nueva oportunidad de negocio a las inmobiliarias.

04/04/06 · 0:38
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Hace más de un siglo
apareció en la Sierra
de Guadarrama una
modalidad de montañismo
que cruzaba pedagogía, naturismo
y la aventura de pisar el
suelo salvaje de una sierra. Ésta
fue una tarea iniciada por la
Institución Libre de Enseñanza y
los exploradores de la sierra, que
protagonizaron el primer alpinismo
del centro peninsular y que,
de forma paralela, era también
privilegio de los grupos libertarios
y naturistas que visitaban la sierra
desde principios del siglo XX.
Todas estas actividades montañeras
facilitaron que a principios
de siglo, en torno al año
1923, se pusiera en marcha un
movimiento que exigía la creación
del Parque Nacional de
Guadarrama. Conviene recordar
la enorme actividad a la que esta
propuesta dio lugar en la década
de 1920, con marchas a la sierra,
la publicación de numerosos artículos
(principalmente en el diario
El Sol) y una multitud de conferencias,
actos públicos... Sin
embargo, la discusión terminó
de forma abrupta, el 30 de septiembre
de 1930, con la aprobación
de una Real Orden del
Ministerio de Fomento por la que
se declaraban varias zonas de
Guadarrama como Sitios Naturales
de Interés Nacional (sin
que se aplicase una figura general
y amplia de protección).
Conviene no ser ingenuos, el
redescubrimiento de esta sierra
nunca fue sólo el proyecto de
apasionados de la montaña y reformadores
sociales. Mucho antes,
fue retiro de reyes y jefes de
Estado, como evidencian El Escorial,
la Granja y, ya en época
mucho más reciente, el tétrico
mausoleo de Franco, la Cruz de
los Caídos. En las últimas tres
décadas, a reyes y caudillos les
ha seguido una legión de constructores,
y una infinidad de familias
de rentas medias y altas
que han hecho de los pueblos serranos
su residencia definitiva o
de fin de semana.

Así y todo, la situación no puede
ser más paradójica. Ambas
vertientes acumulan en los pies
del monte más de 100.000 viviendas,
y los encinares y campiñas
de transición (salvo El Pardo y el
Parque Natural de la Cuenca Alta
de Manzanares), más allá de la
sierra, se han convertido ya en
un continuum urbano como denotan
los casos de Villalba, Torrelodones,
Guadalix, Colmenar
Viejo... Ecologistas en Acción,
haciendo una simple suma de los
terrenos urbanos, urbanizables y
rural común (praderas y huertas
susceptibles de urbanización),
calcula la posible construcción de
otras 120.000 viviendas. Y especulando
menos, los Planes Generales
de Ordenación Urbana de
los municipios serranos en trámites
de aprobación prevén la construcción
de 60.000.

Y, sin embargo, la sierra sigue
siendo un espacio natural prioritario,
refugio de especies en peligro
de extinción (águila imperial,
buitre negro, tritón jaspeado e,
incluso, algunos de los últimos
linces ibéricos), ubicación también
de grandes masas arbóreas
bien conservadas. Espacio de
gran diversidad ecológica y geológica
que comprende desde los
paisajes glaciares de Peñalara y
Nevero hasta los bolos y torres
graníticas de La Pedriza. Es también
la gran reserva de agua de
la ciudad, con el 80% de sus reservas
hídricas.

¿Cómo entonces el Parque
Nacional? Respuesta indudable
a la vieja reclamación proteccionista
a la que se suman ecologistas,
montañeros, vecinos, domingueros...
Pero también nueva
oportunidad de negocio para
promotores inmobiliarios y propietarios
de suelo urbanizable,
que harían otro agosto inmobiliario
revalorizando con marchamo
verde de calidad las futuras
urbanizaciones de Guadarrama.
De hecho, todo se juega en la
propuesta de ordenacion de recursos
naturales del parque y en
la velocidad de su promulgación
y ejecución. Y aquí todo parece
en contra: ausencia todavía de
borrador del PORN en la vertiente
de Castilla y León, ralentización
de la tramitación por
parte de la Comunidad de Madrid,
nuevas polémicas sobre
financiación animadas por la
ministra de Medio Ambiente, y
sobre todo unos municipios
dispuestos a urbanizar lo que
sea necesario antes de la declaración
del parque. Por lo tanto,
que Guadarrama sea jardín de
aburridas parejas que compraron
verde como quien compra
un artículo de moda, o patrimonio
común de una metrópolis
sobresaturada, es sólo cuestión
de tiempo y de velocidad.

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