Más de cien activistas resisten en 30 terrenos y casas ocupadas
Ocupaciones y acción directa contra el aeropuerto de Nantes

Un colectivo de campesinos y activistas internacionales frenan desde hace 40 años la construcción de un aeropuerto internacional en la ciudad francesa

21/08/12 · 0:00

“¿Yo irme? ¡No! Van a tener que sacarme de aquí y ponerme en un hogar para jubilados. Mi familia ha vivido en esta finca desde el siglo XIX. Mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre y yo hemos pagado por esta tierra con nuestro sudor y trabajo. No me iré por mi propia voluntad”, dice el señor Fresneau, campesino y veterano de la resistencia en Notre Dame des Landes.

Decenas de activistas han acudido a esta región del norte de Francia, cerca de Nantes, para unirse en la lucha contra la construcción de un aeropuerto internacional que costará 580 millones de euros tras una revisión del presupuesto inicial de 480 millones. Está previsto que su construcción comience en 2015 y concluya en 2050.

Durante décadas, campesinos y activistas han logrado paralizar este proyecto que, de llevarse a cabo, afectará a 1.650 hectáreas de distintas aldeas y superficie agrícola. Ahora, cuatro años después de que se desempolvase el proyecto, están más que dispuestos a luchar y cultivar esta tierra olvidada hasta que llegue el día de su defensa. Los activistas denuncian que Nantes ya está conectada con París a través de una línea de tren de alta velocidad. Pero poco parece importar cuando se acerca el año 2013 y Nantes será la Capital Verde Europea.

Los partidarios del proyecto lo justifican diciendo que se trata de un “aeropuerto ecológico”. De hecho, Vinci, la multinacional encargada de la construcción, contemplaba la posibilidad de permitir a una asociación de agricultores vender sus productos en el duty-free. Este esfuerzo simbólico no compensa la usurpación de numerosas granjas y tierras de cultivo. Pero esta fachada será suficiente para que el turista de paso pueda comprar el mito del aeropuerto ecológicamente sostenible.

40 años de resistencia

Una de las tácticas utilizadas para frenar el proyecto es el bloqueo de las obras de análisis del territorio, aunque últimamente se ha hecho mucho más difícil. La intervención de la policía francesa en la protección de las obras hace pensar en una inminente militarización de la zona.

Otra de las estrategias es la ocupación de parcelas dentro del territorio afectado. Más de cien activistas resisten en 30 campos diferentes y casas ocupadas dentro de la zona. Algunas son masías, otras son casas autofabricadas, otras no son más que una colección de caravanas rodeadas por campos de cultivo, mientras que en el bosque hay cabañas en los árboles colgadas a 20 metros de altura. Desde el 15 de marzo, la amenaza de desalojo pende sobre todas las ocupaciones. Actualmente la resistencia está liderada sobre todo por activistas llegados desde muchas partes del mundo, en su mayoría jóvenes de entre 20 y 35 años.

Sin embargo, esta lucha se inició a mediados de los años ‘60. Pese a que Nantes ya tenía un aeropuerto, el Gobierno francés de Charles de Gaulle decidió que se necesitaba otro aeropuerto para la ciudad, a menos de 30 kilómetros de distancia, en Notre Dame des Landes. En poco tiempo los campesinos entendieron que el nuevo aeropuerto y las autopistas para conectarlo al resto de Francia destruirían todos sus cultivos y decidieron organizarse. Los miembros del sindicato local que representa a los agricultores encabezaron la resistencia durante los primeros me- ses de 1972, dando vida a la Asociación de Agricultores Afectados por el Aeropuerto (ADECA, en sus siglas en francés).

Las manifestaciones comenzaron a finales de ese año coincidiendo con la cosecha de maíz de 1973. Los campesinos denunciaban la falta de participación en la toma de decisiones que afectaban a sus tierras y la negación de su sustento por parte de las fuerzas políticas en beneficio del “progreso”. Sin embargo, la crisis del petróleo de 1979 convenció a políticos y a empresarios de que el proyecto era inviable. El plan permaneció aparcado hasta 1998, cuando algunos políticos de izquierda y derecha convencieron al Gobierno para que volviera a activarlo.

Al igual que el proyecto del aeropuerto, también la resistencia volvió a florecer con la ocupación de tierras abandonadas o expropiadas por parte de organizaciones ecologistas francesas e internacionales, que han dividido su estrategia de resistencia en dos prácticas: por un lado, la realización de acciones directas en contra de la construcción del aeropuerto; y por otro, el cultivo de tierras fértiles para la subsistencia autónoma del colectivo.

Un problema de deseos y generaciones

Muchos de estos terrenos ocupados son propiedad del gobierno local. Estos fueron comprados a los agricultores a un precio reducido con el fin de atraer turistas. Pero, ¿por qué estas familias de agricultores, muchos de ellos dueños de estas tierras desde hace generaciones, han dejado sus hogares y vendido sus propiedades por tan poco dinero? “La mayoría de las familias se han traslada- do a la ciudad”, comenta el campesino Fresneau.

“Muchas veces se trata de un problema generacional. Las generaciones más jóvenes quieren vender la tierra y seguir las brillantes luces de la ciudad. Creo que esta lucha familiar es una metáfora de una lucha más amplia de los que aún están conectados con la tierra y de los que quieren el progreso. ¿Pero para qué? ¿Dónde nos llevará este tipo de progreso?”, dice.

Tags relacionados: Francia Ecología
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comentarios

2

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    Seratwin
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    09/02/2013 - 9:30am
    !Gracias! Gracias por dar a conocer esta lucha a vuestros lectores. Me gustaría añadir que la ZAD (Zona A Defender) no solo es un movimiento en contra de la construcción de un aeropuerto completamente absurdo y bajo la dirección de una multinacional que actía en proyectos bárbaros como la destrucción del bosque de Khimki en Rusia, o la lóea ferroviaria de alta velocidad de Lyon-Turin, o este proyecto de aeropuerto de Notre Dame Des Landes... Sino que los ocupantes de los terrenos del posible futuro aeropuerto además de luchar por defender una tierra fértil y a unos campesinos que las trabajan, también luchan por acabar con un sistema capitalista que incluye el racismo, el sexismo, el autoritarismo, las fronteras artificiales que separan los pueblos, la explotación del ser humano, la educación competitiva... ¡No hay que olvidar la lucha por la tierra va unida a la lucha contra el capitalismo! Gracias
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    Thoreau
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    09/02/2013 - 9:16am
    ¡¡¡Arriba lxs que luchan!!!