BARCELONA // GENTRIFICACIÓN DEL DISTRITO CENTRO
El objetivo de devolver la vida a La Rambla

Vecinos, urbanistas y arquitectos proponen recuperar
La Rambla. Reivindican que los vecinos participen
en la definición de los usos del emblemático paseo.

10/02/12 · 8:00
Edición impresa

“Los barceloneses han renunciado
a la Rambla”, sentencia Josep Cots,
propietario de la librería Documenta,

en la zona. “Los vecinos se
han ido por motivos económicos y
las tiendas de proximidad han sido
sustituidas por otras destinadas a
turistas en una Rambla que no es
real”, añade.

La de Cots fue una más
de las intervenciones del itinerario
Tornem a la Rambla
organizada por
el Col·lectiu Accions Urbanes y la
Asociación de Vecinos del Barri
Gòtic el pasado noviembre.No todo
fueron lamentaciones, ya que también
se plantearon alternativas. “No
tenemos una imagen nostálgica de
La Rambla, no añoramos la del pasado,
queremos construir entre todos
una nueva”, decían las dos activistas
del Col·lectiu Punt Sis, que
trabaja el urbanismo desde la
perspectiva de género.

Actualmente,
“La Rambla para los vecinos
de Ciutat Vella es un lugar de paso
incómodo y saturado”, afirman desde
el colectivo. ¿Su propuesta? Que
se potencien los usos cotidianos y el
pequeño comercio local
para recuperarla
para los vecinos. ¿Su lema?
“¡Apropiémonos de La Rambla!”
Por su parte, Josep Montaner, arquitecto
y escritor, advierte contra
una visión nostálgica, aunque reivindica
que no se olvide la memoria
histórica de este boulevard.

Piden,
sin más, que los barceloneses puedan
ejercer un control democrático
y participar en el diseño de los usos
de este emblemático espacio.
“En 1992 nos robaron la identidad.
Se redujo la calidad del mercado
para atraer un turismo de bajo
coste que hace fotos y más fotos,nos
hacen sentir como Copito de Nieve”,
aseguró Montse Ramblis, trabajadora
en la Boquería –el mercado
municipal de La Rambla–.

El arquitecto
David Bravo,
por su parte, denunció
la reforma de los mercados
para acercarlos almodelo de centro
comercial “que desvirtúa totalmente
su sentido”.

Invisibilización de la miseria

Clarisa Velocci, activista de Genera,
entidad por los derechos de las trabajadoras
sexuales, se mostró crítica
con la ordenanza cívica aprobada
en 2006
por el Ayuntamiento de
Barcelona que penaliza la prostitución y
la “economía informal”de “lateros”
y “manteros”.

En su opinión,
con esta regulación “se incrementa
la vulnerabilidad de los excluidos”,
se les deja, según Velocci, sin opciones
para subsistir. En vez de apostar
por la convivencia, se acaba con
ella a “golpe de multa”.
“Se les excluye
del espacio público porque resultan
incómodos”, ya que son la
prueba evidente de las desigualdades
en una sociedad que no quiere
verlas. No molesta la miseria, sino
su visibilidad.

Velocci acabó por reivindicar
espacios de tolerancia que
permitan, en un contexto de crisis,
poder sobrevivir a estos colectivos.
En el final del trayecto, en La
Rambla de Mar, se explica que la recuperación
del puerto como espacio
ciudadano se consiguió con el Moll
de la Fusta en los ‘70
del siglo pasado.
Barcelona había vivido de espaldas
al mar.

De hecho, el puerto no
es parte de Barcelona sino que está
administrado por la Autoridad
Portuaria de Barcelona, que dispone
de policía propia. Con todo, se
han vivido diferentes actuaciones
para desposeer a los ciudadanos de
este espacio de cara al turismo y el
consumo,
como la construcción del
Maremàgnum, el World Trade
Center y el Hotel Vela.

Dos apuntes. La policía portuaria
estuvo a punto de poner el broche
final del itinerario al acercarse a los
organizadores pidiendo autorizaciones.
Sólo fue un susto, aunque
también un ejemplo espontáneo de
la –excesiva– regulación de los usos
de la Rambla,
que dificulta aquellos
que no sean estrictamente turísticos.

Un espacio de esperanza, o al
menos de crítica, lo ofreció un grupo
de personas que anunciaron la
creación de un grupo de reflexión
para que la ciudadanía se “reapropie”

del emblemático paseo barcelonés
y que se reúne en Rambla
Canaletes los domingos a las 20h.

Memoria de La Rambla

Durante siglos, La Rambla fue el alcantarillado
de la Barcelona medieval
hasta que en el siglo XVIII se
convierte en un espacio de paseo,
de relación social,
y la seña de identidad
que es en la actualidad. Los organizadores
del itinerario se muestran
muy críticos con “los efectos
perversos que puede tener la explotación
turística en una ciudad: expulsión
de habitantes, degradación
del espacio público, eliminación de
la memoria histórica”.

Los antropólogos
Andrés Antebi y Manuel
Delgado
destacaron que La Rambla
ha sido espacio que ha agrupado
usos festivos, sociales, lúdicos, religiosos,
políticos o reivindicativos.

Donde se han producido innumerables
tertulias “futboleras” y políticas,
y donde, desde los años ‘20 del
siglo pasado, se celebran los triunfos
deportivos del Barça que ahora,
también, se quieren desplazar.

La Rambla, según el periodista
Xavier Montanyà,
fue reflejo de los
conflictos sociales de la ciudad entre
1850 y 1940: desde la bomba del
Liceu, el pistolerismo de los años
‘20,
las batallas del 18 de julio de
1936 o las muertes en mayo de 1937.

También fue el espacio al que los
barceloneses acudieron de forma
espontánea a celebrar la proclamación
de la II República
en 1931.

Sólo
en la Transición se recuperó, temporalmente,
como espacio político,
pero también como “pasarela”,“la
gente venía a ver qué pasaba en los
‘70
y se arremolinaban a partir de
cosas que pasaban”, indica
Delgado. Durante el Franquismo,
La Rambla vivió, según Montanyà,
un proceso de maquillaje y folclorización
previo a su conversión en
producto turístico. Ahora “los únicos
que pueden “manifestarse” son
los turistas”
, afirma Delgado.

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